Crítica:TEATROCrítica
i

Zarzuela mixta

Varias clases de pescados y marisco nutren el nuevo espectáculo musical de Xavier Albertí y Lluïsa Cunillé. Es lo que tiene la zarzuela, sobre todo en manos de este fructífero tándem. Ya pasaba en El dúo de la Africana, collage escénico basado en el sainete de Manuel Fernández Caballero y Miguel Echegaray que triunfó en el Lliure el año pasado. De hecho, la receta de La corte del faraón viene a ser la misma: se toma como punto de partida una obra determinada, en este caso la popular zarzuela con letra de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios y música de Vicente Lleó basada en la historia bíblica de José en Egipto; se limpia bien y se guisa a fuego lento sazonándola con mucho condimento. A diferencia del manjar anterior, sin embargo, en éste algo falla. Será por el tiempo de cocción o puede que los ingredientes no sean de primera, la cuestión es que la salsa no acaba de trabarse y falta cohesión entre las sustancias que la componen.

LA CORTE DEL FARAÓN

De Xavier Albertí y Lluïsa Cunillé. Intérpretes: Xavier Albertí, Lurdes Barba, Jordi Collet, Montse Esteve, Roberto G. Alonso, Oriol Genís, Lina Lambert, Xavier Pujolràs. Coreografía: Roberto G. Alonso. Escenografía: Lluc Castells. Vestuario: María Araujo. Sala Muntaner. Barcelona. Hasta el 4 de enero.

La corte del faraón que nos propone La Reina de la Nit, nombre de la compañía que se inaugura con este montaje, reúne alrededor del argumento de la zarzuela original, estrenada en 1910, una serie de elementos que le son totalmente ajenos, aunque ya no sorprendan al público familiarizado con los juegos de Albertí-Cunillé. Alusiones a las recientes declaraciones de la reina Sofía sobre la familia, observaciones críticas sobre la pieza de Ibsen Hedda Gabler y coreografías de Esther Williams en Escuela de sirenas son algunos de los componentes extras de esta libérrima y atiborrada versión que, además, incorpora la idea desarrollada en el guión de la película homónima de los ochenta protagonizada por Ana Belén y Antonio Banderas, lo de "compañía de aficionados ensayando una obra", es decir, teatro dentro del teatro.

Y puede que eso sea precisamente lo que la compañía mejor plasma: la calidad amateur de la puesta en escena, por los disfraces que lucen, por la torpeza deliberada de sus acciones y las voces un tanto pobres, cuando no desafinadas, de algunos intérpretes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 30 de noviembre de 2008.

Se adhiere a los criterios de