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Reportaje:¿VENCERÁ RAJOY?

El lado salvaje de Gallardón

Manuel Cobo es amigo, mano derecha y 'brazo armado' del alcalde de Madrid. En medio de la guerra por Caja Madrid, Aguirre ha pedido su cabeza por la entrevista concedida a EL PAÍS

Aquella mañana salió de casa y se despidió de su mujer y sus cuatro hijos anunciándoles que iba a ser el último día. Había terminado con aquella aventura de 13 años. Ese 15 de octubre de 2004, los recuerdos de sus mejores días en la primera línea política estaban manchados por la durísima, triste y cruel derrota sufrida ante los miembros de su partido. Ante lo que consideró una "traición". Manuel Cobo Vega (1956, Ponferrada) había tenido que retirar su candidatura para presidir el PP de Madrid tras comprobar, en una tensa y dolorosísima reunión, que no tenía ni el 10% de los apoyos. Esperanza Aguirre se había hecho con el poder definitivo. Así que él, "asqueado", presentó una dimisión que Alberto Ruiz-Gallardón no quiso aceptar. Una hora más tarde, en la rueda de prensa, se despachó contra un sector de su partido al que acusó de utilizar "políticas talibanes", de "injurias" y de poner en peligro "la unidad del partido".

"Está seguro de que le han espiado y lleva tragando mucho tiempo", cuenta un compañero de Cobo

Cinco años después, Cobo volvió a hablar claro en una entrevista con EL PAÍS sobre la misma gente de su partido. Esta vez, en plena lucha por el control de Caja Madrid, les acusó de crear una "gestapillo" para espiarle y de haber puesto a Rodrigo Rato en "un escaparate de cloacas y ambiciones". Aquella unidad en peligro a la que aludió ya está resquebrajada. Aguirre controla el partido regional, incluidos los 13 concejales (un 40% de los ediles del PP) del Ayuntamiento de Madrid que esta semana pidieron la cabeza de Cobo, su portavoz. La guerra destapada entonces llega a su punto álgido.

La presidenta regional ha pedido el pescuezo de Cobo a Mariano Rajoy para seguir hablando de Caja Madrid. Pero su jefe no piensa dejarle caer. Porque es imposible entender la carrera política de Manuel Cobo sin la figura de Alberto Ruiz-Gallardón. Son el complemento perfecto, al estilo de lo que, durante un tiempo, fueron los socialistas Felipe González y Alfonso Guerra. Uno, apasionado de la ópera y la literatura; el otro, del mus y del fútbol. Uno, el jefe, medido y muy correcto; el vicealcalde, mucho más impulsivo y agresivo con el contrincante, despiadado muchas veces. Cobo es, en suma, el lado salvaje de Gallardón.

Afiliado al PP desde 1986 (al día siguiente de que el partido perdiera las generales) y después de ejercer nueve años como abogado en el grupo Camuñas, decidió entrar en política en 1991. Hijo del constructor Manuel Cobo Calleja y con la vida relativamente resuelta, no necesitaba un empleo en política. Pero se animó con la "traición" del diputado tránsfuga Nicolás Piñeiro, del Partido Regionalista Independiente de Madrid (PRIM), que había impedido en 1989 que una moción de censura del PP y CDS prosperara en la Asamblea de Madrid contra el entonces presidente autonómico, Joaquín Leguina. A través de Carlos López Collado, quedó para comer con Gallardón, entonces todavía en la oposición de la Asamblea. "Le pidió entrar en el equipo y hacerlo con el mismo número de la lista que tenía Piñeiro", recuerda un colaborador de Cobo. Finalmente, se conformó con el 26, pero entró.

Encargado al principio de rebuscar irregularidades en los contratos del Gobierno, empezó a destacar. El caso de corrupción Construcciones Atocha, que desquició a Leguina, le granjeó la simpatía del jefe, que vio en él a un tipo audaz y con un carácter ácido y siempre corrosivo que le hacía reír. En 1995, cuando Gallardón alcanzó la presidencia, él ocupó la portavocía del grupo. "Todavía no tenían esta amistad. Pero se convirtió en un excelente portavoz. Consiguió que el grupo estuviera unido. Por su forma de ser, en aquella época era conciliador, te escuchaba... el grupo funcionaba como un reloj. Fue el mejor portavoz", recuerda un cargo del PP hoy en el bando aguirrista.

Sus dotes para el trabajo, la buena relación y la dureza mostrada como portavoz le fueron acercando a Gallardón y éste le nombró consejero de Presidencia y de Hacienda. Ya era el más poderoso. "El vicepresidente era Luis Eduardo Cortés, pero Cobo ejercía como tal. Eso creó recelos. Cortés tenía el despacho fuera de la Puerta del Sol y el de Manolo estaba al lado del de Gallardón", recuerda un colaborador.

"Es muy celoso de su relación con Alberto. Le tiene adoración infinita. Todo lo del alcalde lo quiere hacer él", señala una fuente del PP regional que le conoce bien. "Por Alberto se tiraría del Viaducto", apunta un colaborador. Desde entonces no falta nunca a los llamados maitines. Incluso llegaron a celebrarse, recién operado de cervicales y en plena campaña que él dirigía, en su casa. Y esa tremenda lealtad -"lo malo es que muchas veces no le lleva la contraria a Alberto", dice una antigua colaboradora- quizá fue la que le llevó a aceptar la misión suicida que le encomendó su jefe. El miércoles 6 de octubre de 2004, Gallardón, Aguirre y sus respectivos escuderos (Cobo e Ignacio González) quedaron a cenar. Ella aspiraba a la presidencia del partido en Madrid, y Gallardón reclamó una lista de consenso en la que, como mínimo, Cobo tenía que ser secretario general. O eso, o al día siguiente lo presentaba como candidato a la presidencia del partido. "No acepto chantajes", anunció Aguirre, que pagó la cuenta y se fue a las 23.30.

Y así se desató la guerra. Gallardón lanzó a su hombre contra el aparato del partido. Y una semana después llegó la constatación de que se había subestimado a Aguirre. El miércoles 13, reunidos en una sala de Génova, 330 miembros del PP regional expusieron sus preferencias para evitar un congreso sangriento. Sólo ocho defendieron la candidatura de Cobo, que asistió desencajado al festín que se dieron los que hoy piden su cabeza en un manifiesto.

La pasión con la que al día siguiente se despachó, la que tiene para todo, es la misma, dicen algunos, que la que siente por el Real Madrid. Socio desde hace 40 años -"se hizo por Amancio Amaro", señala un amigo-, la derrota del equipo blanco le puede amargar el día. Es una enciclopedia andante del fútbol. "En política es igual. Manolo es un forofo. Es completamente transparente, para lo bueno y para lo malo", explica un compañero en el Ayuntamiento. "Le va la marcha y, aunque a veces le cueste controlarse, está muy tranquilo con todo lo que está pasando", comenta otro. "Ha dicho lo que ha dicho porque no aguantaba más. Está seguro de que le han espiado y lleva tragando mucho tiempo", insiste esta fuente. Cobo, tranquilo, asegura que explicará al Comité de Garantías todo lo que quieran. Nadie duda, quizá a veces para alegría de sus adversarios, de que tiene una personalidad explosiva.

En la recta final de la campaña de las municipales de 2007 se celebró en TVE un debate entre los candidatos a la alcaldía. El actual ministro de Industria, Miguel Sebastián, con la carrera perdida y acorralado, blandió la portada de una revista con el rostro de Montserrat Corulla, testaferro del cerebro de la trama de corrupción en Marbella, Juan Antonio Roca. Preguntó a Gallardón por la relación que mantenía con aquella mujer. El alcalde, desencajado, le contestó que no entraría en temas personales.

Al término del programa, Cobo bajó como un rayo al plató y arremetió a voz en grito. Los exabruptos dirigidos a Sebastián todavía se recuerdan: "¡Miserable! ¡Nadie ha hecho lo que has hecho tú!". Gallardón, que todavía no daba crédito a lo que había sucedido en directo, tuvo que contener a su escudero. "Déjalo, Manolo, déjalo", le dijo cogiéndole del brazo. Ángel Pérez, portavoz de IU, y Ana Blanco, la presentadora de TVE, alucinaban.

Pero hay otros dos debates en los que Cobo piensa con especial ilusión. El de investidura de la primera legislatura de Gallardón como presidente de la Comunidad, "porque él se metió en esto para que Gallardón fuera presidente", recuerda un compañero. Y, precisamente, el que nunca pudo mantener con el derrotado Miguel Sebastián en el Ayuntamiento de Madrid. "Le habría encantado tenerlo en la bancada de enfrente", remata la misma fuente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de noviembre de 2009