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Cosa de dos
Columna
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Como motos

Juan Cruz

El presidente del Gobierno tendría que haberle pedido prestada a Pablo Motos su energía para ese Plan E que ha puesto en marcha en Internet. En las imágenes de Zapatero, que la tele ha emitido desde la página web, se ve al presidente acaso cansado de la declinación habitual de la palabra crisis; y le falta en la mirada la energía que tenía cuando leía poemas y aun no estaba en el poder.

Para salir en la tele, aunque sea a través de las webs, hay que tener energía, y si no se tiene energía eso se nota, la gente te mira con desgana, la que tú le muestras. Y energía es lo que le sobra a Pablo Motos, que ha hecho en la Cuatro, con su programa El hormiguero, una extraña mezcla de magacín en una pista de baile y de experimento que parece que siempre va a fracasar y que acaba siempre con una alegría que ahora no es común en la vida. Ni en los semblantes.

Pues él la tiene. La regala, o la presta, y la gente lo agradece; la que está allí (incluidas las hormigas), y la que está en casa. Muchas veces, también, lo agradecen los invitados, aunque no entiendan nada de lo que pasa en ese plató de sonidos desorbitados. Le pasó al actor Will Smith, que llegó allí para promocionar su nueva película (Siete almas) y se enrolló con Motos como si fueran niños que de pronto se encuentran con un balón inesperado en medio de un bosque oscuro.

Le sacaron mucho rendimiento al balón. Supongo que estas cosas se ensayan; pues no parecía ensayado. No funcionaba (decían) la traducción simultánea, pero ese mal funcionamiento (imaginario) se convirtió en un gag que ya se apoderó del discurso general de la entrevista, y propició equívocos como esos que se ven en Lost in translation.

Para conseguir ese clima hace falta una voluntad que no se consigue con cualquiera; una entrevista es un tipo mirando a otro a ver cómo le sorprende. En este caso, Smith quería ser sorprendido, y el otro, Motos, quería quererle; así que ahí hubo una mirada genuina, energética, que se trasladó al patio de butacas de la tele e hizo de este encuentro de dos que no se entendían una especie de monumento surrealista del que la tele salió beneficiada. Es, pues, una cuestión de energía, a la que no le falta su pizca (ahí está el punto negro) de machismo, en el que ambos cayeron como dos hormigas.

El programa empezó con un reportaje que ponía la situación de Barajas (y de las barajas) en primer plano; volar, decían, es cada vez más difícil, y aún más raro se hace montarse en un avión para no volar. Luego vino Smith y convirtió el show en un regalo para Motos. Y para el público, que luego enchufa con la realidad y ésta le devuelve otra vez el semblante oscuro.

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