Reportaje:

Un blanco que parece africano

Sergio Sánchez, que atacará el récord de 3.000, posee valores asombrosos

Si el próximo sábado, en la pista cubierta de Valencia, Sergio Sánchez logra correr los 3.000 metros en menos de 7m 30s no sólo se convertirá en el europeo más rápido de la historia sino que, como quien no quiere la cosa, dará un guantazo tremendo a uno de los mitos con más pinta de solidez de los erigidos en el mundo del atletismo las últimas décadas, el de la superioridad innata, genética, de los africanos del este, los del valle del Rift, las altiplanicies kenianas y etíopes, en las carreras de resistencia. Una leyenda injusta, pues al mismo tiempo que devalúa los logros de los africanos, justifica las derrotas de los blancos.

Beng Saltin, uno de los fisiólogos más sabios, después de estudiar mil veces, y sobre el terreno, todos los aspectos del organismo de los africanos más rápidos -pruebas de esfuerzo, mediciones de todo tipo de variables, incluida la liberación de amoniaco en el esfuerzo, biopsias musculares, análisis biomecánicos...- llegó a pocas conclusiones nítidas, y a dar valor al escaso volumen y menor masa de los gemelos de los atletas africanos como clave de su rendimiento. Quizás si se acercara un día por León y desnudara con la misma exhaustividad y precisión el organismo de Sergio Sánchez el venerable Saltin concluiría que ni hablando de gemelos los africanos son diferentes.

Su consumo de oxígeno es de 86 ml/kg/seg; el de Indurain era de 88

"Su morfología no es tan diferente de la de los africanos", dice José Antonio de Paz, el fisiólogo de la Universidad de León en cuyo laboratorio el atleta de Ciñera de Gordón se somete a todo tipo de pruebas y análisis. "Sergio goza de unas extremidades largas y de gemelos muy alejados de los tobillos, igual que los africanos". Como los africanos, además, Sánchez, de 28 años, apenas carga con grasa corporal en un cuerpo de 1,79 metros y 63 kilos. "Un 6%, medido en seis pliegues, mientras que la grasa de un ciclista profesional es superior al 7%", dice De Paz. "Además, posee una tremenda capacidad de consumo de oxígeno, 86 ml/kg/seg, la de Indurain era de 88, y una tolerancia muy grande al ácido láctico: mientras a otros atletas el dolor de la subida del láctico les paraliza, Sergio puede aguantar cantidades muy elevadas, de hasta 12 milimoles".

Sánchez es un portento en el laboratorio, como también señala De Paz hablando de que en un test que se comienza en el tapiz a 10 kilómetros por hora con incrementos de un kilómetro cada minuto llega hasta 21 kilómetros por hora y aún no está en su límite. "Los buenos llegan hasta 18 y los muy buenos hasta 19, comparen". Y Sánchez es más portento aún entrenándose, ya sea en las riberas del Bernesga, en las Cañadas del Teide, en los pinares de Camposagrado, en las pistas de Valencia o en las de León. "Se entrena mucho y a una velocidad muy alta. Su entrenador, Raúl Lazo, y yo siempre tenemos miedo de que se pase, pero asimila muy bien el trabajo", dice De Paz, quien subraya que también en la pista ha superado sus límites: "Ha alcanzado su madurez competitiva".

Hace un par de semanas corrió los 2.000 metros prácticamente solo en la pista en 4m 52,90s, la tercera marca de la historia, muy cerca de los niveles de los más grandes, Gebrselasie y Bekele. El sábado, en Valencia, en un 3.000 de gran nivel, en el que también estarán, entre otros, Jesús España y Arturo Casado, Sánchez, quien ha sido campeón de España en todas las categorías, juvenil, júnior, promesa y absoluto, oficialmente intentará batir el récord de Europa, los 7m 32,98s de Alberto García en 2003, pero, si logra que sus liebres le pasen el 2.000 en 5m, no descarta que la barrera de los 7.30m, que sólo el keniano Daniel Komen (récord mundial: 7m 24,9s) y el etíope Haile Gebrselassie (7m 26,15s) han derribado, también caiga ante su zancada incansable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 08 de febrero de 2010.

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