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Sidegasa resucita en Malasia

La factoría de Curtis que se cerró en 1988 se trasladó por barco al país asiático

Un expediente de regulación de empleo en Emesa Trefilería, fábrica de elaborados metálicos en el polígono coruñés de A Grela, trae de cabeza a Xosé Castro. Peina ya los sesenta, con un pie en la jubilación y otro en las labores de delegado sindical, pero son muchos los que apuntan a él en UGT como memoria viva de la reconversión industrial en Galicia. Los problemas de espalda le han llevado últimamente al osteópata, pero de memoria anda fino. Un calendario en la cabeza. Y una fecha grabada: el 16 de abril de 1988. Ese día se decretó el cierre oficial de Sidegasa, el símbolo de la siderurgia que no pudo ser, levantada en Teixeiro (A Coruña), que dejó en la calle de un plumazo a más de medio millar de trabajadores y provocó uno de los conflictos laborales más largos de la historia empresarial gallega.

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"Seis o siete meses de movilizaciones, con aquel lío del zarandeo al coche de Alfonso Guerra siendo vicepresidente del Gobierno en el aeropuerto de Alvedro". Y todo, lamenta, para que hoy en día, con su acería y sus equipos de fundición prácticamente íntegros, Sidegasa tenga una nueva vida a miles de kilómetros de Galicia. Su desmantelamiento también fue un negocio.

Castro, natural de Sober, pertenecía al comité de empresa de la siderúrgica gallega. Tenía entonces 38 años y trabajaba en el área de mantenimiento. "Aquello dio mucho dinero -recuerda-. El cierre fue un negocio por varias vías: por las toneladas que se dejaron de producir, que estaban primadas por Europa al ser un sector en reconversión, por el achatarramiento de algunas de las instalaciones y por la venta de otras". El tren de laminación, por ejemplo, acabó en Torras, en Cataluña, por aquel entonces propiedad de la compañía Celsa, la que llevó a cabo el cierre y liquidación de Sidegasa. Castro apunta muy lejos cuando toca hablar del núcleo de la planta. La acería al completo se embarcó desde el puerto de A Coruña con un destino remoto: Malasia, hoy uno de los considerados tigres asiáticos, pero por aquel entonces poco más que un país en vías de desarrollo.

La ciudad de Johor Bahru, con algo más de medio millón de habitantes en la actualidad, fronteriza con Singapur y bien conectada con el aeropuerto internacional de Malasia, no pasaría de ser un polo industrial más si no fuera por las inversiones que han realizado multinacionales como Lion Group, un consorcio muy diversificado, con presencia en medio mundo y más de 50.000 trabajadores.

A este holding pertenece actualmente Antara Steel Mills, la empresa que compró la acería a Celsa. Allí están hoy el corazón y los pulmones de Sidegasa, a pleno rendimiento, según responsables de las ingenierías y consultoras que se encargaron del proyecto del traslado.

"El desmantelamiento llevó dos años, hasta bien entrado el 90", recuerdan incómodos. Y también tiran de memoria para hacer sus cálculos: "La venta de la acería supuso un ingreso de cinco millones de euros, algo menos la enajenación de los terrenos, unos 400.000 metros de superficie utilizada, pero 2,5 millones de metros en total, que acabaron en manos del Sepes". De Sidegasa, como del cerdo, se aprovechó todo. Hoy en día, casi veinte años después, un manto de silencio cubre todo cuando supuso su cierre.

Celsa no quiere saber nada de aquella operación. El grupo que preside Francisco Rubiralta controla ahora en Galicia la compañía Hierros Añón, con sede en A Laracha (A Coruña), tras haber pagado en mayo de 2007 más de 415 millones de euros a sus propietarios, Manuel Edelmiro Añón y Epifanio Campo.

Los portavoces del grupo catalán se sacuden cualquier protagonismo en aquella crisis. "En el grupo, excepto el presidente, apenas quedan directivos de aquella época que puedan recordar cómo se articuló la operación de venta de las instalaciones", argumentan. Los responsables sindicales de Añón, por el contrario, traen a la memoria la crisis de Sidegasa para aludir a los eventuales problemas que puedan afectar ahora a la planta de A Laracha.

¿Y quién es Antara Steel Mills? Fundada en 1975, ha pasado por varias manos hasta acabar en Lion Group, que cuenta con más de media docena de siderúrgicas repartidas por el sudeste asiático.

En las instalaciones de Johor Bahru trabajan más de 700 empleados y cuentan con una capacidad anual de 600.000 toneladas, según datos de la propia empresa. Coincidencia o no, Sidegasa, en su momento de esplendor, tuvo una capacidad de producción de unas 700.000 toneladas anuales.

Antara utiliza, al igual que su gemela gallega, la chatarra de acero como materia prima y aunque sus responsables aluden en su información oficial a que tienen el certificado ISO 9002 desde 1994, no hacen públicas imágenes de las instalaciones, al contrario que con otras plantas de Lion Group, sin duda más modernas. La compañía destina el 55% de su producción a la exportación, con clientes repartidos entre Tailandia, Marruecos, Singapur, Indonesia, Brunei, Estados Unidos, Australia y Filipinas, entre otros países.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de marzo de 2009