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Necrológica:'IN MEMÓRIAM'

David Anisi, catedrático de Economía

Una semana después de las elecciones de marzo de 1996, en la sección Luz de Gas de EL PAÍS era entrevistado David Anisi (Madrid, 1949), que no hacía mucho había publicado Creadores de escasez: del bienestar al miedo. El entrevistador, Feliciano Fidalgo, le pidió que dijera a los lectores quién era: "Alguien con la fortuna de poder pensar en libertad".

La muerte de Anisi, el pasado 13 de septiembre, tras muy pocas semanas en lucha serena y lúcida contra el cáncer, ha dejado más reducido ese grupo de gente acostumbrada a decir lo que piensa, con fundamento, y a cuestionar verdades establecidas, que a veces lo son simplemente por el viento de la moda. Esta circunstancia lo convertía en personaje incómodo dentro y fuera de la academia, aunque siempre se ganó el respeto y admiración, no sólo de los amigos y colegas que añoran su lucidez, sino de los miles de alumnos que tuvieron la fortuna de disfrutarlo como profesor, primero en la Universidad Autónoma de Madrid (1973-1991) y luego en la Universidad de Salamanca.

Una reseña de urgencia sólo puede dar cuenta de su primer trabajo de 1975, publicado con José Vergara, de las revistas en las que colaboró (Investigaciones Económicas, Moneda y Crédito...), o de sus libros (Modelos económicos: una introducción a la macroeconomía postkeynesiana

Tiempo y técnicas, Trabajar con red, Jerarquía, mercado, valores

... hasta el último Cuentos económicos). En estos trabajos se puede comprobar toda su pericia académica por el análisis de temas, que en la actual crisis siguen teniendo vigencia, y su capacidad para divulgar los secretos de la economía y llegar a un público más amplio. "La actividad realizada por los economistas", decía en uno de sus últimos estudios, "como la llevada a cabo por pintores o bomberos, en mayor o menor medida y con mayor o menor fuerza e intensidad, se mueve a la búsqueda de la capacidad de ordenar, comprar y de persuadir; esto es, por el deseo de acumular autoridad, riqueza y respetabilidad". Esta cita resume su preocupación por las visiones del mundo que proporcionan los economistas y que pueden ser utilizadas para el ejercicio del poder.

David, estudiante universitario gracias a la ayuda de las becas, podía ser muy crítico con el sesgo de lo que se enseña en las facultades de Economía, pero era tremendamente exigente con la calidad y la profesionalidad que debe tener un profesor universitario; una determinada ideología no era en este caso la hoja de parra que encubría la incompetencia, al contrario.

Que fuera consciente del papel del economista no le hacía sentirse importante. "¿No teme nada cuando relee sus libros?", le preguntó Feliciano Fidalgo. "Me río mucho de lo que subrayé en el pasado y me pregunto qué tonterías estoy subrayando en el presente". Descansa en paz, David, amigo.

Ricardo Robledo es catedrático de Historia Económica de la Universidad de Salamanca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de septiembre de 2008