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Entrevista:EN PORTADA

"Tengo un ego saludable"

Los Ángeles
Con Malditos bastardos, Quentin Tarantino se fue del Festival de Cannes sin Palma de Oro y con muchas dudas. Tras retocar su montaje, aclara aquí algunos malentendidos.

Mentiras, mentiras y más mentiras. Eso es lo que Quentin Tarantino lleva escuchando de Malditos bastardos desde hace meses. Y como hablamos con una persona ?con un ego saludable?, tal y como él se describe, y que no calla ni debajo del agua, tal y como le describen los demás, ha llegado el momento de dejar las cosas claras.

El realizador de 46 años se la tiene jurada al digital. A él le gusta el cine en película; el resto es televisión. Como el primer filme que recuerda, uno tipo James Bond titulado Deadlier than the male, con Richard Johnson y Elke Sommer. Y entre cine vive, con una colección de películas de 35 milímetros que se niega a contar para no sonar a obseso y que llena una casa por lo demás vacía de compañía femenina. Completan su espacio sus propias películas, sus guiones y los honores por una carrera que ha llevado a este oriundo de Tennessee (EE UU) de ser un bocazas al frente de un videoclub a ser una de las figuras más reverenciadas del cine actual. Reservoir dogs, Pulp fiction o Kill Bill ya figuran entre los esenciales de la historia del cine, pero ¿qué pasa con Malditos bastardos? Tarantino quiere aclarar los malentendidos de una vez por todas.

El digital para mí es vídeo. Y no imagino pasar por todo lo que conlleva hacer una película como Apocalipse now para rodarla en vídeo

EP3. Dicen que del Festival de Cannes se marchó, además de sin premio, con una película que tuvo que volver a montar.

Quentin Tarantino. Ésta es la primera vez en mi carrera que soy víctima de estos rumores. Me debería sentir orgulloso de que la gente hable tanto de mí, pero me ofende que piensen que los Weinstein o Universal me torean. Yo hago lo que quiero y no me manda nadie.

EP3. ¿Le molesta no haber repetido en Cannes el éxito de Pulp fiction?

Q. T. No le niego que me hubiera gustado ganar. Pero, dicho esto, el premio a Brillante Mendoza como mejor director me pareció muy acertado. Lo mismo que el de Christoph Waltz como mejor actor. Con ése sí que estuve muy de acuerdo [risas].

EP3. ¿Qué le fallaba al montaje inicial que presentó en el festival?

Q. T. Llegué a Cannes con la lengua fuera. Y conseguí una ovación de 11 minutos, que no está nada mal. Vamos, que lo podía haber dejado ahí. Pero ése fue el primer pase con público, el que sirve de orientación para los retoques. Yo no hago pases con público para que me den su opinión. Me siento entre el público y veo lo que funciona y lo que no. Les escucho. Y luego ajusto.

EP3. ¿Por ejemplo?

Q. T. El juego de los soldados alemanes. Lo dejé más recortado. Y extendí la escena entre el coronel Landa [Waltz] y Shosanna [Mélanie Laurent] con la tarta de manzana.

EP3. Y lo que sobra? ¿irá al DVD?

Q. T. No. No aporta nada. Como mucho, toda la historia con Cloris Leachman, que explica el personaje de Donnie Donowitz, la mitología que rodea a su bate de béisbol. No sé si haré la precuela como se ha rumoreado, pero si la película sigue funcionando, lo pensaré? y esa escena irá la primera.

EP3. ¿Estamos viendo un remake de Doce del patíbulo?

Q. T. Ésa es otra. He dicho: ?Esta película será mi Doce del patíbulo?. O mi El bueno, el feo y el malo. Es mi forma de hablar, pero no significa que sea un remake. Lo mismo con The inglorious bastards (1978). Tiene el mismo título [la de Tarantino, en inglés es Inglorious basterds] porque siempre pensé que si hacía una película de un grupo con una misión la titularía así. Lo dije cuando trabajaba en el videoclub. Pero la línea argumental no tiene nada que ver. No es un remake. Yo no hago eso.

EP3. ¿Cómo nace su Malditos bastardos?

Q. T. Como todas mis películas. De sentarme a escribir y empezar por algo muy simple, una idea. Con Reservoir dogs fue el deseo de hacer una película de atracos. Ésa fue la idea. Luego, cuando me pongo a escribir en serio, la película trasciende el género. Lo mismo ahora. Malditos bastardos nace del deseo de hacer una película de género de la Segunda Guerra Mundial. De subgénero, diría yo. Tipo Los cañones de Navarone. Algo que no se ha hecho hace tiempo. Ahí nace la idea de juntar a este grupo de judíos americanos luchando contra los nazis como si fueran apaches, con sus mismas tácticas.

EP3. Pero hay influencias claras de Doce del patíbulo. Homenajes, que se dice.

Q. T. Claro que hay influencias. Es como hacer una de atracos y no verte influenciado por Atraco perfecto. El arranque con todos los basterds en fila me parece muy divertido, porque si en Doce del patíbulo tienes a Charles Bronson, a Telly Savallas, a Jim Brown, aquí tienes en fila a un grupo de chavales de la escuela judía.

EP3. Judíos contra alemanes con algo de resistencia francesa. ¿Cuántos idiomas habla?

Q. T. ¿Yo? Inglés y, si me apuras, con ebonics [argot de la comunidad afroamericana] y hillibilly [hablar paleto]? Bueno, hablo algo de mandarín tras Kill Bill. Y ahora, algo de alemán, pero los idiomas no son lo mío.

EP3. ¿Y aun así se empeña en rodar en otro idioma? ¿No teme que se pierda su ironía?

Q. T. Más que el diálogo, lo que me guía es la musicalidad de mis discursos. Me puse en buenas manos. Para el francés utilicé al traductor de Woody Allen. Y para el alemán trabajé con Tom Tykwer [director de Corre, Lola, corre] y probamos diferentes palabras para dar no sólo con el significado, sino con la musicalidad que quería.

EP3. Otro rumor: que le puso Aldo Raine al personaje de Brad Pitt en honor a ese otro Aldo Ray, guaperas de un Hollywood ya olvidado.

Q. T. Falso, aunque me encantan estas historias. Bueno, hay algo de Ray, el típico sargento estadounidense del Hollywood de los años cincuenta. De hecho, su viuda, Johanna, es mi directora de reparto. Pero está esa otra película que tanto me gusta, El ex-preso de Corea, de John Flynn, que escribió Paul Schrader, donde el protagonista se llama Charles Rane.

EP3. ¡Es usted una enciclopedia cinematográfica! De todas las películas que posee, ¿cuál es la más valiosa?

Q. T. Si te refieres a mi mayor tesoro, siempre será una de esas cintas de serie Z, soft core. Como esa cinta británica porno de los setenta titulada The girl from starship Venus, que dirigió Derek Ford. Su valor reside en su rareza: es de esas películas que literalmente estuvieron dos días en el cine, nunca salieron en vídeo y viste a solas porque ¿quién va a acompañarte a ver algo así? Como mucho, la comentaste con los cuatro locos que estaban contigo en el cine. Pero no me costó ni 200 dólares. Estas copias de 35 milímetros son baratas.

EP3. ¿Y la más cara?

Q. T. Me gasté 7.000 dólares en una copia de Papillón. Era la de Steve McQueen. Tenía 20 minutos más que la normal. ¡Todo eran primeros planos suyos!

EP3. Oírle hablar de los 35 milímetros en la era del 3D suena arcaico, por ser suave.

Q. T. No tengo nada en contra del 3D. De hecho, tengo gafas estereoscópicas de todas las eras del 3D. Incluso de Los crímenes del museo de cera (1953). Pero si hablamos del medio digital, del vídeo, porque eso para mí no es más que vídeo, eso que lo utilicen las telenovelas. Lo mío es el cine, y si me das a elegir, en tecnicolor. No tengo intención de pasarme al digital. No es lo mío. Además, el formato cine expresa la verdadera metáfora de este medio. Su magia. Porque cuando filmas a alguien en cine no capturas su movimiento. El cine son imágenes fijas cuya sucesión crea la ilusión de movimiento. Eso es magia, y no me imagino pasando por todos los sufrimientos que conlleva hacer una película como Apocalypse now para rodarla en vídeo. Yo ruedo porque amo el cine, tal y como me recuerda todo mi equipo, cachondeándose de mí, cada vez que quiero repetir una toma.

EP3. Después de que le colgaran el guión inacabado de Malditos bastardos en la Red, tampoco le gustarán mucho los otros medios digitales.

Q. T. No me molesta Internet per se. Y estoy orgulloso de mis guiones. Ya sabes, tengo un ego saludable. No me importa que la gente los lea. Disfruto escribiendo buenos guiones. Me podría dar más que por satisfecho publicando los guiones y me sentiría como un ganador sin tener que joderlos luego al rodar. De hecho, cuando ruedo no hago un desglose de planos. Ruedo duplicando mi estilo de escritura, reproduciendo el ritmo de mis frases y utilizando el final de un párrafo para los cortes del montaje. Lo que me desagradó de esa filtración es que no era el guión final. Y que se rieran de las faltas ortográficas. Era un primer volcado, sin corregir. A mí me gustan mis faltas. ¡Y tecleo con un dedo!

EP3. Lo mejor queda para el final. No me ha dicho nada de Brad Pitt.

Q. T. No es la primera vez que trabajo con una estrella, y como dice ese viejo refrán, trata a los actores como si fueran estrellas y trata a las estrellas como si fueran actores. Brad es un fantástico actor de reparto y no se me ocurriría otra persona para hacer de Aldo. Fue algo más que trabajar con una estrella. Fue trabajar con una estrella en el punto más alto de su carrera. Un buen momento para liderar a este grupo de bastardos. Mientras le veía por el visor de la cámara pensaba que tenía que ser el mismo sentimiento que tuvo Sydney Pollack cuando rodaba Las aventuras de Jeremiah Johnson con Robert Redford.

EP3. ¿Y por qué basterds? ¿Demasiado fino para decir bastards [bastardos]?

Q. T. Una pincelada artística. ¡No hay que analizarlo todo con microscopio!

Malditos bastardos se estrena hoy en España.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de septiembre de 2009