Nubarrones sobre el retiro al sol de los británicos

La caída de la libra un 20% arruina a miles de jubilados ingleses en España

Eugenia Smith, de 82 años, aún conduce su Ford Fiesta para hacer la compra y acudir dos veces por semana a la ONG cristiana The Ark, en la que su hijo David ejerce de pastor. Sin embargo, esta maestra inglesa jubilada ha tenido que reducir la frecuencia de sus viajes en coche, imprescindibles para salir de la urbanización Torreblanca de Fuengirola (Málaga), donde vive desde hace 26 años. "También voy menos a las reuniones de mi club y apenas pongo la calefacción. Menos mal que este invierno está siendo más cálido que el pasado", sonríe la señora Smith, que se ha visto atrapada por la brusca caída de la libra, divisa que ha perdido un 20% de su valor respecto al euro en un año. Como ella, miles de pensionistas británicos instalados en las costas españolas se están arruinando.

"A veces tengo la impresión de que los españoles no nos quieren aquí"
"Hemos visto a gente que ha pedido dinero para volver a Inglaterra"

"En enero cobraba 629 euros y en septiembre pasé a 558", afirma. En octubre, la moneda británica se apreció ligeramente, pero este mes la libra ha alcanzado su cotización más baja: 1,16 euros. En noviembre, Eugenia Smith percibirá apenas 521 euros, 108 menos que a principio de año. "Por suerte, tengo la casa ya pagada, pero los impuestos son cada vez más altos y siempre hay gastos inesperados, como el dentista o el oftalmólogo", señala.

A pesar de que su casa, antaño con vistas al mar, está actualmente prácticamente cercada por edificios, la construcción en la que vive la señora Smith es legal. A 300 kilómetros, en Albox (Almería), Judy Baker, de 62 años y jubilada de British Telecom -empresa que suprimirá este año 10.000 puestos de trabajo- tiene que bregar con una casa ilegal, sin electricidad ni agua corriente. "Es una pesadilla. Tengo luz seis horas al día con un generador de gasolina que me cuesta 90 euros semanales. Antes iba a Mojácar dos veces por semana, con el precio de la gasolina y la bajada de la libra ya no salgo", asegura. Uno de sus vecinos de la urbanización Alhambra ha decidido volver al Gran Bretaña.

En España habitan cerca de 800.000 residentes británicos, tanto jubilados como en activo, de los cuales están empadronados unos 357.000, según el INE. Son numerosos los que están regresando al Reino Unido por la crisis, asegura Simon Ellison, que regenta una gestoría especializada en traspasos de negocios entre británicos, generalmente de hostelería. "La inversión inicial ha pasado de unos 70.000 euros de media a apenas 30.000. Muchas son parejas con hijos pequeños que venden su casa en Inglaterra y vienen aquí con poco margen económico". Según Ellison, más del 80% de estos negocios acaba cerrando en menos de un año o incluso seis meses.

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Es el caso de Colin Falconer, ex pescador escocés de 47 años tatuado hasta las orejas, que en los próximos días cerrará el pub que abrió en noviembre de 2007. "En temporada baja sólo queda gente mayor que mira mucho por el dinero. El año pasado gastaban siete euros por cliente de media y éste año es raro que alguien pase de cinco", asegura Falconer, que nunca antes había trabajado en la hostelería. Falconer se queja de que la Policía Local de Benalmádena no trata igual a los negocios de los españoles que a los de extranjeros. "A veces tengo la impresión de que los españoles no nos quieren aquí", afirma.

El diputado laborista británico Denis MacShane alertó esta semana de que la crisis haga aflorar entre los españoles un "sentimiento anti-extranjero". "En las circunstancias actuales, no me gustaría ser rumano, no me gustaría ser extranjero; no estoy seguro ni si me gustaría ser un británico en España", dijo MacShane, según la agencia Press Association. El parlamentario recordó que "hace uno o dos años hubo quejas contra el gasto sanitario que exigen los británicos en España".

Los ciudadanos del Reino Unido, al igual que otros residentes europeos, viven generalmente en comunidades autosuficientes, de espaldas a la población española: "Si tienes que ir a un mecánico, un fontanero o un dentista, vas a un inglés, es una pérdida de oportunidad, pero es así", describe el gestor Ellison, quien casado con una española y con un castellano perfecto es una excepción.

Lo mismo que recurren a sus compatriotas para lo bueno, también los sufren para lo malo. Un falso intermediario, por supuesto británico, intentó timar a Keith, de 52 años, y su novio, Lee, de 34, a la hora de alquilar su bar. Graham Barnett, que regresa en tres semanas con su mujer y sus dos hijos tras fracasar en su "sueño de una vida mejor junto al mar", asegura: "para mí fue más fácil tratar aquí con los españoles que con mis compatriotas, que resultaron mucho más chanchulleros".

Ellison alerta de que está surgiendo un gran "mercado negro" de empresarios que se instalan sin papeles y que emplean a gente sin contrato y sin cotizaciones de la seguridad social. Y pronostica que el siguiente paso será que muchos de los británicos que compraron viviendas a precios desorbitados ya no pueden pagar la hipoteca. Se avecina una oleada de embargos: "Ya hemos visto casos de gente que hasta ha tenido que pedir dinero a amigos para poder volver a Inglaterra", asegura Ellison.

"En el último año hemos dado asistencia a muchas familias y personas solas que están pasando una mala racha", asegura el pastor de The Ark, David Smith, "la mayoría de las familias regresa a Gran Bretaña para beneficiarse del sistema de ayudas públicas. Por desgracia, otros recurren al alcohol y las drogas para escaparse de su mala situación".

Entre los que resisten, pese a todo, está Janet Archer, de 55 años. Esta ex cocinera de Blackpool, montó hace tres años un restaurante de comida inglesa frente al mar. Paga por el local, estos días medio vacío, 1.100 euros mensuales más unos 300 de electricidad. El descenso del negocio de las cenas le ha hecho abrir a mediodía para vender sandwiches de rosbif. Janet culpa en parte del bajón al aumento de las tarifas aéreas y no se plantea que un descenso mayor del negocio le obligue a cerrar. "Eso simplemente no va a pasar".

Sobre la firma

Fernando J. Pérez

Es redactor y editor en la sección de España, con especialización en tribunales. Desde 2006 trabaja en EL PAÍS, primero en la delegación de Málaga y, desde 2013, en la redacción central. Es licenciado en Traducción y en Comunicación Audiovisual, y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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