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Reportaje:TOUR 2008 | Decimosexta etapa

Ascensión y caída de Augustyn

El surafricano corona en cabeza La Bonette y luego rueda por un barranco

A los pies de La Lombarda, el primer puerto de ayer, casi no se ve el cielo al mirar hacia arriba. Y en lo alto, al mirar hacia abajo tras 23 kilómetros de curvas estrechísimas, uno se pregunta dónde ha desaparecido la carretera y de dónde han aparecido tantos picos alrededor. A 2.200 metros, huele a aire limpio. Pero aún queda el techo de Europa, el asfalto más elevado (2.800). Queda el col de La Bonette, con sus pendientes que quitan el hipo, su paisaje lunar, sus piedras quemadas por el sol. Por allí cruzó en solitario John Lee Augustyn, uno de los dos surafricanos del equipo Barloworld, quien en un minuto pasó del cielo al abismo.

"Quise ganar, pero...". No pudo concluir al recibir el abrazo de su director. Ese "pero" resumió su día en los Alpes. Nada más cruzar el puerto, dedicado a la Virgen del Muy Alto, se cayó por un barranco. Se le fue la bicicleta, derrapó y... pum. Primero voló su Bianchi. Después, él. Uno, dos, tres, cuatro, cinco metros hasta que consiguió parar. "Intenté ir a rueda de Popovych, que baja más rápido que nadie, pero me fui de su trayectoria. Quizá fuese el cansancio. Con tanta altitud, se me nubló la cabeza", comentó con la voz temblorosa. "Habrá sido el milagro de la Virgen. Sólo faltaba que perdiéramos a otro corredor y llegáramos a París con tres [cinco han abandonado]", dijo Giancarlo Bianchi, el mecánico que recuperó la bici. "Mírala. Está intacta. Todavía lleva puesto el ordenador", bromeó con Augustyn.

"El golpe no fue tan fuerte, pero el susto fue tremendo. Me vi en el fondo del valle"

"Intenté ir a rueda de Popovych y, quizá por el cansancio, me fui de su trayectoria"

El chico, menudito, de 22 años, se quedó asombrado con el panorama de los Alpes. "En Suráfrica también hay montañas, pero más pequeñas. Aunque existe un pico de 3.000 metros, no tiene esas vistas que te marean", contó. Mareo o algo parecido a un estado de shock es lo que vivió cuando, desaparecido el polvo que levantó, miró hacia abajo: "El golpe no fue tan fuerte, pero el susto fue tremendo. Si vuelvo a pensar en ello, me entra miedo. Me iba deslizando y, cuando miré hacia abajo, pensé que llegaría hasta el fondo del valle". Frenó la caída con las zapatillas. "Con las manos me agarré a todo lo que había por ahí. Intenté levantarme, pero no podía", prosiguió. De hecho, fue un aficionado quien bajó a por él y, manos en su trasero, le empujó desde abajo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de julio de 2008