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Reportaje:

El más sanguinario de O Courel

Los más viejos de Ferreirós de Arriba recuerdan a O Matón de Teixeira, un falangista tan vil que al final fue asesinado por los suyos de un tiro en el oído

"Aquí non podes falar, a xente é o demo. Logo te chaman comunista". José Álvarez Ferreiro, vecino de Ferreirós de Arriba, en O Courel, buscaba hace tiempo a alguien de fuera para contarle sus recuerdos de la Guerra. Con sus ojos de niño de 11 años vio atrocidades que ahora, con 84 cumplidos y una espalda que lo mata, desea dejar dichas. Dos casas más arriba, vive Daniel Visuña, más conocido por todos como Benito. Va para los 97 y es el último courelán vivo de todos los que fueron reclutados para liberar a Aranda en Oviedo. Marchó en O Montenegro, el coche de línea, y luego combatió en Teruel y Cataluña. La metralla le dejó tallado el esquema de la "guerra de España" en la frente. Se pasó prácticamente los tres años fuera y no pudo venir ni cuando murió su padre. Dice que "los muertos de la guerra no se cuentan". Que la guerra es "una escabechina" y así hay que aceptarla. Pero en O Courel acusa a "los de la Falange": "Eran unos criminales, mataban hasta al que era más bueno que el pan. Y el de Teixeira era el peor".

"Mazaron al músico y lo tiraron vivo a una cueva muy honda"

Le encontraron las cartas de amor al matarla. Luego se lo cargaron a él

El otro vecino, José, no pierde el tiempo en presentaciones. Dos desconocidos suben la cuesta empinada que lleva a su casa, se lo encuentran sentado al sol en la entrada, con un gato recién nacido frotándose en sus piernas. Le dicen que son periodistas, que vienen de Santiago para escucharlo y él, sin preguntas, empieza a soltar lastre. "Pues un día bajaron del monte 20 escapados. Se metieron a comer uno o dos en cada casa. Y otro día llegó uno sin pierna y con un perro grande. Dijo que era asturiano y preguntó por la cantina. Pidió un vino para él y rosquillas para el can. Lo mataron en el Alto da Trapa, lo tiraron a rebolos y allí se pudrió. El perro no se separó de él en ocho días".

José coge carrerilla y se desboca. Llega un momento en que la audiencia pierde la cuenta de los represaliados y escapados de O Courel. "Al Blanquín de Meiraos lo mató en Visuña uno que lo esperaba escondido en un pozo. La Guardia Civil lo llevó en burro a enterrar en su parroquia". "Otros cuatro escapados llegaron aquí de noche de todo. Querían cuartos, pero el viejo do Farañón se les enfrentó: 'que vos esfolo co machado!'. El cabecilla era O Velasco, de Vega de Valcárcel. Era muy fuerte, podía con todos, y nunca lo pillaban. Pero un día lo mataron. Llevaba a hombros a un compañero herido y no pudo correr".

"La gente tenía miedo. Y los viejos más. Los niños casi no. De los escapados y sobre todo de los falangistas, que hicieron muchas; muchas". Había cuatro que "venían a diario a requisar pan y cabritos. Los peores eran O Mostaz y sobre todo O Matón de Teixeira". José coincide con Benito al señalar al hombre más sanguinario que dio O Courel. Su maldad inspiró un poema a Novoneyra y su historia se ha ido contando entre generaciones. De lo que ya casi nadie se acuerda es de su nombre. Se llamaba Emilio Aira y cuando quería mal a alguno lo acusaba de robar "a ferramenta" de las obras de la carretera, la actual LU-651 que lleva a Quiroga.

"En Ferreirós de Abaixo, los falangistas le dieron madera al Zamorano. Luego, los del pueblo lo untaron con miel y aguardiente y lo tuvieron envuelto en una sábana hasta que curó". "También andaba por ahí una mujer de Sobrado. Era la jefa de una cuadrilla de escapados. Cuando la mataron le encontraron en la bolsa las cartas de amor que le escribía uno de Visuña. Entonces, fueron a buscarlo y lo mataron sobre el puente en Ferreirós de Abaixo".

"O Matón también acabó con Amador García, el tío de mi mujer", sigue contando José. "Pusieron la excusa de la ferramenta. Lo mataron en la calle, y su moza, del disgusto, murió días después. Dicen que le vino la regla" y se desangró. Por entonces, la madre de José tejía unos calcetines para otro hijo, Manuel Álvarez, que estaba en el frente de Teruel. "Había un escapado que andaba detrás de ellos", recuerda el hermano pequeño: "Ojalá que su hijo no caiga, y que vuelva', le decía, 'pero a mí me venían muy bien en el monte'". Al final, los calcetines nunca salieron de Ferreirós, porque Emilio Aira mató al correo.

Manoel Cela, de Parada, era músico de verbena y compañero de Manuel Álvarez en el campo de batalla. Vino a casa con un permiso. "Traía un chubasquero y unas botas viejas de mi hermano y le iba a llevar de vuelta otras botas y los calcetines", cuenta José. Manoel estaba marcado desde que asistió a un mitin de Acción Republicana, en Seoane, y socorrió a un candidato que fue herido de bala. O Matón y sus secuaces "mazaron al músico y lo tiraron vivo a una cueva muy honda en Teixeira". Su padre lo sacó ya muerto con una cuerda. Las quejas de los familiares de Manoel y de Amador ablandaron a las autoridades y Aira fue llamado a filas. En cuanto se incorporó, el sargento, que era de la zona, le puso la pistola en la oreja y disparó. "Mi padre me enseño a segar hondo", dio por toda explicación al regresar a O Courel. A O Matón, dice Benito, "se lo cargaron adrede los nacionales" por higiene.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de junio de 2009