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Crónica:FUERA DE CASA | OPINIÓN

Sin monjas, entre libres, libertinos y aforismos

Fui acompañante de Gonzalo Suárez con su libro de aforismos y desafueros. Esas armas escritas para espantar el aburrimiento. Aunque el aburrimiento sea "la única enfermedad que nos permite seguir viviendo después de muertos", según este escritor que hace cine, que dice cosas como "hay que tener valor para tener miedo". Valor y miedo como su paisano el pintor Jaime Herrero, que expone en Madrid sus recuerdos pintados. Niño que supervivió a la posguerra, entre un padre que había vuelto de Hollywood creyéndose Tom Mix y una madre que quería pueblo y tradición. Recogido y fugado de las monjas, se hizo pintor, se marchó a París, conoció la bohemia y a Juliette Grecó. Volvió a Oviedo, fue sincronizador de modernidades —Cueto lo sabe bien— y siguió con sus extravagancias anarco-carlistas. Le quedan los recuerdos pintados de tiempos libertinos y de otros monjiles.

Los católicos muy pronto dejaron de seguir a santo Tomás y, en cuestiones de dinero, se hicieron calvinistas

Y me fui a Ginebra, no bajo la cúpula de Miquel Barceló, no a esa cueva que seguirá sorprendiendo cuando el mundo sea un poco menos antiguo. Cuando salgamos de las cuevas, nos olvidemos de Franco y dejemos a las monjas en sus conventos y a los artistas en sus espacios, entonces tendremos la posibilidad de volar tan libremente como Barceló. Un hombre que vuela. "El mundo no puede ser muy antiguo, pues los hombres aún no pueden volar". No es de Suárez, es del libertino Lichtenberg, el aforista que no está en el apéndice de extravagantes que cierra Ginebra, el primer libro de Rosa Regàs, ahora oportunamente reeditado, porque era de Gotinga. Bien merecía haber estado al lado de esa galería de artistas, beatos y descreídos que poblaron la puritana, ordenada, insólita y contradictoria ciudad de Ginebra.

Nos recuerda Regàs gentes e historias ginebrinas que vienen muy bien recordar en tiempos de crisis. Voltaire, amante del dinero y experto en contrabando, dijo: "Si un banquero de Ginebra salta por la ventana, sígale, porque seguro se trata de un buen negocio".

El dinero sabe mucho de dioses, habla de tú con los dioses católicos, protestantes, judíos, musulmanes o ateos. El dinero no es Dios, pero hace cosas que ni Dios puede hacer. Y el dinero y los bancos de Ginebra tienen mucho que ver con la religión. Regàs recuerda que fue Calvino quien dijo que los préstamos con interés no eran pecado, siempre que no fuera superior al 6%. Los católicos muy pronto dejaron de seguir a santo Tomás y, en cuestiones de dinero, se hicieron calvinistas. Adelantaron por la derecha y dejaron en ridículo al calvinismo tan puritano, tan moralista.

Una semana de marcha atrás, arrepentimientos monjiles, renuncias judiciales e interferencias en el arte. Contentos los que "viendo que no le podían poner una cabeza católica, al menos le cortaron la protestante".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de noviembre de 2008