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Reportaje:Sexta jornada de Liga

"Hago lo que nadie espera"

Negredo quiere ser en el Sevilla mucho más que un ariete de choque

Por su físico imponente (mide 1,87 metros y pesa 87 kilos), Álvaro Negredo podría evocar el mito español de "a mí, Sabino, el pelotón, que los arrollo", frase atribuida en los Juegos Olímpicos de Amberes 1920 al mediocentro José María Belauste, autor del gol arrollador con el que España derrotó a Suecia. Negredo (Madrid, 1985) aspira, sin embargo, a mucho más. "Soy un futbolista de choque, bastante fuerte físicamente, pero con los pies intento hacer lo que nadie espera", explicaba el delantero del Sevilla, sentado el pasado martes en una cafetería de Glasgow, mientras recordaba con una sonrisa el que habría sido uno de los goles de la temporada: de espaldas a la portería, desde la frontal del área, envió una volea al larguero de Iraizoz el domingo anterior ante el Athletic. San Mamés lanzó un suspiro de admiración: "Ya intenté uno igual con el Almería".

"Hugo Sánchez me enseñó a no pensarme rematar a puerta"

Negredo encaja a la perfección en el esquema del técnico sevillista, Manolo Jiménez. "Por el juego en largo, que puedo bajarlo de cabeza, y también porque hay extremos que ponen muy bien el balón en el área", analiza el jugador. El Sevilla pagó por él 14 millones al Real Madrid, que se guarda una opción de recompra de tres millones el primer año y seis el segundo. "Le hemos acogido con mucha ilusión", se entusiasma el capitán sevillista, Palop; "nos hacía mucha falta porque el equipo dependía mucho de Luis Fabiano y Kanouté. Es un chico muy humilde pese a lo mucho que se ha hablado de él. Valora mucho donde está y disputa cada jugada como si fuera la última".

"Sé de dónde vengo, de una familia muy humilde, y soy como soy gracias a ellos", dice orgulloso Negredo; "mi padre es taxista en Vallecas y mi madre ama de casa. Curiosamente, a ellos no les gustaba el fútbol y les han salido tres hijos futbolistas". Por generación espontánea han llegado los tres a tratar de vivir del balón y uno de ellos, Álvaro, se juzga con dureza: "En actitud soy un ocho y con la pierna derecha un tres". Siempre fue así. Ilusionado y con una gran capacidad de aprendizaje desde que llegó a la cantera madridista, ya "mayorcito", según recuerda, después de haber debutado en el primer equipo del Rayo, del que había sido socio de pequeño. En el Madrid jugó algunos partidos con López Caro antes de destaparse como goleador en el filial que dirigía Míchel.

El actual preparador del Getafe subraya la evolución del delantero en los desmarques en diagonal que le permiten un mayor ángulo para el remate. "Antes era más estático", reconoce Negredo, muy agradecido tanto a Míchel como a sus posteriores técnicos en el Almería, Unai Emery y Hugo Sánchez: "Hugo me enseñó a no pensarme rematar a puerta. Él marcó en una temporada 25 goles, todos al primer toque".

Más potente que rápido, Negredo tiene un poderoso golpeo con la izquierda. También le encanta cambiar el juego de orientación. "No es sólo un rematador", abunda Hugo Sánchez; "da pases, conduce y dribla. Se hace sentir en el área. Tiene gran potencia de arrancada y salto. Se le puede sacar mucho partido". Ahora bien, su estilo poco tiene que ver con el del Hugo goleador de los ochenta y noventa: "Yo era más habilidad y picardía. Él aprovecha su fuerza para chocar. Yo no chocaba, sino que me anticipaba".

En efecto, Negredo se atreve a chocar con cualquiera, aunque hay paredes más infranqueables que otras. "Puyol, Pepe y Ramos son los más fuertes. A veces ganan ellos, a veces yo". En este sentido, su juego evoca al de Batistuta, uno de sus ídolos junto a otro al que vio entrenarse de cerca: Ronaldo: "Era un espectáculo cómo definía".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de octubre de 2009