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Recurso contra el permiso ambiental de una gran industria en Benifaió

Un colectivo vecinal lleva al juzgado la ubicación de la factoría Roquette-Laisa

La pequeña fábrica que inició la producción de almidones y glucosas a partir de boniatos en 1949 se ha convertido en una gran industria agroalimentaria integrada en una multinacional. No ha parado de crecer en los últimos 60 años y lo ha hecho como en sus orígenes, pegada al casco urbano de Benifaió. Apenas una treintena de metros separan las casas de la población de los miles de metros cuadrados que ocupa la industria de transformación y derivados del maíz Roquette-Laisa, que se distingue a lo lejos por sus altos silos. Una difícil convivencia que ha generado quejas por ruidos y olores en el vecindario más pegado a la fábrica que encauza desde hace unos años el colectivo Finestra Oberta (per un poble mes saludable), que defiende que la industria no puede continuar adherida a la zona residencial y debe trasladarse a un polígono más alejado de las viviendas.

Ha generado quejas por ruidos y olores en el vecindario más pegado a la fábrica

La empresa, con 220 empleos directos, no descarta trasladar algunas instalaciones

Roquette-Laisa, sin embargo, tiene sus permisos en regla y el año pasado logró la aprobación por parte de la Consejería de Medio Ambiente de la autorización ambiental integrada. Un certificado que considera las instalaciones acordes a las exigencias de protección del medio ambiente y la salud del entorno, y que ha recurrido Finestra Oberta por la vía contencioso-administrativa hace unos meses. El recurso considera que la empresa, por su actividad, calificada de molesta y nociva, "no está en el tipo de suelo industrial que por sus características le corresponde" y está fuera de ordenación tanto por el plan general urbano de 1976 como por las normas subsidiarias aprobadas en 1991. El Ayuntamiento y otros organismos, sin embargo, le han concedido a lo largo del tiempo "las autorizaciones administrativas pertinentes" y han aceptado su ampliación, cuando a juicio del colectivo ecologista debería mantener con la población una distancia mínima de 2.000 metros.

El recurso también cuestiona el proceso de participación pública en la tramitación de la autorización ambiental integrada, realizado en pleno verano, y que la consejería haya dado a la industria un plazo para presentar estudios sobre ruido y olores molestos. Faltan, además, estudios más exhaustivos sobre el impacto en la salud de la industria, según el colectivo. Finestra Oberta recuerda también en el recurso que los estudios hechos en Benifaió en el marco de la Agenda 21 revelan que más de la mitad de la población tiene una percepción negativa sobre la calidad de vida de su localidad y sitúa como problemas prioritarios a solucionar los malos olores, el tráfico y el ruido.

El director general de Roquette-Laisa, Rafael Obiol, destaca que la empresa ha invertido más de dos millones de euros en mejoras como la barrera acústica y la disminución de fuentes de ruido en la planta. Según Obiol, con "mejores resultados de los esperados", como habrían certificado empresas externas de medición de ruidos. "A mí lo que me consta es que los vecinos están contentos. Además, también estamos trabajando en los olores, para los que la legislación no es clara, en los secadores y prensas de aceite". Las condiciones impuestas por la consejería en la autorización "se van cumpliendo en plazo", añade Obiol. La empresa, con 220 empleos directos y un centenar indirectos, no descarta ir trasladando parte de las instalaciones a un nuevo suelo industrial, pero la primera condición indispensable para plantear una mudanza es la aprobación de un plan general que lo permita.

La alcaldesa de Benifaió, Amparo Arcís, del PP, quita hierro a los efectos de la fábrica sobre el pueblo y asegura que sobre su mesa sólo hay ahora una queja por ruido de un vecino. Según Arcís, la construcción de una pantalla acústica en 2008, entre otras mejoras, ha reducido considerablemente el ruido junto a las viviendas. En cuanto a los olores provenientes de una industria que funciona las 24 horas del día, considera que a veces la gente confunde los efluvios de Roquette con los de las granjas de cerdos. "Si recibimos quejas de olores o ruido las enviamos rápidamente a la consejería", afirma Arcís, que no ve necesarias otras medidas que las previstas en la autorización ambiental. Reconoce, no obstante, que convendría alejar la fábrica cuando se apruebe la ampliación del suelo industrial en el plan general urbano pendiente. "La industria está ahí desde hace mucho tiempo y da trabajo a unos 200 vecinos de Benifaió y alrededores", añade.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de diciembre de 2009