Necrológica:'IN MEMÓRIAM'Perfil
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Premio nacional y mil cosas más

"Y bebí un vino fuerte, como

sólo los audaces beben el placer".

(Konstantino Kavafis, traducción de José María Álvarez).

Así nos anunciaba, hace sólo dos años, que se iba a casar. Sí, vivió bebiéndose la vida a borbotones, con ansia, con pasión, como sólo los audaces o los locos pueden hacer, pero la vivió como quiso y arrastró a todos a los que amaba a vivir junto a él la mejor amistad, la ternura más grande.

Mario era un erudito, un poeta extraordinario, dolorido e intenso; el mejor traductor, que cuidaba las voces de los otros hasta hacerlas más bellas incluso. Políglota, periodista, lingüista, maestro; sus performances, que siempre tienen ese aire de cosa improvisada, eran de una intensidad y de una belleza que más parecían pequeños monólogos de nuestro mejor teatro, porque Mario era escritor y era actor y un recitador de bellísima voz adornada por su dulce acento argentino. Premio Nacional de traducción y mil cosas más, porque todo interesaba a Mario y todo lo tomaba como un reto personal; en todo se involucraba y de nada era aprendiz. Todo lo acometía con la profundidad de un profesional, apoyado por su talento extraordinario, hasta llegar a ser el hombre del Renacimiento que era nuestro Mario. Pero de todos sus saberes, de todo su legado, hablarán otros. Yo sólo quiero aquí recordar al amigo. Mario era, por encima de cualquier otra cosa, el mejor de los amigos, el más tierno y más atento; el que siempre lograba arrancar una sonrisa en el peor momento y cuyo regazo, que ofrecía generoso, acogía de un modo comparable al más cálido de la madre. Ser amigo de Mario era el mayor privilegio, hasta hacernos sentir que éramos especiales.

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Nos decía, cuando al fin tuvo su piso, en el barrio de Chueca, que se había comprado las figuritas de un Nacimiento y que eso ya era estar en su casa, y reía feliz. Mario siempre estaba feliz. Una felicidad dulce, nada agresiva, que se empeñaba en compartir con todos. Y ha sido así: Mario ha embellecido todo lo que ha tocado, nos ha enseñado a todos a quitar importancia a lo que no la tenía y a disfrutar de lo que sí: la amistad y el amor que daba a manos llenas. Pero se nos ha ido. Era muy pronto aún; siempre es pronto aún y lo que no sabemos es qué vamos a hacer ahora sin Mario.

Ana Serrano Velasco es músico, pintora y escritora.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0029, 29 de agosto de 2009.