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COLUMNA

La Inquisición

Epilón el Arconte, como nos cuenta en sátira el griego Arquíloco, adjudicó la contrata para el saneamiento de las cloacas de Atenas a un empresario sin escrúpulos, se supone que a cambio de una jugosa comisión. Cada vez que llovía, las cloacas rebosaban hasta que un día la pestilencia inundó la oficina de Epilón. En la versión actualizada de Darío Fo: "Lo han encontrado rebosante hasta el gaznate de excrementos". La política en Europa se nos va llenando de epilones. Por eso brilla todavía más el bendito americano. Los gladiadores luchaban "sin miedo y sin esperanza". Si Obama es capaz de poner en vilo al planeta con un discurso profundamente político, el más inteligente desde el fin de la guerra fría, es porque habla "sin miedo y con esperanza". Por aquí, algunos notables comentaristas le han puesto una tacha por su supuesto error histórico al referirse a la Inquisición.

En el editorial del principal medio conservador se afirmaba con cierto despecho: "La frase dedicada por el presidente a España muestra su total desconocimiento de la historia de la península Ibérica" (Abc, ayer). Y se vuelve a repetir el lugar común de que la Inquisición surge con los Reyes Católicos. Pues no. Obama está bien informado y no se equivocó. Ocurre que esa gran calamidad sigue siendo tabú entre nosotros. Eso explica que la imprescindible Historia crítica de la Inquisición en España, de Juan Antonio Llorente, secretario él mismo del Santo Oficio en Madrid a finales del XVIII, y que debería ocupar un lugar central en bibliotecas y enseñanza, pertenezca todavía al género underground. Llorente ya distingue con claridad entre la Inquisición "antigua" (que se remonta, al menos, a 1232) y la "moderna", que se establece reinando los después llamados Reyes Católicos. Por cierto, Llorente escribió su obra en el exilio "cum ira et cum studio". Viendo lo que vio, no le quedaba ni un mendrugo de esperanza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de junio de 2009