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Crónica:35ª jornada de Liga

El Athletic gana su 'semifinal'

Caparrós hipnotiza con diez suplentes a un inoperante Betis y el equipo coge aire para la Copa

Se debatió, se dudó, se especuló se reflexionó sobre la actitud de Caparrós de oponer el plan B del Athletic al Betis cuando están en juego las plazas de descenso. Se debatió sobre la profesionalidad de esa decisión, que no tenía otra misión que apostar por la Copa, el objetivo rojiblanco desde el principio de la temporada. Pues nada de nada. Habría que preguntarle al Betis, al que Caparrós hipnotizó con su planteamiento revolucionario. Unos dudaban, otros reflexionaban, pero el Betis se equivocaba de cabo a rabo, desde el minuto 1 al 90. El bailecito que le dio el Athletic en la primera mitad, cuando el Betis se jugaba tres cuartas partes de vida, no tenía precio, no tenía explicación, no tenía sentido. La actitud del Athletic era la que se suponía. Lo que podría llamarse el grupo de meritorios de Caparrós tenía tres trabajos: convencer al jefe, defender su autoestima y, quién sabe, si ganarse un puesto en la final del miércoles. Resulta que eso valía más que el estado de necesidad del Betis.

ATHLETIC 1- BETIS 0

Athletic: Armando; Eneko (Amorebieta, m. 75), Ustaritz, Etxeita, Balenziaga; Etxeberria (Toquero, m. 82), Gurpegui, Muñoz, David López; Garmendia y Ion Vélez (Susaeta, m. 89). No utilizados: Iraizoz; Goñi, Iñigo Vélez y Del Olmo.

Betis: Ricardo; Nelson (Mark González, m. 46), Juanito, Melli, Vega (Pavone, m. 72); Damiá, Arzu, Cañas (Rivera, m. 62), Edu; Emaná y Oliveira. No utilizados: Casto; Juande, Rivas y Monzón.

Gol: 1-0. M. 29. Centro de Etxeberria que empuja a la red Ion Vélez.

Árbitro: Mejuto González. Amonestó a Gurpegui, Nelson y Damiá.

Unos 32.000 espectadores en el estadio de San Mamés.

El bailecito rojiblanco de la primera mitad no tenía explicación ante un rival lánguido

Y llegó el gol de Ion Vélez en una doble ocasión, primero malgastada y luego asistida por Joseba Etxeberria. El gol demostraba la endeblez defensiva del Betis. De lo ofensivo se encargaron Emaná y Oliveira que erraron dos ocasiones ante Armando que ilustraron al veterano guardameta rojiblanco.

Resulta que el Athletic tocaba, alternando su juego tranquilo con balones en profundidad a los laterales, mientras el Betis se mostraba incapaz de superar un centro del campo aguerrido rojiblanco en el que Gurpegui y Muñoz parecían un muro insalvable para los lánguidos centrocampistas verdiblancos.

Podía pensarse que la decisión de Caparrós de alinear a los otros podía minar su moral, porque jugar contra el Betis significaba no jugar la final de Copa. Lo había dicho Caparrós: "Necesitamos un equipo fresco para jugar el miércoles". Verde y con asas, puchero. Quien jugaba ayer tenía pocas posibilidades de jugar en Valencia. Quizás David López que, llegando de una lesión, necesitaba minutos para la frescura.

El Betis hizo el resto. Su apatía, su poca garra, su premiosidad en el juego destensaron a los jóvenes rojiblancos, que empezaron con aquel juego de gorrazos, pero pronto decidieron alternar algunas sutilezas.

Al Betis se le vio poco. Cositas de Cañas y cositas de Emaná que sin embargo no encontraron la red. Algo tuvo que ver Armando, que le esperó con calma en la primera oportunidad y se le plantó en la puntera en la segunda. Armando, inutilizado esta temporada, demostró más frescura de la esperada. Tal era la galvana del Betis que futbolistas inusuales como Etxeberria o Ion Vélez empezaron a crecer, como olvidando su inactividad.

Perdidos 45 minutos, con un gol en contra, el Betis cambió el péndulo y se fue al otro costado. A encastar el partido, a buscar el choque, a olvidarse de lo sutil, a jugar como si se hubiera dado cuenta de que le iba la vida en ello.

El partido del Betis merece, cuando menos, un capítulo de cualquier tratado psicológico del fútbol. ¿Hipnosis de Caparrós?, ¿exceso de confianza? ¿confusión total? Quién lo sabe...

El Athletic lo agradeció. No sólo ganó el partido, sino que descansó al equipo y encontró la mejor situación futbolística y psicológica para afrontar la final de Valencia frente al Barcelona. No habrá debate sobre si hizo bien o hizo mal Caparrós; no habrá debate sobre el riesgo de los futbolistas titulares; no habrá debate ninguno entre la afición que había aceptado el partido como un trámite y lo vivió como la mejor semifinal. Además, la permanencia está prácticamente asegurada. Misión cumplida.

El Betis se fue como llegó. Sin entender nada, sin saber cómo afrontar el partido, sin definir su manera de encarar el encuentro ante un rival presuntamente inferior y sin resolver su duda existencial: ¿a qué juega en estos casos? ¿A nada, como en la primera parte, o a la pelea, como en la segunda? Lo sabrá a final de temporada. El Athletic era feliz, a cambio, cuando suponía que iba a sufrir psicológicamente. Y ganó. Y se salvó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de mayo de 2009