Editorial:Editorial
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El control funciona

Los casos de dopaje descubiertos en el Tour obedecen a mejores métodos de detección

El goteo cotidiano de ciclistas que han dado positivo en los controles antidopaje del Tour de Francia es una prueba de que el dopaje es un problema no resuelto que amenaza la credibilidad del deporte en general, del ciclismo en particular y del Tour como acontecimiento deportivo de primer orden. Pero sería de cínicos generalizar y concluir que nada ha cambiado, que nadie hace nada, que todos los corredores son una banda de tramposos que se lucran poniendo en peligro su salud. Los tres casos de dopaje detectados hasta ahora en la grande boucle responden más a una mejora en los sistemas de detección, análisis y lucha contra el dopaje que a una mayor extensión de la plaga dentro del deporte de las dos ruedas.

Años atrás, los rectores del ciclismo vivían en la frustración de saber, por análisis indirectos, que la gran mayoría de corredores recurría a la EPO y otras sustancias prohibidas, y, a pesar de ello, no podían sancionarlos al fallar los métodos de detección directa. En este Tour, en cambio, se ha individualizado sólo a una docena larga -entre un total de los 180 corredores del pelotón- de ciclistas sospechosos. Este mayor éxito contra el dopaje coincide con la ruptura de los organizadores de la carrera con la Unión Ciclista Internacional, organismo que se encargaba anteriormente de los controles. La aplicación de una lógica comercial -el dopaje es malo para el negocio- da más resultado que la encomienda federativa a ideales abstractos como el respeto al espíritu del deporte, el fair play o la salud.

Dos de los tres casos detectados corresponden a ciclistas españoles, y el tercero a un italiano encuadrado en un equipo español. Este hecho ha servido para que España sea caricaturizada como paraíso del dopaje en numerosos medios. España se ha dotado desde hace casi dos años de una ley que penaliza el dopaje; pero ningún fiscal, fuerza policial o autoridad deportiva ha puesto en marcha una investigación tras un caso positivo. Contrasta este desinterés con el modelo francés, en el que la agencia antidopaje remite inmediatamente al fiscal de la región cualquier caso descubierto. Inmediatamente se pone en marcha la policía y comienzan a moverse los engranajes judiciales. Este miedo al gendarme funciona como elemento disuasorio. Cada caso positivo que aflore es una muestra más de que el sistema de lucha funciona y devuelve un poco de credibilidad al ciclismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0018, 18 de julio de 2008.

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