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"Vivimos de la ayuda"

Dos familias en paro cuentan su historia

Miguel Ángel García y Rita González están afrontando sus peores momentos a consecuencia de la crisis que ha abocado al desempleo a ambos. Están casados y tienen dos hijos (Ulises de 19 años y Andrea de 13). Por la hipoteca de su casa, en Maracena (Granada), pagan 350 euros, pero ya sus ingresos se reducen a la ayuda de 420 que recibe Miguel Ángel. "No se llega. Si falta para comer, falta todo", lamenta Rita.

Ella tenía con su hermana una floristería en la capital granadina, pero hace un año tuvieron que cerrar. "Vivimos de la ayuda que ofrecen familia y amigos". A sus 52 años, Miguel Ángel es uno de los parados de la construcción. Él es carpintero y cerró la empresa en la que trabajaba. A veces ha estado por cuenta propia, otras como asalariado, pero siempre ha tenido empleo. Ahora eso ha cambiado. Cuando se le agotó el paro, cobraba unos 900 euros, tuvo que malvender su coche para ir tirando. Pero ya ni por esas. En la misma carpeta en la que guarda su currículo, que echa "en todas partes, pero sin respuesta alguna", aparecen los recibos de la luz. "Nos la van a cortar, tengo cuatro meses atrasados", reconoce. Su hermano le ayudaba en el pago pero también quedó en paro y ya no puede. Ulises es mecánico pero pese a su juventud tampoco encuentra trabajo. Andrea estudia 2º de ESO. Antes se permitían vivir, pero ahora no salen casi "ni a la puerta de la calle". La vida les ha cambiado mucho, y a peor. Nunca imaginaron tener que pedir ayuda a Cáritas. "La falta de trabajo, la angustia... todo se junta y no es fácil", explica Rita, que se ve obligada a recurrir a amigos a final de mes hasta para "poder comprar el pan". Su marido tiene más ánimo, pese a la difícil situación. Esta semana empezó un encierro en la antigua parroquia de Maracena con otros parados para reclamar un empleo. Y aunque es más que consciente de que "la cosa está muy mal", confía en que haya alguna salida.

"Vayas a donde vayas, no hay. El currículo lo tiran a la papelera"

El coraje en casa de Lidia Sánchez y José Dumont, que tienen dos hijas, lo muestra más ella. Él, electricista, ha trabajado sin descanso desde los 14 años. Tiene 47 y pronto va a cumplir dos en paro. "Vayas a donde vayas, no hay. El currículo lo tiran a la papelera". Entre abatido y triste intenta hacerse a su nueva situación que le ha cambiado no sólo lo hábitos, también "el carácter", comentan sus hijas Lidia y Mónica. Ellas tampoco han logrado aún su primer empleo. Su madre oposita mientras busca cualquier resquicio laboral. Es peluquera y también ha cuidado a personas mayores en casa, pero "cuando llamas a alguna oferta y ven que tienes más de 45 piensan que no eres capaz de hacerlo". Pertenecen a la asociación de parados de Parque Nueva Granada y también se ven obligados a retrasar pagos y a acudir al banco de alimentos para salir del paso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de febrero de 2010