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Reportaje:

Vantongerloo, el escultor de la curva y el silencio

El Reina Sofía muestra 80 obras del artista belga

Georges Vantongerloo (Amberes, 1886-París, 1965) fue escultor, pintor, arquitecto y, sobre todo, uno de los grandes teóricos del arte del siglo XX. Cofundador junto al también artista Mondrian  Van Doesburg del grupo  De Stijl, encontró en las líneas curvas y en los materiales plásticos la mejor manera de mostrar su idea del vacío, el silencio y el absoluto, las tres obsesiones que sustentan su obra. El Reina Sofía ofrece hasta el 22 de febrero la exposición Un anhelo de infinito, 80 obras firmadas entre 1917 y 1965, un intento de difundir el trabajo de un creador de culto poco conocido.

Guy Brett, amigo y comisario de la exposición, ha organizado la muestra en torno a dos momentos: sus primeros años y la obra final. Las primeras piezas se adscriben a la abstracción geométrica en la que él participó. "La obra de Vantongerloo no se puede abordar sólo viendo las últimas producciones", advirtió el director del Museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel. "No es una retrospectiva porque hay periodos menos fundamentales. Pero para entenderle es fundamental ver cómo en un principio recurre a los colores sutiles y a la curva, un anatema para el neoplasticismo".

Las esculturas y pinturas geométricas de la primera parte de la exposición buscan la representación del infinito a través de la representación de diagramas. "Con ellos quiere explicar nuestra experiencia del mundo y su percepción del infinito".

El vacío, el silencio y el absoluto son temas que aparecen en las primeras obras y también en las últimas. "Le gustan los materiales humildes. El plexiglás, por ejemplo, le permite mostrar lo lleno desde el vacío". El recorrido entre las esculturas y las instalaciones es un paseo entre un bosque de formas de apariencia caprichosas en las que el color tiene una presencia secundaria.

En la segunda parte, con obras realizadas tras la II Guerra Mundial, entran de lleno las tres dimensiones en las esculturas. El humor y el juego están presentes en piezas que hablan del universo en forma de meteoritos, cometas o estrellas. Según Borja-Villel, el artista nunca pretendió representar lo real, sino el cosmos y el infinito. "De los grandes conceptos, evolucionó hacia lo más humilde. Dio respuestas sencillas a los grandes temas. Buscó respuestas estéticas a los fenómenos cósmicos".

La ciencia en general y las matemáticas en particular inspiran la mayor parte de la obra de este artista. Los títulos de sus cuadros hablan de operaciones y fórmulas algebraicas. Pero son las formas geométricas, sobre todo la línea curva, el tema que mayor presencia acapara. En opinión de Guy Brett, la curva le permite crear un espacio libre y abierto. "Por su asombrosa economía y su elegante creación", explica, "de un sentido del movimiento y la energía en un espacio en blanco, estas obras constituyen un episodio único en la historia de la pintura abstracta".

La pieza titulada El cometa (1962) es, según el comisario, la auténtica joya de esta exposición: una escultura de plástico que intenta ser toda una metáfora de los misterios del futuro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de noviembre de 2009