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Crónica:

El Barça gana el primer pulso

Lorbek y Navarro resuelven ante el Madrid y dan al conjunto azulgrana la Supercopa ACB

Por lo mucho que se disfrutó en la final de la Supercopa ACB, la temporada de baloncesto se adivina caliente, de alto voltaje, y también, por más que la comparación resulte odiosa para algunos, muy parecida a la que ya dirimen el Barça y el Madrid en la Liga de fútbol. El pulso empezó en Las Palmas con un duelo directo. La final, sin dejar de constituir un aperitivo de venideras batallas más trascendentes, marca los primeros indicios. Como siempre, como durante tantos y tantos de los clásicos disputados en los últimos tiempos, Navarro se erigió en el ejecutor primoroso al que el Madrid no acaba de ser capaz de echar el lazo. Pero esta vez, además, contó con un aliado providencial. Uno de los nuevos, Erazem Lorbek, completó la labor de zapa de la figura azulgrana. El esloveno, que deslumbró con su selección en el reciente Europeo, volvió a demostrar que es uno de los pívots con mejores movimientos, mano y visión de juego de cuantos compiten por estos lares. Sus dos últimas canastas fueron decisivas, aunque el Madrid pudo haber forzado la prórroga de no haber cometido un error cuando menos se esperaba, cuando quedaban 17 segundos para el final y el balón estaba en manos del experimentado Prigioni. La pifió el nuevo base madridista y Mickeal remató la faena para el Barça.

REGAL BARCELONA 86 - REAL MADRID 82

Regal Barcelona: Sada (7), Navarro (22), Mickeal (12), Lorbek (12) y N'Dong (13) -equipo inicial-; Vázquez (3), Ricky Rubio (5), Basile (0), Morris (12), Grimau (0) y Lakovic (0).

Real Madrid: Prigioni (12), Bullock (7), Hansen (9), Garbajosa (17) y Reyes (11) -equipo inicial-; Llull (5), Kaukenas (6), Vidal (3), Hervelle (6) y Velickovic (6).

Árbitros: Arteaga, Pizarro y Conde.

Centro Insular de Las Palmas: 4.600 espectadores. El Regal Barcelona se proclama campeón de la sexta edición de la Supercopa ACB.

Garbajosa replicó a los 'pívots' rivales, un quebradero de cabeza para los blancos

El partido brindó razones sobradas para disfrutar de lo lindo. Ambas plantillas han cargado mucha munición durante el verano y en el primer cuarto dejaron correr toda su adrenalina en un espléndido toma y daca. El Barça, con Sada como base titular como nota más destacada, aprovechó la excelente mano de Navarro en los triples. Los cuatro primeros misiles que lanzó se fueron al cesto. Y eso es muy difícil de contrarrestar. Pero el Madrid consiguió hacerlo. Ettore Messina ajustó la defensa, no sin algunas dificultades porque cuando subía líneas dejaba demasiados huecos debajo del aro. El técnico italiano, al contrario que su compatriota y seleccionador de España, Sergio Scariolo, prefiere alinear a Sergio Llull en el puesto de base. Y Llull fue el mejor antídoto para frenar el bullicioso juego de Ricky Rubio, que durante algunas fases se encargó de dar más chispa a los azulgrana.

Garbajosa, pletórico, dio réplica a los pívots del Barça, que empezaron dando muchos quebraderos de cabeza al Madrid, que no pudo contar ni con Lavrinovic ni con Van den Spiegel. Las faltas lastraron la labor de N'Dong y Fran Vázquez no tuvo su día. El marcador parecía un acordeón. Tan pronto se iba el Barça (18-10 y 38-30) como recuperaba el Madrid (21-22 y 52-63). El equipo de Messina, con Hansen y Bullock muy activos, fue igualando poco a poco los triples del Barça y estuvo mucho más acertado desde la línea de tiros libres, desde donde sus tres fallos contrastaron con los diez de los azulgrana.

Tras unos instantes en los que el Madrid pareció a punto de romper el partido (52-63) y en los que Ricky Rubio volvió a demostrar su capacidad para cambiar dinámicas de juego, el último cuarto acabó disputándose en el alambre. En esa tesitura, Navarro, pese a dos últimos tiros libres fallados, y Lorbek, fueron letales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de octubre de 2009