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Cumbre europea ante la crisis

El temporal que viene del Este

Varios países centroeuropeos se enfrentan a riesgos de quiebra por la crisis de sus sistemas bancarios, que amenaza también a entidades occidentales

Claudi Pérez

Una de las singularidades de la sensacional crisis financiera del último año y medio es que se ha ensañado con el mundo desarrollado, pero apenas ha afectado a los países emergentes. En Europa, eso se acabó. La recesión y la crisis del crédito han llegado al centro y al este del continente con una virulencia enorme, convirtiendo la región en el segundo epicentro del huracán financiero, tras los destrozos causados por la basura hipotecaria de EE UU. Los especuladores revolotean ahora sobre los sistemas financieros, las monedas y la propia solvencia de los Estados de la región. Los bancos de Europa occidental, que financiaron el gran crecimiento del Este en los últimos años, sufren, contaminados por sus inversiones en la zona. Más y más sombras sobre el horizonte.

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Europa quiere combatir el miedo con dinero: los países europeos del G-20 plantearon ayer incrementar hasta los 500.000 millones de dólares los recursos del FMI para manejar la sangría financiera que supone el riesgo de colapso en el Este de Europa. El Banco Central Europeo ha advertido de que las normas permiten que la Unión "en su conjunto" ayude a países en apuros. Alemania y Francia no descartan salir al rescate de los países en riesgo para evitar una nueva espiral negativa en el sistema bancario, una segunda vuelta del huracán financiero que puede ser devastadora y que la semana pasada provocó fuertes caídas en Bolsa de los bancos más expuestos al Este.

Bucarest y Varsovia no están en Asia, pero el pinchazo de las economías del antiguo bloque soviético recuerda peligrosamente a los episodios que sufrió el sureste asiático en 1997. O los de Argentina en 2001. O los de México en 1994. La lista es extensa. Y en todos los casos se repite la misma -o muy parecida- historia de juguete roto: economías que vivieron un boom espectacular y acumularon grandes desequilibrios no resisten ahora la combinación de crisis financiera mundial y ralentización económica global. El Este de Europa se tambalea.

Con una peligrosa diferencia: esta vez puede ser aún peor que la crisis asiática. "Los países del Este no cuentan con la fortaleza del resto del mundo para recuperarse vía exportaciones, como sucedió hace 10 años con Asia", afirma Daniel Gros, director del Centro de Estudios de Política Europea en Bruselas. "A las puertas de Europa se está cociendo algo grave, y si no llegan las ayudas el problema bancario en Europa occidental va a ser más y más severo", explicó a este periódico el economista belga Paul De Grauwe. El pesimismo se cierne sobre Europa. Aunque las ayudas lleguen, "probablemente los Estados de la Unión no tienen ya los recursos suficientes para prevenir un colapso en el Este", aseguró ayer el profesor de la London School of Economics, Willem Buiter. "A estas alturas, un descalabro europeo como el del sureste asiático en 1997 es posible", concluyó.

Se trata de algo parecido a otra burbuja que pincha. "Durante los años del boom, llegaron montañas de dinero del exterior y tanto las familias como las empresas acumularon grandes endeudamientos en moneda extranjera (euro y franco suizo), y los países presentan déficit comerciales enormes", explica el economista Jiri Pehe, director de la Universidad de Nueva York en Praga. Ahora que la crisis desnuda todas las carencias, la desconfianza de los mercados actúa sin misericordia sobre las monedas de esos países, sobre los bancos que están allí y, sin contemplaciones, sobre todo lo que tiene que ver con el Este.

"No parece que vaya a haber un colapso general en la región, pero algunos países sí pueden entrar en quiebra: los que asumieron más riesgos en forma de deuda y déficit exterior, y los que tienen bancos más frágiles: como las hipotecas se hacían en divisas y ahora las monedas pierden valor, muchos propietarios no podrán pagar. Hungría, Letonia y Rumania pueden ser los más golpeados", vaticina Pehe.

Leandro Arias llegó a Bucarest hace poco más de un año para dirigir un proyecto de una constructora española en Rumania. "La crisis del crédito ha llegado tarde, pero una vez aquí ha hecho mucho daño", indica. "Hay crédito, pero a precios estratosféricos: hipotecas con intereses al 16%, y financiación empresarial con tipos muy elevados, varios escalones por encima del Euríbor. A eso se añade un problema político: las elecciones se celebraron hace unos meses, pero desde noviembre no se ha aprobado ni un solo proyecto de obra pública. El sector financiero sufre y la moneda está siendo atacada, pese a los esfuerzos del banco central por controlar su caída", apunta.

Rumania no es un caso aislado. Europa del Este es un concepto político difuso, pero en lo económico las cifras son parecidas: van del insuficiente al muy deficiente. El PIB de Letonia caerá este año más de un 10%. La deuda de Hungría se acerca al 100% de su riqueza. Ambos países, junto con Ucrania, tienen déficit externos muy importantes. La catarata de datos es espeluznante: las principales monedas de la región han perdido bastante terreno respecto al euro en poco más de un año.

El último episodio de volatilidad se ha producido hace pocos días, detonado por uno de los sospechosos habituales de esta crisis: las agencias de calificación crediticia. Los ataques especulativos contra las divisas se sucedieron a partir del martes, tras un informe demoledor de Moody's, que advirtió del deterioro económico de los países del Este y sus bancos, y de las consecuencias potencialmente nefastas para la banca occidental. S&P publicó un informe en los mismos términos y las especulaciones no han cesado desde entonces. La primera víctima llegó el viernes, con la dimisión en pleno del Gobierno letón.

Las graves dificultades financieras son la principal preocupación en Europa. Especialmente en Austria y Grecia, con bancos expuestos en los países más golpeados. Pero en el horizonte hay más dudas que las financieras. En los años dorados, el Este se convirtió en la fábrica de Europa: ahora las exportaciones se desploman. Las remesas de los emigrantes se hunden. La demanda interna se contrae a toda velocidad. "La recesión es inevitable y golpeará de lleno al sector financiero, pero la profundidad de la crisis dependerá de las ayudas que lleguen del FMI y sobre todo de la UE, cuyos bancos están muy expuestos y pueden ser una correa de transmisión al resto del mundo", asegura el húngaro Sandor Richter, del Instituto de Estudios de Economía Internacional de Viena.

Los países del Este han respondido rebajando tipos de interés, acercándose más a la UE y, en lo posible, gastando para paliar el frenazo del consumo. "No es suficiente. Hay una serie de países con serios apuros: Estonia, Letonia, Lituania, Hungría, Bielorrusia y Ucrania", dispara el gran gurú de la crisis, Nouriel Roubini. El comisario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, aseguró el viernes que la UE está ayudando "con todos los instrumentos que Bruselas tiene en sus manos", y reclamó que el sector privado "apoye sus propias inversiones", en clara referencia a la banca. Pero la banca no está para fiestas, y el optimismo no es una de las características de los últimos coletazos de la crisis. "Las ayudas van a llegar, seguro, pero sólo que harán menos abrupto el desplome", cierra Daniel Gros.

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Sobre la firma

Claudi Pérez
Director adjunto de EL PAÍS. Excorresponsal político y económico, exredactor jefe de política nacional, excorresponsal en Bruselas durante toda la crisis del euro y anteriormente especialista en asuntos económicos internacionales. Premio Salvador de Madariaga. Madrid, y antes Bruselas, y aún antes Barcelona.

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