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La crisis reaviva la lucha por el control del transporte portuario

Un incendio provocado destruye 14 camiones en Aldaia

La crisis agudiza la rivalidad entre empresas y asociaciones por el control del cada vez menor movimiento de contenedores en el puerto de Valencia. Un incendio destruyó en la madrugada de ayer 14 camiones estacionados en un aparcamiento en el polígono industrial de El Coscollar, en Aldaia. Todos menos uno tenían un común propietario, Julio Salvador, presidente de la asociación Transconval. Los camiones afectados, menos uno, pertenecían a dos de sus empresas. El incendio se inició pasadas la 1.30 de la madrugada. El emplazamiento, un aparcamiento vallado, estaba vigilado por dos personas, una de las cuales dio el aviso. Los bomberos trabajaron hasta primera hora de la mañana de ayer y la investigación despejó que hubo dos focos y que no fue un incendio accidental. Los vigilantes aseguran que no vieron a nadie y la Guardia Civil busca otros posibles testigos.

Las distintas asociaciones que agrupan a los transportistas de contenedores que operan en el puerto de Valencia han llegado a cifrar en un 40% el descenso en el volumen de trabajo a consecuencia de la crisis. Se cuentan por decenas las pequeñas empresas del sector que han desaparecido. Transcont, la más numerosa en afiliación de autónomos que mueven contenedores en el puerto, se hizo aún más fuerte el pasado septiembre cuando decidió integrar a la Asociación de Transportistas Portuarios Europeos (ATPE), unos 180. Con ello, mantiene una posición dominante en el sector. Pero no única. Y el conflicto con otros colectivos se mantiene en la lucha por una mayor cuota de mercado.

Los camiones destruidos ayer por el fuego pertenecen a Arkas Road y a Leader Transport, dos empresas de Julio Salvador. Desde la asociación que preside, Transconval, que se puso en marcha en 2006, mantiene una posición enfrentada a Transcont. Entiende que la situación de crisis y el encarecimiento del combustible no pueden ser revertidos sobre el transportista, precisamente cuando menos trabajo tiene. El incidente se produce en plenas negociaciones sobre tarifas, censos de transportistas para operar en el puerto y los contratos de trabajo, tal como explican fuentes de la asociación.

No es la primera vez que las empresas de Transconval (que agrupa a casi una treintena de mercantiles) son víctimas de sabotaje. En 2004, en circunstancias parecidas, ardieron varios camiones de Cotransa, coincidiendo con uno de los momentos más críticos del transporte de contenedores en el puerto de Valencia. Quienes no están de acuerdo con él acusan a su asociación de actuar desde una posición de privilegio en el mercado por dominan el tráfico de contenedores de MSC (Mediterranean Shipping Company), la compañía más importante que opera en el puerto de Valencia.

La investigación se centra en averiguar si los indicios de un sabotaje por desacuerdo en un proceso de negociación son sólidos y quiénes son los autores. Pero tampoco descarta otras hipótesis, entre ellas una venganza simplemente porque la operatividad de Arkas Road y Leader Transport haya influido en el cierre de otra empresa o la pretensión de cobrar del seguro un siniestro en momentos delicados.

De hecho, la Guardia Civil tiene un antecedente reciente, cuando Transcont firmó el acuerdo con su eterna rival (que llevó a los tribunales a una decena de miembros de la anterior directiva de Transcont por asociación ilícita, amenazas y coacciones, aunque poco antes del juicio retiraron la acusación particular). Un incendio provocado destruyó dos camiones de una pequeña empresa, con una flota de cuatro, dos de ellos inmovilizados por falta de actividad. Las sospechas apuntan a una venganza por la falta de trabajo.

El movimiento de camiones en el puerto de Valencia creció en los últimos diez años para hacer frente a unos 4.000 contenedores diarios. Pero desde hace dos años, la cifra se ha reducido considerablemente. Si en los momentos de mayor tráfico, la rivalidad vivió momentos muy difíciles porque las asociaciones han pretendido controlar qué se hace, quién lo hace y a qué precio, el escenario se complica cuando el transporte escasea de forma notable. Transcont negó ayer cualquier relación con los hechos, reconoció las dificultades del momento y las tensiones entre los distintos colectivos y rechazó las prácticas violentas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de enero de 2010