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Crónica:PEKÍN 2008 | Ciclismo en pista

La gloria, del tartán al velódromo

Leire Olaberria gana a los 31 años la medalla de bronce en puntuación tras pasarse del atletismo a la bicicleta

La gloria en el último sprint, el llanto de alegría en un podio olímpico al que jamás una pistard española había subido, en un deporte que Leire Olaberria ni siquiera practicaba hace cinco años. Y tiene 31. Pero la vida, a veces, da vuelcos insospechados. La de Leire Olaberria, medallista de bronce en la carrera por puntos, cambió por completo el día en que se dejó convencer por su novio, Javier Azkue, y se montó en una bicicleta en el velódromo de Anoeta.

Leire había sido atleta. Llegó a batir el récord de España de los 100 metros en categoría cadete. Tenía 16 años y en Arganda del Rey, con la selección de Euskadi, logró una marca de 11,86 segundos. Era una ferviente admiradora de Merlene Ottey, Marion Jones e Irina Privalova, pero, agobiada por los problemas que tuvo con el peso y el exceso de trabajo, dejó el deporte.

Todo cambió para la vasca el día en que su novio le convenció para montar en 'bici'

"Al principio, me asustaba luchar con 20 rivales a 60 kilómetros por hora"

"Estoy enganchada. Compitiendo es cuando más viva me siento"

"Fui perdiendo la ilusión", cuenta. Diplomada en Turismo, trabajaba en el Palacio de Hielo de San Sebastián y allí le surgió la posibilidad de enseñar a los niños a patinar al tiempo que estudiaba Magisterio. Le faltaban horas a sus días. Fue entonces cuando su novio, Javier, la llevó a Anoeta: "Lo tenía cerca de casa. Había ido alguna vez a ver los Seis Días, pero el ciclismo no me atraía en especial". Le sonó a broma que su novio le animara diciéndole que iba a competir en Pekín. Pero probó y acabó cogiéndole el gustillo.

Néstor Lejarreta, hermano de Marino Lejarreta, el hombre que estaba sentado en las gradas del velódromo de Laoshan, con una fotografía de Leire estampada en su camiseta y con una ikurriña en la mano era el mismo que hace cinco años se quedó pasmado al verla.

"Era increíble. Se había montado por primera vez en la bici y se metía en los sprints como si nada. La sometimos a unos controles. Físicamente, estaba fenomenal. Ha seguido las pautas y en carrera es muy inteligente", explica eufórico el coordinador del equipo Cespa Euskadi en el que se hizo ciclista la ex atleta de Ikaztegieta (Guipúzcoa).

La sangre fría y la paciencia fueron clave en la batalla de Leire por la medalla: 100 vueltas a la pista con diez sprints puntuables. Empezó bien, no se puso nerviosa cuando quedó relegada al quinto puesto a falta de tres sprints para el final, ganó el antepenúltimo, reguló en el penúltimo y, con una entereza física y mental extraordinaria, cruzó la meta como un meteorito en el primer puesto para totalizar los 13 puntos que le valieron el metal.

"Ha salido como habíamos planeado. Se me ha hecho muy largo. No sabía cuántas fuerzas me quedaban, pero me quedaban", decía exultante. Didac Navarro, el seleccionador, era más preciso: "Primero ha acumulado unos puntos, después ha regulado. Si entraba en los dos últimos sprints, no iba a sacar nada. Valía la pena recuperar en el penúltimo, esperar atrás y dar el máximo en el último. A veces, se obceca y se le atraganta la carrera, pero ha sabido relajarse". Leire lo corroboró: "Ha sido uno de los días en que he salido más tranquila". La noche anterior no lo estuvo tanto. Le costó conciliar el sueño. Tal vez, un buen presagio de lo que iba a depararle el día cuando tocó diana a las nueve de la mañana en la Villa Olímpica.

Lejarreta asegura que la planificación de Leire iba encaminada en principio a los próximos Juegos, los de Londres. "Pero disfruta entrenándose y ha progresado a pasos agigantados", asegura. La ciclista fue mentalizándose sobre sus posibilidades desde que logró el cuarto puesto en los últimos Mundiales: "Podía hacer algo, subir un peldaño. Ganar esta medalla es una ilusión tremenda. Crecí como atleta viendo los Juegos en el salón de mi casa. Los problemas me quitaron un poco esa ilusión y decidí dejar el atletismo. Se lo debo todo a Javier". La ex atleta reconoce que para correr en pista hay que estar un poco loco: "Al principio, me asustaba mucho luchar con 20 rivales codo con codo y a 60 kilómetros por hora. Pero me ha enganchado esa sensación de velocidad. Compitiendo es cuando más viva me siento".

En su reconversión de atleta a ciclista también ha tenido mucho que ver su entrenador, Xabier Muriel. "Sobre todo, tenía que mejorar técnicamente", cuenta Navarro; "ha trabajado mucho con él. Le faltaba dominar la carrera, rodar y colocarse bien en el grupo, no entrar en todos los sprints. También tuvo que trabajar físicamente, por supuesto, porque al principio no movía los desarrollos y ahora tiene más fuerza y potencia y acumula menos ácido láctico [el indicativo del cansancio]".

La atleta que quiso ser Merlene Ottey acabó triunfando en el velódromo. Cuando su novio, tras el éxito, la llamó para felicitarla, ella, agradecida, acertó a responder: "¡Ya te lo dije: el día 18 teníamos que pedalear los dos!". Si no fue así, lo pareció.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de agosto de 2008