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Reportaje:TOUR 2009 | 14ª etapa

El secuestro de Contador

El español deberá romper en los Alpes el magnetismo de Armstrong sobre el pelotón

"Por lo que me cuentan, los espectadores están haciendo zapping cuando la televisión ofrece el Tour. Claro que si se pone el Tourmalet a 70 kilómetros, sólo un loco podría dar espectáculo". La frase es de Roberto Damiani, el director del Silence Lotto, en el que milita Cadel Evans. Ciertamente, 14 etapas después, la gente se sigue preguntando dónde está el Tour, el de toda la vida, el que atrapaba la atención hasta la línea de meta. Y donde están los ciclistas, los ganadores, los atacantes natos, los desesperados, los furiosos. Se han visto tantos spots en esta edición, se han leído tantos microrrelatos que, obligatoriamente, los Alpes son el siguiente escenario de una película día a día censurada. Y la película, según Damiani, tiene el guión escrito y los protagonistas elegidos, pero no se sabe si finalmente será filmada hoy en Verbier (Suiza) o habrá que esperar a la contrarreloj del jueves en Annecy o, aún más, al Mont Ventoux del sábado.

Verbier "no es muy duro" para el de Pinto, y "más duro de lo que parece" para su director

"Lo normal es que en Verbier ataque Andy Schleck y que Alberto Contador se vaya con él y que Cadel Evans se pegue a Contador", afirma Damiani. "Para Evans, dos veces segundo en el Tour, quedar sexto u octavo le da lo mismo. Ese es un guión posible, pero luego habrá que verlo". A Contador la película le gusta. El español también espera el ataque del corredor luxemburgués, el que le dé pie para que de una vez por todas se mueva la carrera y le permita establecer las diferencias que desea para vestirse de amarillo. Contador no quiere ser un líder circunstancial, por un par de segundos, obligando a trabajar a su equipo sin nada decidido, ni enfilado, siquiera.

Lo que no le gusta a Contador es la subida a Verbier, un puerto suizo de primera categoría, que pone fin a otros cuatro de tercera y uno de segunda en el recorrido. "No es un puerto muy duro", insiste Contador, a pesar de que su director, Johan Bruyneel, sigue pensando que "es más duro de lo que parece".

Sin embargo, el temor se ha adueñado del Tour. La sensación que prevalece es que hay varios ciclistas que van perdiendo 3-0 frente al Astana y lo que desean no es empatar el partido sino evitar la goleada. "Es que el Tour está dominado por el magnetismo de Armstrong", afirma Damiani. "Todos, ciclistas, directores, periodistas, estamos pendientes de lo que hace Armstrong, de todos sus movimientos, de todos sus detalles. Chapeau para él, pero la sensación es que el pelotón está imantado. Y que, de momento, Armstrong tiene secuestrado a Contador".

Escamoteados los Pirineos, los Alpes son el último baluarte, la última esperanza para resucitar un Tour mortecino y rutinario que ha vivido de pinganillos, perdigonazos y batallas particulares por los maillots secundarios. Tras Verbier, hoy, y la jornada de descanso de mañana, esperan otras dos etapas exigentes que, aunque no acaban en alto, invitan a quemar casi todos los cartuchos: el gran Bernard o la Colombiére son puertos que no parecen destinados a pasar inadvertidos. Aunque todo es posible en el Tour. Sobre todo en este Tour, el más atónito de los últimos años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de julio de 2009