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Reportaje:

La fosa perdida de las Casabella

Ourol rinde homenaje a cuatro mujeres de una misma familia tiroteadas en su casa por prestar ayuda a un sindicalista que perseguía el Ejército de Franco

Eran cuatro, mujeres, de la misma familia y no estaban afiliadas a ningún partido político ni sindicato. Pero corría el año 36 y pagaron con su vida su simpatía por Alejandro Templás, militante del PSOE y de UGT perseguido por el bando franquista. Hoy su pueblo, Ourol, rinde homenaje por primera vez a las Casabella, a pocos días de la efeméride del fusilamiento de Alexandre Bóveda, desde 2006 Día da Galiza Mártir.

Josefa, Felicitas, Encarnación y la nieta de ésta última fueron tiroteadas en su casa de Candedo por militares que cercaban a uno de los hermanos Templás, Alejandro, condenado en Lugo a 12 años de cárcel "por auxilio a la rebelión" y protegido de las mujeres. Templás, carpintero de 27 años, consiguió escapar al cerco -aunque fallecería poco después tras pasar varios días deambulando por el monte-, pero no así las Casabella. Ni siquiera hubo compasión para la más joven, una niña de 10 años. Junto a ella murieron su madre, su tía y su abuela. A la anciana y a una de sus hijas ni siquiera les dejaron salir de casa. A la pequeña y a su tía las descubrieron en las cuadras y las mataron delante de sus vecinos.

La vivienda, el trigo y el ganado del lugar de Candedo acabaron ardiendo

Era verano, el tiempo de la malla, y los falangistas finiquitaron su tarea prendiendo fuego al trigo, a la vivienda y al ganado de las Casabella. Lo que vino después se hizo con el mayor de los sigilos, y aún así resultó fatal. Lo sabe Marcelino Otero, responsable local del BNG y pariente de un testigo de aquella masacre. Su bisabuelo Francisco, "vecino al fin", se aventuró a enterrar los cadáveres al lado del antiguo cementerio de Santa María de Ourol, fuera del suelo sagrado. Francisco tenía vacas y un carro al que subió los cuatro cuerpos. "Los cubrió con paja, pero el camino tenía muchos baches y los cadáveres quedaron a la vista de todos", relata Otero. Los guardias se percataron del truco y le dieron una paliza. "Le dijeron que siguiera su camino si no quería acabar él también en el carro. Quedó tan afectado que murió a los pocos meses".

Hoy, de la fosa común en la que fueron enterradas no queda nada, pero el recuerdo de las Casabella sigue muy vivo entre los vecinos de Ourol, que han creado su propia leyenda de aquella tragedia. "Existen varias versiones del caso y todos los que hemos crecido aquí hemos escuchado alguna vez a nuestros mayores hablar de las Casabella", reconoce Otero.

Los hermanos Templás, Alejandro y Xosé, naturales de la parroquia de Merille, también serán homenajeados en el acto de esta tarde en Candedo. El segundo de ellos, Xosé, llegó a ser secretario general del Partido Comunista en Galicia, hasta que cayó en Monfero en 1951.

La represión franquista en Ourol se saldó con ocho fallecidos: las cuatro Casabella, Alejandro y Xosé Templás, José Fernández Paisano (condenado a muerte y ejecutado en 1937) y José Fernández Picos Barrendeiro (desaparecido). Pero las represalias también tomaron forma de sanciones, condenas a prisión y expedientes de depuración. La mayoría de los represaliados trabajaban en el campo, pero también había herreros, chóferes y maestros, todos hombres jóvenes. Sin embargo, la mujer tuvo su papel en la resistencia. "Ellas sufrieron la represión tanto o más que ellos", subraya Antonio Veiga, responsable del BNG en A Mariña. "En A Pontenova, los vecinos todavía tienen el sonido de las balas en la cabeza", añade.

La actividad sindical fue intensa en A Mariña durante los años previos a la Guerra Civil. UGT y CNT tuvieron un fuerte protagonismo en Ourol, Viveiro -el polo industrial de la comarca- y A Pontenova y los montes fueron prolíficos en guerrilleros que hoy son leyenda. Entre ellos Luís Trigo, O Gardarríos (desempeñaba este trabajo en el río Masma), ejecutado en 1948 tras ser víctima de una trampa: en Vilanova de Lourenzá lo esperaban, a él y a su compañera, con las luces apagadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de agosto de 2009