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Entrevista:LIBROS

Cara inocente, pluma sucia

Así es, más o menos, como la describió Antonio Gala. La precoz Aixa de la Cruz publica De música ligera: okupas, drogas y realismo a los 21 años.

Un accidente, una punk, un joven rockero y sonoridad en cada párrafo. Con estos elementos, Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) construye De música ligera (Editorial 451), su nueva novela sobre las pulsiones que la mueven. Con 19 años entró en la Fundación Antonio Gala y publicó Cuando fuimos los mejores, que presentó así el propio Gala: "Para la cara de niña inocente y regordeta que tiene, escribe como una cerda". Su actual trabajo, escrito a pedazos, entrecortados por los acordes de Bob Dylan, Sex Pistols o los Beatles, muestra a una autora inquieta, realista, influenciada por la posmodernidad y, sorpresa, casada.

EP3. ¿No eres muy joven para dedicarte a la literatura?

Aixa de la Cruz. Simplemente, escribo. Muchas veces no sabes si la gente te mira con condescendencia en plan "el libro no está mal para la edad que tienes" o con admiración porque la novela está bien.

EP3. ¿Cómo te acercaste a la literatura?

A. C. Como una manera de liberar energía. Siempre he sido algo hiperactiva. De chavalita me dedicaba al ajedrez, al baile, al piano, ¡pero también al futbolín y la cerveza! Jugaba con una amiga en el casco viejo de San Sebastián y a los hombres les sentaba fatal que les ganáramos.

EP3. ¿Hay feminismo en tu novela?

A.C. Cuando escribo, soy un poco misógina. Me gusta la idea de Virginia Woolf de que para escribir hay que ser andrógina. El principal rasgo de mi prosa no es el género. Igual es porque no he vivido el hecho de ser mujer como un problema.

EP3. ¿Qué referentes tiene este libro?

A. C. La novela ensayo de Sergio Pitol o Manuel Puig, que dignificó fenómenos populares como el tango y el cine y consiguió hacer literatura culta a través de sus obsesiones. Yo intento hacer lo mismo con la música. Me interesa la idea de la fragmentación extrema (estilo generación nocilla) porque la posmodernidad no se puede entender de una forma lineal.

EP3. Y siempre la música de fondo…

A. C. Es la protagonista de la novela. Con esta historia quiero mostrar que la vida tiene su banda sonora y que cada contexto está contaminado de canciones.

EP3. ¿Qué escuchas mientras escribes?

A. C. No escucho nada. A veces, Bach; pero normalmente cierro la puerta y sólo dejo que entre el gato.

EP3. Okupas, punkis, drogas, conciertos… ¿Cuánto de biográfico hay en el texto?

A. C. De autobiográfico no hay nada concreto. Es cierto que empecé con el piano a raíz de una lesión en el baile [el prota de la novela llega a la música tras un accidente de tráfico] y que cuando era más joven estuve vinculada a los gaztetxes (centros sociales juveniles autogestionados). Pero nunca he dormido en una casa okupa.

EP3. ¿Y qué me dices de las drogas?

A. C. De adolescente he probado lo típico, y aparecen en la novela porque creo que cada época tiene sus drogas y que cada droga ha creado su música. El LSD originó el rock psicodélico, el speed desencadenó el punk y ahora las drogas de diseño se ven reflejadas con la electrónica.

EP3. Hablas de todo, pero parece que la política queda a un lado…

A. C. En Euskadi es complicado posicionarse y creo que en Madrid todo es conflictivo. Se reclama libertad de expresión para todo el mundo, pero hay ciertos temas en los que no es real.

EP3. ¿Tienes novio?

A. C. Estoy casada con un dramaturgo mexicano desde hace dos años. Es lo más punk que he hecho en mi vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de diciembre de 2009