Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Necrológica:'IN MEMÓRIAM'

Elegía por un desconocido

Sí, Martín Marcos era y es un desconocido. Pronto se le conocerá como 'el gran poeta de su generación'.

Y el más trascendente. Fue lo que quiero ser sin lograrlo: un santo laico, un justo civil. Por los siglos de los siglos.

Qué pérdida tan irrecuperable para sus amigos. Y para mí. Y para la poesía. Y para todos los que tuvimos la enorme dicha y el prestigioso honor de conocerle bordeando paraísos.

Fue más escritor y más poeta y más humano que todos los que le vamos a sobrevivir. Y obviamente infinitamente más que yo.

Era además obrero, sabio, científico, ajedrecista, patafísico, job, leñador, viajero, filósofo. Y mil cosas más. Todo lo supo hacer como nadie.

Encontró el arte de reír, de escuchar, de acariciar gatos cuánticos, de hablar de Spinoza con cariño y de Wittgenstein con conocimiento, de descorchar hermetismos, de dormir en la acera de una capital, de analizar un mate de Magnus Carlsen, de dejar pasar el tiempo ondulando, de no preocuparse por lo que le despreocupaba, y de interesarse por lo que le interesaba.

Conseguía encadenar su existencia con aciertos a toda vela. Nos deslumbraba desde su choza errante.

Fue el peterpan del greyhound, el cofundador de la 'Liga de poetas', el giraeternidades en si bemol, el haiku-man sin ombligo, el Hölderlin de su época, el Thoreau de la poesía, el Gödel de los sonetos.

Nunca supimos si tuvo alguna opción religiosa o política; nada de eso le venía ni a su mente ni a su culo.

Nos regalaba con portentos y (en silencio) con su lección de existir cuando atravesaba sus rachas de obrero en paro o vivía su júbilo de campeón de levanta-tablones.

Ni a nadie ni a mí no pidió nunca nada. Solo sabía dar.

Le he visto en Chipre o en Chicago con la misma camisa e idéntica mochila cargada con libros hasta las cejas. Viajaba en charters peligrosos y baratísimos sin penetrar en postales.

En París o Poggibonsi, en Brnö o New York se codeó con Houellebecq o Ivantchuck, con Kundera o Thieri Foulc, con Franco Battiato o Edoardo Sanguineti, con Antonio Bertoli o Benjamín Ivry, con la ministra de cultura disfrazada de republicana o el clochard místico turco, con el homeless alquimista congolés o la adolescente autista. Con todos dialogó tan sencillamente como lo hacía con los alacranes o con el ketchup. Por ejemplo, hablaba del principio de 'incompletud' o del color de las espigas.

La última vez que le vi tomamos un revuelto en Casa Lucio. Y lo degustó realmente. Porque era un rey. El de la poesía.

Murió a los 47 años, como vivió, excepcionalmente.

Un accidente laboral le mató ejerciendo su "gana pan" de obrero y leñador.

Estaba trabajando en el monte con un volquete (dumper, o pelleteuse).

(http://www.youtube.com/watch?v=9qOmePrGo3o)

Se ocultó definitivamente a las 4 horas y 7 minutos de la tarde como lo que siempre fue a pesar de la riqueza infinita de su obra. Como el poeta pobre y maldito de su tiempo.

[Un grupo de poetas extranjeros o desterrados ha solicitado respetuosamente al Ayuntamiento de su bonito pueblo que cambie su nombre de Vilviestre del Pinar [Burgos] por Vilviestre de Martín Marcos. Poetas que no aceptarán que a su magisterio y a su poesía se los trague la tierra cuando bosteza la inmortalidad. Se han unido a la súplica desde el poeta Antonio Garrigues Walker hasta Rafael Balanzá (último premio Café Gijón) pasando por los también poetas Javier Esteban (de Generación XXI) y Raúl Herrero (precisamente editor de Libros del innombrable).]

No le gustaría saber que nos devora el sentimiento. Le espantaría oír que nos causa un dolor que no creíamos nunca llegar a sentir.

Se ha ido caminando, caminando, hacia el Sol.

Allá estará divinamente, como estuvo siempre en cualquier sitio.

Fernando Arrabal es dramaturgo.

Soneto perfecto

El soneto perfecto estoy buscando

Como si fuera lágrimas del cielo,

Como ímpetu pueril de mi desvelo,

Paso abstraído el tiempo cavilando.

Vivo sereno pero estoy temblando,

Tiembla mi cuerpo altivo sin consuelo

Tiembla mi alma longeva sin vuelo,

La vida en su vivir se va acabando.

¿Por qué vendrá esta sombra seductora

A negarme la luz que tanto ardía,

A dejarme la noche sin aurora?

Oíd al corazón su melodía

Que libre canta, sueña y enamora

¡Oídle como late su poesía!

Martín Marcos, 30-12-2007

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de noviembre de 2009

Más información