Una asociación de Vigo homenajea a una vecina por su lucha

Muy pocas personas pueden contar una vida exenta de dificultades. La de Carmen Costas Martínez las tuvo todas. Su historia es la de una mujer que tuvo que hacer frente a la emigración, la soledad, la enfermedad y los apuros económicos. Un guión mil veces reescrito en la Galicia del siglo XX y extrapolable a millones de mujeres en todo el mundo.

A sus 81 años, Carmen puede contar que ella no se rindió. Por eso sus vecinos de la Asociación Monte da Mina de Castrelos, en Vigo, se acordaron de ella para celebrar este año el Día de la Mujer Trabajadora. Como es costumbre en el colectivo, la efemérides se conmemora en la figura de una mujer miembro de la comunidad.

Ayer por la tarde, Carmen se presentó rodeada de todos los suyos en el Centro Cultural del barrio. Pensaba que iba a ver el primer concierto de su hijo Manolo convertido en gaitero y se encontró con una fiesta para ella. "Los vecinos de Castrelos queríamos decirle a la señora Carmen lo mucho que la apreciamos; aquí todos la conocemos", explicaba Pilar García Fole, desde la directiva de la asociación vecinal.

Cuatro años pasó el matrimonio en los secaderos de café de Guinea

Como la recuerdan casi todos en Castrelos es detrás del mostrador de la tienda de ultramarinos que montó a los 35 años, viuda, con dos hijos y cuatro sobrinos a su cargo. Partía con una inversión de 12.000 pesetas en mercancía y con un capital humano de valor incalculable: ella misma y su hijo mayor, apenas un adolescente. En esas circunstancias empezaba Carmen una vida nueva; ella, que ya había pasado por el desgarro de la emigración que la separó de sus hijos y por el dolor de perder a su compañero. Cuatro años pasó el matrimonio en los secaderos de café de Guinea hasta que un infarto se llevó a Domingo. Estaban preparando un viaje a Vigo para la Primera Comunión de esos hijos a los que dedicaban canciones por la radio. Cuando la pena se lo permitió, Carmen recobró las riendas de su vida y empezó de cero otra vez.

"La historia de mi abuela es la de cómo montar un negocio sin créditos, la de criar en solitario una familia numerosa sin subvenciones ni guarderías y la de hacerse cargo de padres y hermanos enfermos sin ley de dependencia", comenta, emocionada, su nieta María.

Después de tantos avatares, resultó que la emoción dejó sin palabras a esta mujer valiente en el día en el que recibió el cariño de los suyos y del barrio entero. "Ya habéis visto lo que ha sido mi vida", dijo. Antes de que se le saltasen las lágrimas, a Carmen le dio tiempo a dar las gracias a todos y a anticiparle una buena regañina a su nieta, por armadanzas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 08 de marzo de 2009.

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