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Reportaje:

¿Marafouza o Rabiosa de Callobre?

El campus de Lugo busca con Hijos de Rivera una sidra autóctona gallega

En el Centro de Investigacións Agrarias de Mabegondo, en la Finca de Bos, donde pacían nueve ovejas que hace un mes mató el lobo, hay 600 variedades de manzanas y peras gallegas. Para ser exactos, son 350 los manzanos y 250 los perales, y componen el llamado Banco de Xermoplasma de Galicia. Los ejemplares fueron rescatados de huertos, pazos y monasterios de las cuatro provincias entre 1978 y 1981. Es la mayor colección de material genético frutícola de la comunidad, y pese a su tamaño no es completa.

Galicia era, a principios del siglo XX, la mayor productora de manzanas y de sidra del Estado, pero en los 50 llegó Lleida con su fruticultura industrial y lo cambió todo. Aquí, sin embargo, bajo el imperio global de las Royal Gala y las Granny Smith sobrevive, discreta y diseminada, la mayor diversidad de manzanas (junto con Asturias) y de peras que se puede encontrar en España. La conservación genética, a través del banco de Mabegondo, está asegurada, pero fuera de este santuario los viveros imponen las variedades estándar e importadas. Los manzanos autóctonos que se ven por las leiras, casi siempre desatendidos y cargados de fruta que nadie come, pueden llegar a vivir cien años. Los perales, algo más. Pero haría falta que surgiera un interés comercial para que perdurasen.

Los viveros imponen las variedades de manzana estándares e importadas

"La idea es buscar la denominación de origen, conseguir sidras de autor"

En la Universidad de Santiago, en la Escuela Politécnica de Lugo, hay un profesor predestinado por su apellido. Santiago Pereira, del departamento de Producción Vegetal, es el mayor experto en genética de la fruta que tiene Galicia. En Mabegondo, preseleccionó las 53 variedades de más calidad para la producción, y en la lista de las mejores aparecieron nombres como los de Camoesa, Arriscada, De Libra, Marafouza, Morro de Lebre, Pero, De Príncipe, Repinaldo, Roxa de Xullo, Sangue de Touro, Tres en Ramo, José Antonio o Tres en Cunca.

Todas estas manzanas pueden competir con la Golden o la Starking en la tienda, pero falla lo de siempre en Galicia: la logística hay que centralizarla, y las plantaciones, algunas de hasta 40 hectáreas, están demasiado dispersas. "Es muy costoso transportar la fruta, por ejemplo de Valdeorras, al centro de clasificación, almacenaje y distribución de A Estrada", explica Pereira. Además, si no hay detrás empresarios interesados, "será muy difícil" que algún día las manzanas gallegas consigan la denominación de origen. Porque siempre, detrás de un sello oficial de ese tipo, "tiene que estar tirando el sector industrial". Y al profesor le "cuesta creer" que la producción de fruta, aquí, "se dinamice de tal manera".

Otra cosa distinta puede ocurrir con la sidra. "En esto sí que veo viable llegar a la denominación de origen", sigue Pereira, porque hay una industria, Hijos de Rivera, interesada en lograr una sidra netamente gallega. El departamento que dirige este vigués en el campus de Lugo (en el que, por cierto, también trabaja una investigadora asturiana) está empezando a hacer pruebas. "Estamos viendo, por ejemplo, si la Marafouza da buena sidra. Creemos que sí", reconoce, "pero hay que probar más" combinaciones, hacer correcciones, aportarle quizás más acidez con otras variedades de manzana más peleonas, como la (bien bautizada) Rabiosa de Callobre.

Sidrería Galega, la única planta que fermenta manzana hoy en la comunidad, nació en 1999 de la mano del chantadino Xoán Méndez, un empresario vinculado al sector del vino que unos años más tarde se la vendió a la familia fabricante de Estrella Galicia. En Chantada había (y sigue habiendo) grandes plantaciones que venían de los años 70, cuando en Galicia se fundó la sociedad Inducoa y una comercializadora denominada Cengal, que aspiraban a implantar la fruticultura intensiva. El intento se quedó en fracaso, según Pereira, "por diversos errores técnicos" y por la consabida diseminación de las explotaciones. La empresa quebró y a muchos agricultores les fueron embargadas las tierras, pero en el corazón de Galicia sobrevivieron bastantes pomares.

Ahora, parte de la producción de manzana ácida se exporta a Asturias y otra parte, 2,5 millones de kilos, la compra Hijos de Rivera para fabricar unos dos millones de litros de su sidra Manzanova. Un producto "inespecífico", define el profesor, en el que se mezclan muchas variedades de manzana sidrera. Los dueños de Estrella Galicia, ahora que han aparcado su proyecto de trasladarse a Monterroso, quieren dar un impulso a su laboratorio de pruebas en Chantada. "La idea es conseguir sidras de autor, buscar la denominación de origen utilizando manzanas autóctonas, como han hecho los asturianos". Lograr una bebida de la que Otero Pedrayo no pudiese decir, como llegó a decir de la sidra que se hacía en Galicia, que es "ruin", sino todo lo contrario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de septiembre de 2009