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Miles de personas caldean el ambiente contra el G-20 en Londres

Ecologistas y anticapitalistas se manifiestan en varias ciudades europeas

Un ambiente festivo presidió ayer la marcha de decenas de miles de personas por el centro de Londres, bajo el lema "empleo, justicia y protección del medio ambiente", en el estreno de una semana de protestas contra la cumbre del G-20 que se celebrará el próximo jueves en la capital británica.

Convocados por la organización Poned a la Gente en primer lugar, que agrupa a centenar y medio de sindicatos, grupos ecologistas, benéficos y religiosos, los 35.000 participantes (según estimaciones policiales) desfilaron desde la orilla norte del Támesis hasta Hyde Park rodeados de un fuerte cordón policial.

Trabajadores, activistas y muchas familias acudieron en tren, autocar o coche, y sortearon el cierre de muchas estaciones de metro a causa de las obras de reforma, para reclamar cuestiones tan heterogéneas como una "regularización seria del capital", el repliegue de Irak y Afganistán o mayores inversiones en "una economía verde". La preocupación ante el inmediato futuro, ante los estragos de la recesión, fue el denominador común.

Algunos ciudadanos critican que la cumbre cueste 20,4 millones de euros

Algunos manifestantes se declararon indignados por el coste de 19 millones de libras (20,4 millones de euros) que entrañará la reunión de los líderes de los países que representan el 80% del PIB del planeta, y también se pronunciaron algunas consignas contra los bancos y sus gestores, receptores de jugosas compensaciones económicas pese a que muchos han necesitado la ayuda del Tesoro público para evitar la bancarrota.

El desarrollo del acto estuvo exento de los episodios violentos que tratarían de realizar supuestos grupos anarquistas, según vaticinaba la policía, muy criticada ayer por sembrar una alerta que muchos manifestantes atribuían a un intento de mermar la participación popular.

El contribuyente también pagará los ocho millones de libras que exige el despliegue de 2.500 agentes (se han cancelado todos los permisos y días libres) en el corazón de la ciudad ante la cita del G-20. El principal objetivo del mando policial se centra en el ramillete de manifestaciones previstas la víspera de la cumbre -cuando el primer ministro Gordon Brown ofrecerá una cena a los dignatarios en Downing Street- y a lo largo de la jornada del encuentro.

Grupos anticapitalistas, anarquistas y antiglobalización preparan para el 1 de abril -rebautiza-do como el Día Financiero de los Inocentes- protestas en torno al edificio del Banco de Inglaterra, frente a la Embajada de Estados Unidos y la sede del Royal Bank of Scotland, una de las entidades rescatadas por el Gobierno británico.

Scotland Yard teme acciones sorpresa -como el hipotético intento de asalto de uno de los centros del poder financiero- convocadas en tiempo real gracias a los mensajes SMS y la tecnología informática. Al día siguiente, la diversidad de activistas confluirá cerca del centro de convenciones ExCel (este de Londres), mientras los líderes parapetados en ese recinto intentan consensuar medidas frente a la crisis financiera mundial.

Las protestas contra el G-20 fueron secundadas en decenas de ciudades de toda Europa, desde Francfort a Sevilla. Algunas de las más numerosas se celebraron en Viena, donde acudieron más de 6.000 personas, y en Barcelona, donde hubo unas 3.000 personas según la Guardia Urbana.

Sindicalistas, parados, jóvenes, pensionistas y colectivos de inmigrantes salieron bajo la lluvia para protestar contra la reu-nión del G-20 de Londres, bajo el lema "Que la crisis la paguen los ricos". No se registraron incidentes de importancia durante la marcha, que en cambio sí estuvo marcada por distintas performances que se burlaban de los políticos, entre ellos el consejero de Interior, Joan Saura, criticado por la actuación de la policía autonómica catalana en las protestas de los estudiantes anti-Bolonia.

Mientras, los políticos siguen tratando de dirigir la ira hacia los banqueros y sus sueldos millonarios. Ayer la canciller alemana, Angela Merkel, y otros miembros de su Gobierno criticaron duramente a los ex directivos del Dresdner Bank. El más duro, el ministro de Interior, Wolfgang Schäuble, que, en un congreso regional de su partido, les calificó de "sepultureros de la economía social de mercado" por dejar el banco con grandes indemnizaciones, pese a los malos resultados de su gestión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de marzo de 2009