Entrevista:ADRIÁN PÉREZ DÍAZ | Cantante de CatPeople

"En España nos tiramos piedras a nosotros mismos"

Se llama Adrián Pérez Díaz, pero este vigués de 26 años prefiere identificarse como Adrián PD por eludir "los apellidos tan anodinos". En 2002 se mudó a Barcelona para estudiar dirección cinematográfica y allí conoció en clases de fotografía a su paisano Javier Ábalo. Los dos han sido chicos aplicados en las aulas, pero dejaron el celuloide para convertirse en cantante y guitarrista del quinteto CatPeople. Los videoclips se los hacen ellos mismos, "por matar el gusanillo".

Su segundo disco, What's the time Mr. Wolf?, consolida un sonido deudor del pop británico más oscuro. "Si no creyera que en este país se puede vivir como rockero indie, me levantaría de esta mesa ahora mismo", apunta PD con su cara de niño bueno, bigotito despeluchado y unas gafas de pasta que, incumpliendo los cánones del sector, no son negras. Anoche actuaban en la Casa de América con las entradas agotadas, pero el 17 de abril repiten en la sala Heineken.

"De marcha somos unos cachondos, pero la música nos sale más dramática"

Pregunta. ¿Cómo pueden ser tan atormentados cinco chavales con 25 años de edad media?

Respuesta. Cada año que cae encima ya comienza a ser una putada. Cuando salimos de marcha somos unos cachondos, unos comediantes, pero la música nos sale más dramática. No es algo premeditado. Igual influye la lluvia gallega, que te hace llevar la cabeza gacha.

P. ¿Es cierto que los segundos discos dan mucho miedo?

R. Queríamos profundizar en un estilo propio y nos ha quedado un álbum más homogéneo. Quizás el primero, Reel 1, resulte más directo y agresivo, más juvenil. Será que con los años nos estamos volviendo más sosos y amargados. Y a este paso, a los 40 me veo haciendo jazz...

P. ¿Se toman muy en serio?

R. A nosotros no, pero sí las cosas que hacemos. Le damos muchas vueltas a todo; avanzamos y retrocedemos, como en el escondite inglés. De ahí el título, que es la cantinela que ellos emplean en ese juego.

P. Como gallegos en Barcelona, ¿practican la morriña?

R. Al principio sí, y a Paco, el batería, aún no se le ha pasado. Yo echo mucho de menos la comida, porque la catalana es demasiado... minimalista. Si mi padre comiera en un restaurante barcelonés acabaría montando un pollo del carajo.

P. ¿Cómo consigue agotar las entradas un grupo minoritario?

R. Es una cosa buena de Internet y de los blogs. Antes la gente sólo estaba informada de los conciertos más populares, pero ahora va tanto público a ver a CatPeople como a un ex concursante de Operación Triunfo.

P. Si le dijeran que el suyo es un grupo pretencioso, ¿lo aceptaría como un piropo?

R. Supongo que me pondría en guardia. Es que aquí hay mucho prejuicio. Ya sabemos que el mundo del pop-rock lo dominan los ingleses, pero en España apoyamos más a un grupo desconocido de Brighton que a, por ejemplo, Love of Lesbian. Nos tiramos nosotros solitos las piedras a nosotros mismos.

P. Igual no todo el mundo se cree a los grupos españoles que cantan en inglés...

R. ¿Y qué más dará? Con que te gusten las canciones es suficiente, aunque no entiendas ni papa. ¿O es que en este país todos comprenden las canciones en inglés de la radio? Me parece irrelevante. Podríamos hacer como Sigur Rós cuando cantan en un idioma inventado.

P. En resumen: un hombre como usted, divertido de copas y trágico sobre los escenarios, ¿ejerce el optimismo?

R. Uhm, a ratos. Vaya, me ha salido una respuesta bastante gallega.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 24 de enero de 2009.

Lo más visto en...

Top 50