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VUELTA RÁPIDA | Gran Premio de San Marino

Ahora manda Yamaha, no Rossi

En cierta medida, entiendo el cabreo que lleva Rossi encima. No es agradable ver cómo otro piloto, en este caso Lorenzo, se permite el lujo de ponerle entre la espada y la pared a él, que es el responsable de que la Yamaha sea, a día de hoy, el prototipo más eficaz de la parrilla de MotoGP. Entiendo cómo se siente, porque a mí me pasó algo parecido en 1981, cuando corría con el equipo Heron Suzuki. Por aquel entonces, Graziano Rossi, el padre de Valentino, y Marco Lucchinelli, competían en la escudería Suzuki Gallina. Ellos eran pilotos mucho más altos que yo, y Suzuki diseñó una moto que iba muy bien, pero que para mi estatura era demasiado grande. Les pedí que la metieran en la lavadora, con agua caliente, y me la volvieran a dejar. Cuando la probé de nuevo, la habían ajustado a mi medida, y lo que me encontré me encantó. El problema fue que Suzuki también se la dejó probar a los demás, y ellos decidieron que ese modelo iba mejor que el suyo. O sea, que trabajé para ellos, y Lucchinelli fue campeón a final de año.

Nunca nadie había retado al campeón, dentro y fuera de la pista, como ahora lo está haciendo Lorenzo

El caso de Valentino y Jorge es un poco distinto al mío, sobre todo por las cifras que constan en sus contratos. Si Rossi cobra 14 millones de euros de Yamaha (diez más que su compañero) es porque el desarrollo de la moto también forma parte de su trabajo, de modo que él no puede impedir que la información llegue al bando de Lorenzo, aunque para hacerlo tenga que sortear un muro. En este caso, lo que ha hecho enfadar más a Rossi ha sido que Yamaha le haya permitido a Lorenzo firmar un contrato por un solo año, algo que a él le fue negado en su día. Tanto su acuerdo como el de Jorge expiran al mismo tiempo (a finales de 2010), de modo que no podrá exigir que Yamaha cumpla todos sus deseos, cómo venía ocurriendo hasta ahora. Se da la circunstancia de que nunca nadie había retado a Rossi, tanto dentro de la pista como fuera de ella, como ahora lo está haciendo Lorenzo. Hasta este año, Valentino siempre había marcado el ritmo de Yamaha y lo había controlado todo. Con Lorenzo no hay nada que hacer, manda Yamaha, no él.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de septiembre de 2009