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Reportaje:Talentos

Velázquez regresa a la barra de un café

El fotógrafo Alexis W busca personajes anónimos que retrata en un bar

Retratos sin nombre que forman parte de la galería  Mi colección de vidas , de Alexis W, que se exponen en Miami y, en febrero, en el Centro de Arte Contemporáneo de Tenerife (TEA).
Retratos sin nombre que forman parte de la galería Mi colección de vidas, de Alexis W, que se exponen en Miami y, en febrero, en el Centro de Arte Contemporáneo de Tenerife (TEA).

"Me interesa la fragilidad del personaje, llegar a su punto más débil". Si hay algún rasgo común que defina los retratos de Alexis W (El Hierro, 1972) es ése, un estado melancólico, una mirada que se inclina irremediablemente a la tristeza. Pese a que, antes de retratarlos, el fotógrafo no conoce prácticamente a ninguno de sus retratados. No sabe si son felices o desgraciados. No conoce nada de sus vidas. Por eso no tienen nombre.

Su método para apresarlos se parece al del cazador: en cuanto percibe a su presa, la seduce. Dice que se le da muy bien, que caen "inmediatamente". Y acaban posando en un bar (del que es socio), en la calle Pelayo 20, de Madrid, el territorio por donde busca a sus víctimas, esa calle y aledaños, el barrio de Chueca.

"Parecen salidos de una obra pictórica de hace cuatro siglos"

"Yo estaba tomando un café y me mandó sentarme en un taburete", cuenta Dani Zúñiga, uno de sus retratados (en las imágenes, el primero de la izquierda). "Luego te enfoca y enseguida termina, más o menos en 10 minutos. No te da tiempo ni a situarte. Creo que ninguno de los que fuimos fotografiados éramos conscientes de que se iban a convertir en una galería de retratos", recuerda Zúñiga. "A uno que es mendigo seguro que pasó por ahí y le hizo entrar".

Alexis W apenas selecciona. "Todo el mundo tiene su luz, aunque hay gente que tiene pegada", precisa el fotógrafo. La luz con la que trabaja para esta galería que ha titulado Mi colección de vidas es la de la barra de ese bar (un "regalo"). Ahí donde la gente del barrio, los fijos, van a tomar café. Un lugar que sigue su curso mientras el fotógrafo trabaja, con su humo, con la gente que entra y sale y el camarero que le pide paso.

Aunque la magia de la foto se la da el ambiente espontáneo de ese café ("mi trabajo no es manierista"), admite en sus retratos un acercamiento a Velázquez, Zurbarán y los flamencos, sus maestros. "Cuando los ves, es verdad que parecen salidos de una obra pictórica de hace cuatro siglos. La conclusión es que los españoles no hemos cambiado tanto".

En siete meses que lleva retratando obsesivamente ha logrado coleccionar 397 vidas. 12 de ellas se exponen ahora en la galería Freedom Tower de Miami y luego, a partir del 10 de enero y hasta el 7 de marzo, estarán en la galería Hard Core también de Miami. Y en febrero, el Centro de Arte Contemporáneo de Tenerife (TEA) dedicará una exposición con 50 de estos retratos que más bien son "autorretratos", según su autor. También firma el proyecto La ventana indiscreta, que todos los años, durante la última semana de julio, cuelga 18 cajas de luz con imágenes dedicados a un tema en los balcones de los edificios de la calle Pelayo.

Madrid, Canarias y Berlín (la editorial alemana Konkursbuch prepara un libro con parte de su obra) son los lugares donde reside este artista que empezó con la fotografía por sí mismo. A los 18 años cogió la cámara y se fotografió desnudo. "Fue como un acto de rebeldía. Luego busqué en el territorio del sexo y lo llevé a los extremos. Y al final todo lo que andaba buscando en el desnudo lo encontré en el rostro de las personas, el sentido de la mirada". (www.alexisw.net)

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de diciembre de 2008