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Crónica:Quinta jornada de Liga

Al Atlético le puede la ansiedad

Luis Fabiano da la victoria al Sevilla con un gol de falta en un duelo de alta tensión

Un Atlético desfondado se estrelló en su primera cita de altos vuelos en la Liga. Lo hizo ante un Sevilla nada brillante, pero bien organizado, suficiente para estrangular a un contrincante sin dictado alguno. La forma de entender el fútbol del Sevilla, timorata y rácana, apabulló al equipo madrileño, que sucumbió a las bajas de Simão y Maniche en el centro del campo y a las malas artes que hicieron rodar a Agüero una docena de veces por la hierba. Javier Aguirre, quizás un pelín ingenuo, había anunciado que El Kun no andaba fresco. Manolo Jiménez tomó nota y dio orden de frenarle como fuera. Por lo civil o lo criminal. Lo raro fue que, pese a que la zaga andaluza repartió estopa en cuanto algún rojiblanco se asomaba al área, tan sólo Prieto y Crespo vieron la tarjeta amarilla. Y eso que se aplicaron a conciencia, con guadañas en vez de piernas. Su mensaje contagió a los futbolistas de casa, que se unieron a la bronca.

ATLÉTICO 0 - SEVILLA 1

Atlético: Coupet; Seitaridis (Pablo, m. 41; Pernía, m. 46), Perea, Ujfalusi, Antonio López; Maxi, Banega (De las Cuevas, m. 60), Raúl García, Luis García; Sinama Pongolle y Agüero. No utilizados: Leo Franco; Assunção, Keko y Camacho.

Sevilla: Palop; Crespo, Squillacci, Prieto, Fernando Navarro; Duscher, Maresca; Navas (Adriano, m. 73), Romaric, Diego Capel (Konko, m. 84); y Luis Fabiano (Kanouté, m. 68). No utilizados: Varas; Fazio, Dragutinovic y Chevantón.

Gol: 0-1. M. 20. Luis Fabiano, de libre directo.

Árbitro: Mejuto González. Amonestó a Crespo, Prieto, Seitaridis, Banega, Navas, Duscher, Luis García y Kanouté.

Unos 50.000 espectadores en el Vicente Calderón.

El equipo rojiblanco añoró a Maniche, y Banega sucumbió en el centro del campo

El conjunto de Jiménez especuló con la pelota y se entregó al contragolpe

Con el partido convertido en un cenagal, muy al gusto del Sevilla, el miedo se apoderó del Atlético, que controló el balón con escasos resultados. Banega, en su primer partido como titular, dejó algunos detalles dignos para la galería, pero terminó entregando la cuchara ahogado por la presión de Duscher y Maresca. Tanto que, nublado, dejó sus tacos de regalo en los muslos de Maresca.

Dimitido el argentino, el duelo confirmó las sospechas: hoy por hoy, al igual que en la temporada pasada, Maniche tiene demasiados galones. Sus compañeros le añoraron al frente de la nave, manejando el timón sin estridencias, abriéndolo de una banda a otra. Casual o no, anoche, Luis García y Maxi no percutieron como acostumbran las alas rojiblancas. Con los dos extremos desasistidos, el Atlético no hizo honor a su pegada. Agüero y Sinama-Pongolle se tuvieron que buscar la vida más que nunca con disparos desde el balcón del área que no le hicieron a Palop ni cosquillas.

El meta del Sevilla, que sabe que la colocación esconde la pérdida de reflejos, dejó en entredicho a Coupet, que la pifió en la única acción en que salió al escenario. Aguirre ya le ha dado carrete en dos ocasiones, ambas con nefastos resultados para sus intereses. Luis Fabiano sacó petróleo del exceso de confianza de Coupet, que dejó su palo desguarnecido a los 20 minutos, en un libre directo. La cuesta de octubre se le atragantó al Atlético en la primera situación de riesgo para regocijo de sus próximos rivales: Marsella, Barcelona, Madrid, Liverpool y Villarreal, por este orden.

Descarado al contragolpe, apalancado en lo más profundo de la cueva, con Navas y Capel corriendo lo justito la banda, especulando con la pelota, el gol del Sevilla sólo podía llegar de una forma. A balón parado. Y así llegó. No habría pasado sin la ayuda inestimable del portero francés del Atlético. Luis Fabiano, que ya le había avisado en una jugada de estrategia anulada por un fuera de juego milimétrico, se limitó a ajustar la mirilla. De nada le sirvió a Coupet volar en una estirada fotogénica, pero sin sustancia: de héroe pasó a villano. Como en Valladolid, pareció que se había untado los guantes con mantequilla. Por muchos campeonatos que haya ganado, sus errores ya le han costado dos derrotas al Atlético.

Pese al botín, el Sevilla emitió unas señales preocupantes. El espectáculo no va con él. El grupo de Manolo Jiménez no está para ferias. El conjunto hispalense no defiende bien. Se limita a acumular jugadores alrededor de Palop y a verlas venir. Suficiente para comerle la moral al que se sentía el club de moda. Sólo que anoche el Atlético no dio pie con bola. No hubo señales de su fútbol de vértigo. Ni una gota del juego de toques precisos y verticales con el que se presentó en la Liga de Campeones. Con Agüero desenchufado, Luis Fabiano acaparó los focos. Antes de irse a la ducha para dar entrada a Kanouté, se despidió del Calderón con un testarazo al larguero que pilló a Coupet de nuevo a por uvas.

La falta de autoridad del portero provocó el pánico en la defensa. Ujfalusi, hasta anoche bastante calmado, perdió su frialdad. De golpe y porrazo, el checo dejó de sacar limpio el cuero. Los pelotazos de Perea se empezaron a imponer. Luis García se obcecó en hacer la guerra por su cuenta. A Maxi le pudo la ansiedad y empezó a fallar un balón tras otro. Tan harto estaba que intentó la que posiblemente sea la chilena a menor altura de la historia. El medio argentino intentó a un par de metros de Palop un chut a 15 centímetros del suelo. Fue la mejor oportunidad del Atlético, que zozobró frente a un contrario, el Sevilla, que le metió la ansiedad en el cuerpo. Falta por saber si fue un accidente o algo más serio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de septiembre de 2008