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Necrológica:

Go Mi-sun, la mujer que quería tocar los cielos

Coronó 11 de los 14 'ochomiles' en sólo tres años

Go Mi-sun solía gritar cuando escalaba, cuando se aferraba con las manos a un saliente y desafiaba a la gravedad. Eran chillidos que resonaban por los techos del mundo. Hace tres años, la surcoreana se propuso coronar todas las montañas que superan los 8.000 metros. Conquistó 11 de las 14 cimas en un tiempo récord, las últimas cuatro en tan sólo 72 días. La undécima, el Nanga Parbat (Diosa Desnuda, en sánscrito; 8.125 metros), en el Himalaya paquistaní, fue la última. Murió el 11 de julio, tras resbalar cerca de un glaciar y caer a un abismo de 1.000 metros. Desde el campamento base, sus compañeros vieron cómo desaparecía para siempre.

Nacida en Seúl, en 1966, era la pequeña de seis hermanos. Se aficionó a la escalada en un instituto de Incheon, ciudad costera a la que se trasladó para completar sus estudios. Desde entonces nunca dejó de escalar. En 2006, al cumplir los 40, se lanzó en una frenética carrera para hacer historia. Ninguna mujer había conseguido los 14 ochomiles. Empezó con el Cho Oyu (Nepal) y continuó por el Everest. No tardaron en llamar a su puerta los patrocinadores. Los medios de comunicación surcoreanos azuzaron la competencia entre ella y su rival Oh Eun-sun. Ambas aspiraban al mismo objetivo y viajaban por el mundo durante todo el año, escalando una montaña tras otra.

Los métodos de las surcoreanas eran criticados por el resto de alpinistas, que las acusaban de emplear bombonas de oxígeno para resistir a las alturas y de utilizar helicópteros para moverse entre los campamentos. Go Mi-sun, conocida en su país como Caballo Oscuro, siempre sostuvo que sólo utilizó oxígeno en dos ocasiones (Everest y K-2). El 10 de julio, horas antes de su muerte, cuando se aproximaba a la cima del Nanga Parbat, se cruzó con Oh Eun-sun, que descendía tras conquistar su duodécimo ochomil. Go conseguía poco después su número 11.

Llegó a la cumbre en una ascensión rápida. Se desató entonces un temporal que la obligó a refugiarse en uno de los campamentos de apoyo. Al día siguiente, casi sin descansar y pese a que el tiempo no había mejorado, inició un descenso apresurado. Poco acostumbrada a escalar sin cuerda fija, tuvo que atravesar una zona en la que no había cuerda y donde abundaba el hielo. Un helicóptero la localizó al día siguiente, en un saliente tan estrecho que apenas podía sostener su cadáver. Las fuertes nevadas han impedido, de momento, su rescate.

Conocida por planificar cuidadosamente cada expedición, Go se había precipitado al ver de cerca la muerte. Hace meses sobrevivió a un alud en el K-2 que mató a 12 alpinistas. Este año, antes del invierno, pretendía coronar los tres ochomiles que le faltaban. El resto de aspirantes a conseguirlo tenían calendarios más pausados. Entre ellas, además de Oh Eun-sun, se encuentran la austriaca Gerlinde Kaltenbrunner y la española Edurne Pasaban, que ayer expresaba sus condolencias desde su página web.

El mismo día en que Go fallecía, otro escalador, el austriaco Wolfgang Köblinger, sucumbía también al Nanga Parbat. Su cuerpo permanecerá para siempre en los hielos del Himalaya, tras deslizarse hacia una zona inaccesible a los helicópteros.

Oh Eun-sun, la rival de Go Mi-sun, ha accedido a la petición de la familia de esparcir sus cenizas, una vez su cuerpo sea rescatado, por los pocos ochomiles que Go nunca podrá coronar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de julio de 2009