Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:gente corriente | MARGARITA RITA ANTÚNEZ. INVESTIGADORA CULINARIA | el tiovivo

"HE CREADO LA SILLA DE MENTA"

Entre la polémica de grandes cocineros de esta primavera, ha surgido una tercera vía, la llamada cocina inesperada, que abandera la restauradora Marga Rita. Cuidado: no Margarita, sino Marga Rita, nombre compuesto. "Qué hartón de llorar me daba en el colegio, de pequeña, porque mi nombre es Margarita Rita Antúnez García, y las niñas me decían 'Margarita Rita, lo que se da no se quita'. Y me daba rabia. Pero al final ese nombre ha inspirado mi línea de trabajo. Es un nombre inesperado: Marga Rita. Como mi cocina. La cocina inesperada".

Pregunta. ¿En qué consiste la cocina inesperada?

Respuesta. Es un concepto.

P. Ya empezamos. Será un concepto, pero se podrá comer, ¿no?

R. Sí, sí, claro. El concepto de lo inesperado es que todo puede ser comestible. Todo lo que ve el cliente al entrar en mi restaurante puede ser comestible... o no.

P. Acláremelo, que no lo entiendo.

R. En mi restaurante no hay carta. El cliente come lo que decidimos en la cocina.

P. ¿Y pueden decidir que se coma el mantel? ¿Es eso?

R. Sí, pero en ese caso será un mantel comestible.

P. ¡Recojones!, con perdón.

R. Hemos desarrollado un sistema para lograr que los alimentos adopten la forma de objetos de un restaurante. Así, hemos creado un plato de espaguetis carbonara con forma de tenedor. También hicimos un tenedor en forma de espaguetis carbonara, y de esta manera logramos un efecto inesperado: el cliente debe comerse el tenedor, ayudándose de los espaguetis.

P. ¿Se manchará las manos?

R. ¡Sí, por supuesto! Forma parte del juego, que supone la idea de volver a comer con las manos, de la ruptura de la etiqueta, de las formas, el regreso a lo básico, comer con las manos, mezclado con la imagen futurista de zamparse un tenedor.

P. Entonces, a ver si lo entiendo, un cliente llega a su restaurante y el camarero le dice: se va a comer usted el cuadro, de segundo el jarrón y, de postre, chupe la pared.

R. Sí, ésa es una opción. La otra es que el cliente lo descubra por su cuenta. Tiene sus riesgos. En cierta ocasión, un cliente le arreó un mordisco a un sumiller. ¡Se le llevó medio dedo! ¡Y lo que costó convencerle de que no era comestible! El cliente decía: ¡Cómo que no! Si me lo estoy comiendo. Bueno. A veces se producen estos malentendidos con las vanguardias.

P. Hábleme de sus creaciones.

R. El pollo frito en forma de ordenador portátil, la crema de espárragos como fluorescente que pende del techo y la silla de menta, que si el cliente se la come, pues ya se va directo a la caja, porque no tiene dónde sentarse. Es muy inesperado. Hay muchas propuestas interesantes, y seguimos trabajando en ellas. Por ejemplo, en la copa de vino en ocasiones lo que se consume es la copa, y el vino queda flotando entre los comensales, como un aroma.

P. Dice usted "en ocasiones"...

R. Sí, en ocasiones. Hay que ir con cuidado, y asegurarse de que no es copa de cristal antes de hincar el diente. Algún petimetre lo hizo y, por no quedar mal, decía que era una experiencia novedosa.

De dinero, ni hablamos en la entrevista, pero el lector puede imaginar que, en la cocina inesperada, lo único previsible es la factura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de agosto de 2008