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Reportaje:ARTE | Exposiciones

El presente infinito de César Lucas

Medio siglo detrás de la cámara con imágenes que han hecho historia. Una exposición y un libro hacen de autorretrato del propio fotógrafo

El fotoperiodismo es el arte del ahora. Aunque a César Lucas (Cantiveros, Ávila, 1941), que celebra medio siglo de ejercicio continuo de esta profesión, se le tuerce el gesto al oír la palabra arte. "He trabajado toda mi vida para los medios y sólo he hecho fotos por encargo. Y puedo decir con cierto orgullo que me considero un buen profesional. He volcado todo mi empeño y mis posibilidades para conseguir la mejor foto en cada ocasión. En ese sentido soy un perfeccionista. No soy un creador ni pretendo hacer arte. Lo único que he buscado es quedarme a gusto con cada imagen que me he comprometido a hacer. Para mí ha sido siempre un deber emplear todo mi talento en mi trabajo".

Sin embargo, el recorrido por estas cinco décadas de su obra, que hace la exposición El oficio de mirar así como el libro editado con el mismo título (Lunwerg), se sitúa siempre muy cerca del tipo de imágenes que seducen, inquietan y parecen quedarse impresas en la memoria con mucha mayor fuerza que la vigencia del periódico de ayer. César Lucas comenzó muy pronto. Antes de cumplir 18 años empieza a colaborar con la agencia Europa Press. Las de su primera época son crónicas visuales sorprendentemente maduras, la normalidad melancólica de un país al que se le venía el cambio soterradamente, como queda expresado en la imagen de Ernesto Che Guevara, de uniforme, paseando solo y tranquilamente por el centro de un Madrid desangelado de 1959.

"Para mí ha sido siempre un deber emplear todo mi talento en mi trabajo. De alguna forma, éste es el álbum de fotos de mi vida"

A César Lucas no le gusta mirar hacia atrás. Se ha jubilado este año siendo editor gráfico de la revista Viajar. "Ni siquiera tengo un archivo propio, nunca pensé que hacía fotos con futuro. Siempre he hecho fotos para publicarlas. Lo único que me interesaba era si salía al día siguiente en la primera página del periódico", comenta. Y recuerda que en alguna ocasión llegó a publicar 21 fotos en un solo día en el diario Pueblo. Poco tiempo después se inició como fotógrafo de rodajes y de estrellas del mundo del espectáculo, actividad que continuó con la agencia gráfica que fundó, Cosmo Press. En 1976 fue el primer jefe de fotografía del recién salido diario EL PAÍS. Sólo permaneció dos años, pero dejó en los archivos imágenes como la de aquel niño rubio con el puño en alto, a hombros de su padre en una manifestación. César Lucas retrató la Transición como pocos. O como ninguno.

"EL PAÍS era el primer periódico que salía después de la muerte de Franco. Fue una de las etapas más emocionantes de mi vida. Era como si de pronto se abrieran todas las ventanas de una habitación llena de humo", dice llenándose los pulmones del aire de hoy. "Hasta entonces las fotos de prensa en España eran sosas, oficialistas. Como de bodas y bautizos. Por eso buscamos fotógrafos con un espíritu diferente. Y fueron años muy intensos. Algo irrepetible por las circunstancias históricas y sociales. El momento de cambio de un país asfixiado que empezaba a ver la luz".

Pese a recomendar la especialización entre los fotógrafos de prensa, él no se lo ha aplicado a sí mismo. La exposición está dividida en secciones que diferencian sus trabajos, desde escenas de la vida política o de la calle, pasando por artistas de Hollywood y la farándula nacional, retratos, desnudos, viajes, reportajes. "He hecho casi de todo", admite. "Pero soy incapaz de hacer bodegones o paisajes. Lo que me gusta es la gente", e intenta demostrarlo repasando página a página todo el catálogo de la exposición. Hay algunas que han hecho historia, como la portada de la revista Interviú con la actriz y cantante Marisol desnuda. "Mi referencia era la revista Lui, que tenía una gran relevancia social en Francia, más que Playboy. Pero mientras a los fotógrafos franceses los llevaban a los museos a mí me llevaron a los juzgados", apunta con una media sonrisa. Esa portada causó una conmoción social, y no sólo en España. El juicio tardó cuatro años en dirimirse y se falló a su favor. "Luego la sentencia fue casi una felicitación de los jueces. Me exculpaban por la calidad artística de la foto", dice Lucas. Esa foto fue un icono. "Un tsunami social", apunta Lucas. El símbolo de una época. "Esa imagen tiene ahora 39 años, pero no se ve anticuada. Alguien que no tenga ninguna referencia podría pensar que se hizo la semana pasada. Es muy clásica. No hay una posición forzada ni elementos que la sitúen. Sólo unas flores. Y ella mirando a los ojos del espectador, sin insolencia, provocación, miedo o incomodidad". Después Lucas ha hecho más de 120 portadas con desnudos.

No, no le gusta mirar hacia atrás, pero al verse obligado a hacerlo para seleccionar las imágenes de esta celebración, se ha encontrado con sorpresas. "He encontrado fotos casi olvidadas, otras que al verlas hoy me parecen mejores de lo que recordaba. Detrás de cada una está mi memoria de cómo se hizo, pero eso ya es sólo un obstáculo para elegirlas. Para eso ha sido invalorable el trabajo del comisario, Miguel Gómez".

Ha vivido mucho este fotógrafo, ha gozado de su profesión. "De alguna forma, éste es el álbum de fotos de mi vida", dice cerrando el libro. "Es mi autorretrato. No salgo yo, pero el hilo conductor de todas ellas es mi mirada". Un retrato invisible que dice mucho de él.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de octubre de 2009