Entrevista:Paolo Conte | MÚSICA | Entrevista

"La música es una fábula ajena al mundo"

Paolo Conte es una leyenda, una fantasía. Su mundo es otro, su tiempo tampoco es éste. El compositor, cantante y pianista (Asti, Piamonte, 1937) vive plegado en su propio universo, un territorio irreal y mágico donde hay algunas cosas claras: la imaginación, la ironía, el placer de la música bien hecha, la soledad... "Sigo pareciéndome bastante a mí mismo, aunque me parece que ahora sueno más misterioso y hermético", cuenta casi locuaz, por teléfono desde su casa de Asti, donde vive con su mujer. "Todos mis amigos están muertos, y para estar solo en la ciudad, estoy mejor en el pueblo".

Desmintiendo esa desesperanza liviana que siempre flota en sus respuestas (breves) y sus canciones (a veces más breves todavía), Conte ha empezado a utilizar los sintetizadores, que serán la base de su nuevo disco, previsto para después del verano y con casa nueva, Universal. Quizá haya, pues, alguna sorpresa para los entregados fans de Conte, que ya deben andar tarareando sus canciones para verle en San Sebastián (el día 23) o en Madrid (el 25). Aunque, si no la hay, dará lo mismo. Siempre podrán oír los clásicos (Un gelato al limon, Questa sporca vita, Genova per noi...) de este cancionero clásico y seductor, de voz profunda y letras únicas, entre surrealistas y extrañamente narrativas, que ama "el jazz de primera hora y la música clásica de los años veinte y treinta del siglo pasado", y que se resiste a adaptarse a "la lógica suprema de las cifras que nos está esclavizando".

"Clásica y jazz de los años veinte y treinta, el momento mejor de la música. Dvorák, Falla, Ravel, Franck... Somos hijos del novecientos"

PREGUNTA. ¿Cómo va todo, maestro?

RESPUESTA. Bien, bien, dándole duro.

P. No son tiempos bonitos...

R. Y los años pasan...

P. Tampoco tanto.

R. Son ya 71, decida usted si son muchos o pocos.

P. Pues depende de cómo se mire...

R. Y de cómo se sienta uno de joven.

P. ¿Sigue componiendo? ¿La creatividad sigue ahí?

R. Sí, sí, siempre tengo los cajones llenos de cintas con ideas y medias canciones. Espero que la creatividad continúe ahí. Pero la creatividad no la juzga uno, la juzgan los otros. En septiembre saldrá el próximo disco. Ya veremos.

P. ¿Cómo es su relación con sus canciones?

R. Difícil. Al principio me exalto con el perfume de lo nuevo; luego, a fuerza de repasarlas, oírlas y grabarlas, se va perdiendo el aroma de la virginidad. Y al final, unas veces vuelve y otras no.

P. ¿Escucha mucho el disco nuevo?

R. Lamentablemente, cuando uno es compositor se escucha más a sí mismo que a los demás. Pero el disco de momento no lo quiero oír. Esperaré unos meses a ver si vuelve la sensación de virginidad.

P. ¿Así que tacha y corrige mucho?

R. Esto consiste en usar mucho la goma.

P. ¿Y sigue pareciéndose a sí mismo o ha cambiado su lenguaje?

R. Sigo pareciéndome, pero últimamente parece que compongo piezas más misteriosas, más herméticas. El lenguaje depende mucho de las canciones, de la música, porque siempre escribo primero la música, y ésa es la guía. Luego adapto la letra intentando sentir el feeling que me da la música.

P. ¿Y la música cambia? ¿No corre riesgo de autoplagio?

R. Ahora suena más sofisticada. He usado por primera vez los sintetizadores, y esa sonoridad es nueva, aunque no renuncio al saxo y al acordeón...

P. ¿Y cómo suenan los sintetizadores? ¿A música melódica callejera?

R. No, al revés, crean abstracciones, producen una música más abstracta. Melodía sigue habiendo, pero ahora es un poco más misteriosa. El teclado te da un sonido que no es real pero tiene su poesía. Neutra, pero poesía. Antes no soportaba los sintetizadores, pensaba que sólo servían para darte un fondo de violín. Pero desde hace un año o dos he comprendido que te dan un color diferente. Quizá porque ahora suenan mejor, menos falsos. O porque finalmente he entendido su poesía.

P. ¿Ha entrado la realidad en sus canciones?

R. No. La música es arte y no se debe mezclar con la realidad. Yo la realidad la vivo como hombre. La música es una fábula ajena al mundo.

P. Pero reflejará su estado de ánimo, su visión del momento político, del país...

R. Mi estado de ánimo dice que no soportamos las lógicas numéricas, que no conseguimos dominar este mundo de cifras que hemos creado. Es algo más fuerte que la política: un conjunto de cifras, economía e informática que hemos construido sin saber lo que era, y que ha condicionado a todo el mundo.

P. ¿Haciéndolo menos humano?

R. Cada vez menos humano. Es un fenómeno que ha acabado con la moralidad porque ahora hay lógicas más fuertes que la ética. Los jóvenes, por ejemplo, quieren todo sin esfuerzo, simplemente cazan lo que les interesa.

P. Dice el cineasta Mario Monicelli que la culpa fue del 68, porque despreció la cultura de solidaridad rural de los padres y abuelos e impuso un individualismo feroz.

R. Tiene razón. Han desaparecido las diferencias. Pero fue una revolución ciudadana, muy burguesa. Y España e Italia eran países muy rurales. Por fuerza algo se perdió en el camino. Pasaron las ideologías, siguen los problemas. Aquí todo el mundo piensa en su propio beneficio y no tenemos sentido de Estado, sentimiento colectivo... Vivimos atados al concepto del usar y tirar.

P. ¿Hay culpables?

R. No es culpa de nadie, es sólo una lógica más grande que nosotros de la cual somos esclavos. Se llama consumismo. Antes una chaqueta te duraba toda la vida, ahora pasamos la vida en las tiendas de ropa.

P. ¿Alguna solución?

R. La piedad es lo que nos debe guiar ahora. Y la duda. No creer que hay verdades, estar siempre preparados para dudar.

P. ¿Mejor piedad que amor?

R. El amor siempre está por ahí, antes o después. Y cambia mucho con los años. La piedad es menos egoísta.

P. ¿Dura hasta el final?

R. Eso te lo digo después de la entrevista.

P. ¿Y los amigos, duran?

R. Los más queridos los perdí. Por eso me vine a Asti.

P. Ese mundo irreal suyo, ¿lo cultiva?

R. Un poco sí, porque mantengo las canciones fuera del mundo real, con pensamientos, memorias, viajes, recuerdos, fantasías, tratando de dejar al público la libertad de hacer el viaje como prefiera. Si digo la flor es azul, otro la puede ver amarilla.

P. Si tuviera que elegir en la tradición italiana, ¿de dónde diría que viene esa forma de transportar a la gente a otro sitio?

R. Está más cerca de Fellini que de Pasolini, desde luego, pero no me siento muy identificado con la tradición italiana, me siento más ciudadano del mundo, mis gustos están más cerca de Francia, América, España. Aunque hay un gran novelista y poeta, Piero Chiara, que para mi gusto fue el mejor de todos; era realista en el contar, pero te llevaba lejos, y contaba con una filosofía que te hacía bien, no tenía maldad, como hay tanta en el arte actual.

P. ¿Nos hace falta volver a la inocencia?

R. No tanto como eso. Nos hace falta tener la capacidad de intuir. Nos falta intuición.

P. ¿Y sencillez?

P. Cuanto más cínicos somos, menos puros y menos artísticos. Es una cuestión de pureza, de primitivismo.

P. Ah, quizá por eso el flamenco triunfa tanto.

R. Debo decir que me parece una música limitada en acordes y armonías. Pero, en esa limitación, es tan perfecta que durará siempre.

P. Como Italia, pero al revés...

R. Italia siempre se defiende y se maneja. Tenemos muchos problemas, pero lo importante es el mundo. Cada uno reacciona con su estilo, con su forma de ser, pero lo importante es el mundo.

P. ¿La música nos ayudará a salir de ésta?

R. La música siempre nos ayuda. Es un regalo precioso que ha ayudado siempre, a lo largo de la historia.

P. ¿Alguna pista?

R. Clásica y jazz de los años veinte y treinta, el momento mejor de la música mundial. Dvorák, Falla, Ravel, Franck... Somos hijos del novecientos. Aquella vanguardia es lo que más me ha tocado, lo que me ha dado color, pasión e identidad. Tenemos que buscar nuestra identidad en ese pasado, no podemos olvidar que la cuna de las conquistas musicales modernas fue ese momento. Ahora no se hace música como aquella. El arte cambió entero. Ahora hay menos calor, menos sorpresa, menos virginidad.

P. No es fácil volver a la virginidad.

R. Hay que acordarse, buscársela. Un poco dentro la tenemos.

P. La infancia, entonces.

R. Alguien importante, no recuerdo quién, dijo que los artistas son niños toda la vida, y es así. La infancia es cuando mejor y de forma más salvaje absorbes el arte.

Paolo Conte actuará en el Auditorio del Kursaal de San Sebastián, dentro del programa de Jazzaldia, el próximo día 23, y en el Patio Central Conde Duque de Madrid, dentro del programa de los Veranos de la Villa, el día 25.

Paolo Conte, fotografiado en Girona el año pasado.
Paolo Conte, fotografiado en Girona el año pasado.PERE DURÁN

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 18 de julio de 2008.

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