Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

La infancia gaditana de Falla

Un libro indaga en los intensos vínculos del compositor con su ciudad natal

En el instituto Columela de Cádiz, con más de 150 años, se conservan algunas calificaciones de Manuel de Falla. Lo suyo no parece que fueran las matemáticas. El centro educativo presume siempre de este legado que certifica la presencia del compositor en su ciudad natal. El libro Manuel de Falla y Cádiz (Ediciones Mayi, 2009) vuelve a reivindicar el pasado gaditano del autor de El amor brujo. "Hay quien sigue pensando que es de Granada", dice su autora Gema León Ravina. El texto repasa los primeros 20 años de su vida y rescata imágenes y documentos como su partida de bautismo o fotografía cuando todavía era un bebé.

Los años gaditanos de Manuel de Falla le marcaron su trayectoria musical, aunque él buscara fuera ensanchar su grandeza como autor. "En bastantes ocasiones se ha asociado a Manuel de Falla con Granada. Incluso, en algunas despistadas reseñas biográficas, se ha señalado este lugar como el de su nacimiento. Su vinculación con la ciudad de la Alhambra fue, sin duda, grande: fuente de inspiración de algunas de sus obras, antes incluso de haberla visitado", escribe en el prólogo el profesor Joaquín Piñeiro: "Cádiz fue un permanente referente porque lo transportaba a su niñez".

El texto repasa sus primeros 20 años y rescata imágenes y documentos

María Jesús Matheu impartió las primeras lecciones de piano al autor

Y eso es lo que narra este libro. Manuel de Falla pasó en Cádiz sus primeros 20 años, desde 1876 hasta 1896. Su familia estaba afincada en la capital gaditana desde bastante tiempo atrás. Cuando él nació estaba fuertemente arraigada en la alta sociedad. Sus padres, José María de Falla y María Jesús Matheu, lo tuvieron 11 meses después de casarse. Fue el primero de cinco vástagos, entre ellos María del Carmen, con quien Manuel compartió gran parte de su vida en Granada y Argentina. Sus primeros años de vida los pasó en su casa de la plaza de Mina, concretamente en el segundo piso del número tres. Tal y como refleja el documento rescatado, el compositor fue bautizado en la parroquia del Rosario.

La afición por la música nació también en esos pasillos de la casa de la plaza de Mina. Y lo fomentaron tres mujeres. Su madre, su nodriza Ana la Morilla y su profesora de música Eloísa Galluzzo. María Jesús Matheu impartió las primeras lecciones de piano. De Ana la Morilla el propio Falla llegó a decir "en mi primerísima infancia, con tan sólo dos o tres años los cantos, danzas e historias de la Morilla me abrieron las puertas de un mundo maravilloso". Según la autora, ella fue la que le abrió los ojos a los cantes y bailes andaluces que luego el compositor transformó en la más refinada música española. Galluzzo le dio sus primeras clases particulares y abrió paso a sus primeras producciones musicales.

Manuel de Falla y Cádiz investiga los primeros conciertos a los que asistió el compositor. Uno de ellos fue el que se celebró en la Santa Cueva de Las Siete Palabras de Haydn. Aunque el que más le inspiró y, según Gema León guiaría su destino, fue el que se organizó en el museo de Cádiz cuando tenía diez años. "Mi vocación definitiva despertó realmente en aquellos conciertos sinfónicos del museo de Cádiz", reconoció.

El libro analiza su faceta en otras áreas como la de periodista, una afición que tomó de las revistas que le llegaban a casa desde Barcelona. Llegó a ser director de una, El cascabel. También probó suerte con la literatura. Hay un apartado dedicado a su formación religiosa, la que recibió del padre Fedriani, que también marcará sus creaciones.

Cádiz vio nacer a Manuel de Falla y también fue la primera ciudad que acogió sus primeros conciertos como intérprete, sobre todo en la casa de Salvador Viniegra, donde empezó a despuntar como músico. El libro recoge algunos programas de mano de sus actuaciones de aquellos años. En la ciudad natal se parieron también sus primeras composiciones. Después, a los 20 años, el compositor quiso ampliar su mundo y decidió viajar. Se asentó en Granada, donde estableció grandes vínculos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de diciembre de 2009