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Aguirre presiona a Rajoy para que la apoye y cierre la investigación interna

González dice que no obligará a los jefes de los espías a colaborar con Cospedal

El nivel de tensión entre Génova, sede del PP, y la Puerta del Sol, sede del Gobierno de Madrid, crece cada día. El escándalo del espionaje ha profundizado la enorme división que dejó el congreso del partido el pasado junio entre estos dos sectores, marianistas y aguirristas. Sobre todo porque estos últimos no perdonan a la dirección nacional que haya abierto una investigación interna, dirigida por la secretaria general, Dolores de Cospedal, que todo el partido ha interpretado como una muestra de desconfianza hacia el equipo de Esperanza Aguirre.

La propia presidenta de la Comunidad dejó ayer muy claro su malestar y presionó sin disimulo a Mariano Rajoy para que apoye su tesis -que todo es una gran mentira de EL PAÍS y que la Comunidad nada tiene que ver en ningún espionaje- y se olvide ya de la investigación interna.

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Aguirre fue aún más tajante que de costumbre en Onda Cero. En su opinión, la investigación de Cospedal ha servido para "dar pábulo a que los periódicos digan" que Rajoy y la secretaria general "ya no confían" en la presidenta del PP de Madrid, por lo que considera que ambos "tendrán que desmentir" esa tesis que se ha instalado tanto en la prensa como en el partido.

La actuación de Rajoy ha descolocado a los aguirristas. El miércoles pasado, cuando EL PAÍS destapó el seguimiento a Manuel Cobo, mano derecha del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, el líder del PP dijo que había hablado con Aguirre, que ésta le había negado cualquier responsabilidad de su gente y que él la había creído. Pero al día siguiente, cuando EL PAÍS destapó que otros funcionarios de la Dirección General de Seguridad, dependiente de la Consejería de Interior, habían espiado a Alfredo Prada -ex consejero de Aguirre, amigo de Rajoy y ahora miembro de su equipo en Génova-, el líder cambió de tercio, promovió un comunicado durísimo que no apoyaba para nada a Aguirre y ordenó abrir una investigación interna.

La presidenta no se conformó ayer con esa carga de profundidad contra el líder. Insistió en la idea de que este escándalo, y por tanto la investigación interna que lo acompaña, "favorece al PSOE" y la perjudica a ella "en lo político" y al PP "en su conjunto". "Nuestro electorado está absolutamente desconcertado", insistió. Puesta a repartir mandobles que cualquier buen entendedor, sobre todo Rajoy, podía interpretar muy fácilmente, Aguirre tocó el punto débil del líder: su partido, dijo, tendría que estar "muy por delante" del PSOE en las encuestas de intención de voto. La alternativa de Rajoy "no consigue calar suficientemente en los ciudadanos", dijo. "Tal y como están las cosas" el PP tendría que estar mejor, en su opinión. Como receta, sólo ofrece "hacer autocrítica, ser humildes y hacerlo mejor".

Aguirre también devolvió el golpe a Manuel Fraga, el fundador del PP, que el día anterior había dicho que en su época "estas cosas no pasaban". La presidenta recordó que en toda la historia del PP sólo se ha abierto una vez una comisión de investigación y que fue precisamente "en tiempos" de Fraga, cuando estalló el caso Naseiro, un escándalo de financiación ilegal.

Mientras Aguirre presiona para buscar una tregua con Rajoy que amaine las aguas del partido y deje que sean los jueces quienes investiguen, en Génova no ofrecen ninguna información sobre la investigación de Cospedal; pero fuentes del partido descartan que se vaya a cerrar en breve, entre otras cosas porque siguen apareciendo noticias en los periódicos sobre el escándalo. Rajoy tiene muy claro, aseguran, que una vez tomada la decisión de abrirla no se puede cerrar en falso, señalan estas fuentes de Génova.

Una de las claves de la investigación de Cospedal es el interrogatorio a los jefes de los supuestos espías. Algunos de ellos pueden negarse, porque no son del PP, pero otros, como Sergio Gamón, hombre clave que aparece en los informes de los seguimientos, sí es militante.

Ignacio González, vicepresidente de la Comunidad, dejó muy claro ayer que él no piensa obligar a esos altos cargos de su Gobierno a colaborar con Cospedal. "Yo no soy su superior directo, pero en cualquier caso, aunque lo fuera, esas personas están en sus puestos por sus méritos, como miembros de la administración, y no por ser miembros del PP, con lo que no les puedo obligar a que acudan a la llamada de Cospedal. No me consta que les haya llamado, ni que se hayan negado a ir. En cualquier caso, me parece bien que les llamen, y que ellos decidan", sentenció.

De nuevo, González, como cada jueves, desgranó los acuerdos de gestión -un hospital, un trazado del metro, datos de turismo- y empezó a escuchar preguntas sin alterar la sonrisa. Todas se referían a la trama de espionaje en Madrid, a sus tormentosas relaciones con el alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón, y al dossier que circula sobre el propio González. "Esto es una mafia infame, un montaje muy molesto, ilícito y que ataca al Estado de derecho. Quiero saber qué hay detrás de ello porque soy uno de los afectados", fue su respuesta a la mayoría de las cuestiones. "Yo soy el primero que quiere saber qué demonio ha pasado aquí", insistió. Cuando se le preguntó si descarta que el dossier sobre él se haya elaborado o pagado en Génova, la sede del PP, González esquivó la pregunta sin aclarar nada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de enero de 2009