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Reportaje:

El Viaducto Madrid se cae a cachos

La Xunta encargó desde 1981 sucesivos estudios para rehabilitar el puente del tren de Redondela, Patrimonio del Estado, pero nunca se acometió la obra

Hacía ya mucho tiempo que sobre las cabezas de los redondelanos llovían escamas de color morado. Las costras de herrumbre y pintura, y pequeñas piezas metálicas, se iban desprendiendo del puente viejo del tren, y cuando esto pasaba cundía la alarma. "Algún día va a haber una desgracia", auguraban todos. Pero como pasa siempre con estas cosas, hubo que esperar a que cayese en picado desde una altura de 30 metros un buen pedazo de hierro (una barra de 30 centímetros de largo y un kilo de peso) para que el propietario de la infraestructura, Patrimonio del Estado, tomase alguna medida.

Una red envuelve desde junio el Viaducto Madrid, que mide 411 metros en toda su largura, 256 sobrevolando sobre el valle en el que se asentó la villa. "Tremenda malla verde que le pusieron", comenta ahora el concejal de Cultura, Eduardo Reguera, "creo que costó 20 millones". Desde entonces, la postilla del viejo puente herido por el aire salino del fondo de la ría, quedan suspendidas en la tela, y los cachos de hierro ya no amenazan tanto. Las únicas perjudicadas, en realidad, fueron las golondrinas. Según el grupo ecologista Adega, en la estructura había 80 nidos, y cuando colocaron la red, murieron unas doscientas crías. Quedaron atrapadas, y sus padres no pudieron entrar a alimentarlas.

El primer proyecto proponía un ascensor y, arriba, un restaurante

Al saber que no iba a cobrar la obra, Floriani se arrojó desde lo alto

El Viaducto Madrid, promovido por la MZOV (Compañía de Medina a Zamora y de Ourense a Vigo) y construido por la Compagnie de Fives Liles, se estrenó en 1976, después de que un subcontratista, Pedro Floriani, se arrojase desde lo alto tras saber que no iba a cobrar la obra. La promotora le dijo que aquel viaducto de celosía de hierro sostenida por cuatro cepas de sillería no iba a poder soportar el peso de los trenes. El intento de suicidio lo dejó paralítico, y murió al poco tiempo por las lesiones, después de ver pasar los primeros trenes sin que el puente se inmutase. "La familia siguió reclamando el dinero", cuenta Reguera, "pero los Floriani nunca llegaron a cobrar". El viaducto, que además fue reforzado en 1912, soporta más de 2.000 toneladas, "el doble de peso de lo que tiene que aguantar", asegura el concejal.

Este puente (uno de los dos que sobrevuelan Redondela), considerado por muchos ingenieros como la infraestructura más importante del XIX en Galicia, fue abandonado por Renfe en 1975, después de un siglo funcionando. "Mucho antes", recuerda el catedrático de Caminos Carlos Nárdiz, la empresa pública "dejó de conservarlo, porque ya preveía inaugurar la variante". Así que "a principios de los 80, empezaron a precipitarse trozos de óxido".

"La gente tuvo miedo desde el principio de que se le viniese encima el puente, pero caer no se va a caer", asegura este ingeniero, responsable, con Miguel Ángel Cañadas, de tres de los cuatro informes y proyectos que encargó la Xunta desde 1981 con la intención de proteger de la intemperie, y más adelante de rehabilitar, esta mole. El proyecto de 1987, firmado por Julio Martínez Calzón y Tomás Tarragó, planteaba instalar un ascensor y construir, arriba, un restaurante. Pero tuvieron que pasar diez años antes de que la Consellería de Cultura volviese a acordar de este Bien de Interés Cultural. Entonces, encargó un plan de trabajos previos para preparar el puente para su rehabilitación. Los ingenieros (Cañadas y Nárdiz) aprovecharon para sacar planos, porque no existían. "El levantamiento planimétrico", recuerdan, "demostró que el óxido había provocado en el viaducto una pérdida notable de espesor".

Ya en el año 2000, y atendiendo a ese proyecto, se limpiaron el óxido y la pintura con chorro de arena y agua y se le dio una primera capa de imprimación. Ése es el color, ya desvaído, que presenta todavía el hierro, porque en 2001, los expertos entregaron a la Xunta el proyecto de restauración y nunca fue ejecutado. Los ingenieros propusieron la construcción de un paseo peatonal, según el Ayuntamiento "con suelo transparente". Y el alcalde de Redondela, el eterno Xaime Rei, quedó encantado con la idea. En un terreno colindante que habría que comprar a Renfe, "podría montarse una cafetería".

En sus vacaciones, el alcalde estuvo en Madrid tratando acerca del puente. Según él, pronto habrá buenas noticias. "Tiene que haberlas", opina el concejal, "ahora, con la red ahí puesta, no les queda otra". Lo malo es que el presupuesto para la restauración, "como subió mucho el acero", no ha parado de crecer desde 2001. Lo que entonces iba a costar 50 millones de pesetas, ahora, calcula Nárdiz, "puede rondar el millón de euros".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 29 de septiembre de 2009