Reportaje:CICLISMO

"El equipo de Contador"

En la época de los superconjuntos de presupuesto y medios increíbles, el chico de Pinto rescata el valor del superciclista

En Pisa, cuenta la leyenda, demostró Galileo que Aristóteles estaba equivocado, que bajo la ley de la gravedad la masa no influía en la aceleración. Lo hizo lanzando dos piedras de diferente peso desde lo alto de la torre inclinada. En Pisa está Alberto Contador estos días no para probar nada en la torre inclinada, que el chico de Pinto ya estableció nuevas leyes físicas, que sólo a él se aplican, durante la ascensión a Verbier en el pasado Tour, leyes que más tienen que ver con el desafío a la ley de la gravedad que a su acatamiento -aunque si se lo propusiera, conociéndolo, sería capaz de escalar la torre en bicicleta-, sino para que la gente de su equipo, el nuevo Astana, se conozca y se relacione.

En la época del regreso de los superequipos al pelotón, superproducciones de capital anglosajón con nombres galácticos -The Shack, Sky, Garmin-Transitions, BMC-, Contador, prisionero de un Astana del que se han ido con Lance Armstrong los otros siete que les acompañaron en el último Tour, incluidos los ibéricos Haimar Zubeldia y Sergio Paulinho, propone como valor opuesto y ganador al supercorredor con equipo de supervivencia. "Es la diferencia con el año pasado", dice Giuseppe Martinelli, un veterano director italiano -el hombre de Pantani y el primer valedor de Cunego- que llevará el volante del coche que siga a Contador; "entonces, el Astana era el equipo de Bruyneel y Armstrong. Este año es el equipo de Contador".

"Soy consciente de que tengo un equipo más débil que otros años", dice Contador, quien podría añadir, pero no lo hace, que de todas formas el último Tour lo ganó no sólo sin equipo, sino con su equipo en contra. La plantilla que le acompañará en 2010 tiene, de todas maneras, un aire de amalgama con la presencia forzosa de dos pesos, Alexander Vinokúrov, por su condición de rey de Kazajistán, y Óscar Pereiro, admitido a última hora tras un error de cálculo, y con la incógnita del descubrimiento de alguna joya oculta, como el joven kazajo Andréi Zeits, de 23 años.

Sin embargo, dado el valor de Contador, que lleva camino de convertirse en el mejor ciclista de la historia, y dado el trazado del próximo Tour, sin contrarreloj por equipos y con montaña para empacharse, no parece que la diferencia la marquen los superequipos, sino los superciclistas, sino Contador.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 12 de diciembre de 2009.

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