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Reportaje:HOJAS SUELTAS | el paro, problema número 1

'Terra incognita'

España encabeza la tasa de paro de los 27 países de la UE. Los ciudadanos lo consideran como el mayor problema de este país. Pero la clase dirigente no tiene hoja de ruta

Ninguna duda: lo que más preocupa en España es el paro. Casi tres cuartas partes de sus pobladores lo consideran el problema principal, según los últimos sondeos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y la Fundación BBVA. Hace un año, cuando la crisis no había manifestado su cara más cruel, esa cifra era del 56%. Estamos jugando con las cosas de comer y eso se nota en el salto que ha dado la inquietud por este asunto, a semejanza de lo sucedido en la recesión de 1993.

El paro ha subido un poco en Francia, apenas en Alemania. ¿Por qué las tasas de desempleo en España son las más elevadas de Europa? Algunos expertos señalan la cantidad de contratación temporal, convertida prácticamente en un modo de existencia, puesto que España no se apea del podio del trabajo precario entre los 30 países de la OCDE. Si no justa, esta situación al menos era tolerable durante los años del boom, como ha dicho en este periódico Jean Pisany-Ferry, director del centro europeo Bruegel para la investigación económica. Pero en cuanto la coyuntura dio un vuelco, los jóvenes y los menos cualificados (muchos de ellos, inmigrantes) se fueron a la calle los primeros. A medida que van transcurriendo los meses, la destrucción de puestos de trabajo roe a las empresas por todas partes.

No es raro el pasotismo juvenil hacia la vida pública, cuando de hecho se les invita a quedarse al margen

Además, no se da la suficiente importancia al enorme número de desocupados entre los jóvenes. Tanta precariedad se aparta brutalmente de la media europea. ¿Cómo es posible que el porcentaje de desempleo juvenil (menos de 25 años) sea del 6% en Holanda y... ¡del 33%! en España?, Eurostat dixit.

Una juventud en gran parte parada lleva a la sociedad hacia una terra incognita. Los que estudian más allá de la enseñanza obligatoria se encuentran perdidos en un cambio de sistema universitario (el Plan Bolonia), conscientes de las estrechas perspectivas laborales que se les abren y en un ambiente poco propicio para las ideas emprendedoras. Y aquellos que no estudian, pueden optar entre permanecer ociosos o aceptar trabajos en condiciones habitualmente frágiles. ¡Cuántas cosas estamos aprendiendo con la crisis! Se argumentaba que no tener hijos complica la financiación de los cada vez más numerosos y viejos jubilados; los que así piensan quizá no contaban con que, además de la baja natalidad, los jóvenes tardan bastante más tiempo en ganar dinero y contribuir a la Seguridad Social.

No es raro el pasotismo juvenil hacia la vida pública o las regulaciones sociales, cuando de hecho se les invita a quedarse al margen. Menos puede extrañar que no tengan intención alguna de pagar por los servicios de Internet, su medio favorito. Incluso entre las clases medias y acomodadas, muchos jóvenes transitan más allá de la veintena apoyándose en las redes de la solidaridad familiar.

Otros países europeos no se muestran tan pasivos. Alemania, por ejemplo, es una fuente de ideas para amortiguar el paro. Se trata del programa Kurzarbeit (jornada reducida), pensado para las empresas en pérdidas -no en quiebra-. La Agencia Federal de Empleo cubre el 67% de la merma de ingresos sufrida por los trabajadores (60% en el caso de empleados sin hijos). A los empresarios se les reembolsa entre el 50% y el 100% de las contribuciones a la Seguridad Social. El programa se inició en 2008 para seis meses, pero desde mayo pasado es posible ampliarlo a 18 e incluso hasta 24.

Los costos se reparten. "El trabajador sufre un recorte de sus ingresos, sin duda menor que si perdiera el empleo; el empresario sigue asumiendo parte de las contribuciones a la Seguridad Social, pero el sistema público le reembolsa ese coste en algunos casos", explica Raymond Torres, director del Instituto de Estudios Laborales de la OIT. "Y la Agencia Federal de Empleo subvenciona el sistema: según algunos estudios, el ahorro en prestaciones por desempleo supera ese gasto. La ventaja para la empresa es evidente: mantiene una plantilla cualificada y disponible para trabajar a tiempo completo cuando se produzca la recuperación", agrega.

A todas luces, el sistema alemán no vale si se trata de reestructurar sectores en crisis. No es una panacea, sino una ayuda. Al final de su inclusión en el programa, nada impide que los afectados puedan ser despedidos, pero conservan todo el derecho a la prestación por desempleo. El banco de inversiones Natixis atribuye a este plan una ligera recuperación del consumo en Alemania, aunque se muestra más dubitativo sobre sus efectos a largo plazo.

El modelo alemán ha sido posible porque no tiene sectores tan siniestrados como el de la construcción en España y, probablemente, porque la fase aguda de la crisis financiera pilló al país con un gobierno de coalición entre democristianos y socialdemócratas. En la política española, lejos de buscar una hoja de ruta y consensuar soluciones, se toma la destrucción de empleo como un goloso argumento para el desgaste del adversario.

Del confuso debate sobre el diálogo social, esto es lo que hemos retenido: Esperanza Aguirre, llamándole "sindicalista piquetero" al jefe del Gobierno (y excusándose después); Zapatero, declarando la guerra a la patronal; el jefe de la CEOE, valorando al presidente como un "forofo" sindicalero; y Rajoy, tildando a Zapatero de sectario y autoritario. Tal vez ambicionan el premio al anatema más ingenioso. Si la clase dirigente no es capaz de salir del reñidero, apaga y vámonos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de agosto de 2009