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Reportaje:

El Bernabéu pierde un futbolista "de carácter"

Tras decidir el Madrid rescindirle el contrato, Míchel Salgado sopesa la posibilidad de jugar en Qatar

"A menos que haya grandes cambios, seguiré dando guerra aquí", decía Míchel Salgado el pasado 15 de julio sentado en la sala de prensa del lujoso castillo en el que se alojaba el Madrid en la pretemporada en Irlanda. "Nadie [del club] me ha llamado durante las vacaciones para decirme que no cuentan conmigo. Y yo pienso cumplir la temporada de contrato que me queda. Estoy acostumbrado a las listas negras, a que si me voy o me quedo... No se trata de que fichen a un lateral o no. Se trata de que cuenten con uno cuando tengan que hacer el bloque definitivo", explicaba el defensa, de 34 años, los últimos diez pasados en el estadio Bernabéu.

Pues el bloque definitivo se va perfilando y lo que para él, el fichaje o no de un lateral, no habría tenido repercusiones en sí, para el Madrid, para los responsables de la plantilla, ha servido como medida de presión contra él. En la dirección deportiva aseguran que la contratación de Arbeloa, el cuarto lateral de la plantilla, junto a Sergio Ramos, Marcelo y Miguel Torres, fue el argumento definitivo para convencer a Salgado de que su etapa en el Madrid había terminado. "Era algo que veníamos pensando. Tras la llegada de Arbeloa, ya no había más remedio", asegura uno de sus miembros.

El defensa percibirá la ficha correspondiente al año que le quedaba, unos 3,5 millones

El tercer capitán de la plantilla blanca, que llegó al Madrid para convertirse en el nuevo due (dos), en el nuevo Panucci, de la mano de Lorenzo Sanz, el presidente de entonces, y acabó casándose con una de sus hijas, ha disputado 354 partidos entre la Liga, la Copa y la Champions desde que debutara, el 21 de agosto de 1999, pero en las dos últimas campañas sólo sumó 17.

Conocido también por sus negocios inmobiliarios -en 2005 compró junto al ex jugador ruso Karpin, del que fue compañero en el Celta, un barrio entero de Vigo, el del Cura-, Salgado fue titular hasta que, con la llegada del técnico italiano Fabio Capello, en el verano de 2006, empezó a perder protagonismo. Pasó de jugar una media de 30 encuentros por curso a tan sólo 16. El alemán Bernd Schuster sólo le utilizó luego en la Copa del Rey o en casos de extrema necesidad. Pero, aunque ambos le comunicaran que no contaban con él, Ramón Calderón, el nuevo dirigente, no se atrevió a venderle por ser uno de los capitanes y por la gran amistad que le une a Raúl. El siete siempre puso su veto a la salida de su confidente Salgado.

Hasta el lunes. Hasta que Jorge Valdano llamó a Salgado para comunicarle que habían decidido rescindirle el contrato de "mutuo acuerdo", como todas las partes se han empeñado en destacar. Es decir, el Madrid le ha abonado el año que le quedaba -su ficha era de unos 3,5 millones de euros- y el defensa tiene, pues, total libertad para negociar con otro club. Hoy se despedirá ante los medios de comunicación y el próximo día 25, con ocasión del trofeo Santiago Bernabéu, lo hará de los aficionados.

"Hay que agradecerle lo que ha hecho. Con su trabajo y su temperamento ha dado mucho a este vestuario y ha ayudado mucho al equipo. Sí, es verdad que tiene un carácter difícil, pero esto hace que los compañeros se acuerden de él", dijo ayer Casillas.

El Málaga se había interesado en su día por Salgado. También, el Queen's Park Rangers, pero la posibilidad de irse a Inglaterra no parece convencer al jugador, que ahora podría hacer efectivo el preacuerdo de tres años al que había llegado tiempo atrás con el club qatarí Al Rayyan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de agosto de 2009