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Reportaje:

La infanta visita a los presos

Cristina de Borbón apoya en Teixeiro un programa educativo para reclusos

Tamere llegó con 12 años de su Marruecos natal sin saber leer ni escribir, ni hablar español. Pero ahora, con 21, dos de los últimos tras las rejas de la cárcel provincial de A Coruña, en Teixeiro por tráfico de drogas, sueña con ser cocinero mientras copia, lento pero seguro, en un ordenador un texto sobre los planes de Bruselas para reducir las emisiones contaminantes. A su lado, otro compatriota con una condena de ocho años que cumplirá en 2013, Mizian, se afana en reproducir en la pantalla las letras del Let it be de The Beatles. Sonriente y atenta, le corrige una errata Tita Criado, una de los nueve jubilados del Centro de Servicios Sociales de Vilalba (Lugo) que, tras hacerse con el manejo de las nuevas tecnologías, se han lanzado a enseñarlas en la cárcel a jóvenes reclusos sin noción alguna de informática. Una iniciativa pionera que Instituciones Penitenciarias y la Obra Social La Caixa han decidido, tras el éxito cosechado en la prisión coruñesa, extender a todas las demás del territorio nacional.

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Pero, en la pequeña ciberaula del módulo Nelson Mandela, reservado a jóvenes internos con menos de año y medio de condena, había un especial nerviosismo y revuelo, no tanto por el desembarco de autoridades y periodistas, sino porque las visitas incluían la de la infanta Cristina. Era la primera vez que un miembro de la Casa Real pisaba una prisión española. Y aunque la hija del Rey acudió al evento en su condición de directora del área social de la Fundación La Caixa y ni siquiera intervino en el muy protocolario acto oficial que reunió a 90 presos en un salón, su presencia anuló cualquier otro interés entre los reclusos, funcionarios y voluntarios.

No sólo las jubiladas metidas a enseñantes de informática fueron a la peluquería en previsión de esta visita real, sino que incluso tres de las cinco presas que acudieron al salón de actos se vistieron y peinaron como para una boda. Una acudió de tiros largos, con un vestido negro salpicado de perlas blancas, destacó Margot, funcionaria de vigilancia de la prisión, que también se declaró "encantada" con que las más altas instancias se acerquen "a conocer un poco más este mundo". "Porque esto no tiene nada que ver con los mitos y las series americanas", advierte. "Sí, estamos contentos con la infanta aquí porque por lo menos cogemos un poco de ánimo", corrobora ante su ordenador Tamere.

No hay Internet, prohibido en la cárcel, pero Jaime, ferrolano de 19 años en prisión preventiva y experto navegador de la red, también se congratula de esta oportunidad de aprender a manejar programas de ordenador que desconocía totalmente. Ánimo y romper el aburrimiento que impera tras las rejas son las motivaciones mayoritarias entre los jóvenes que se benefician de este programa que no sólo pretende dar formación a los reclusos sino "mejorar su autoestima", y también la de las personas mayores, que rompen su sensación de "inutilidad social" al acudir como profesores voluntarios en la cárcel. "Se trata de convertir la prisión en una escuela de ciudadanía que ayude a construir una convivencia mejor", proclamó la secretaria de Estado de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, quien espera que la presencia de un miembro de la familia real sirva para que la infanta "conozca más de este país".

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Doña Cristina, enfundada en un traje de chaqueta y pantalón gris, sólo saludó con la mano a los presos en el salón de actos tras acceder al patio en coche. Luego, de modo más privado, se acercó hasta el aula de informática, charló con presos y se reunió con las enseñantes jubiladas. Su visita terminó con un recorrido por la escuela infantil, en la que hay cuatro hijos de reclusas. Y es que mientras la cárcel se abre a la enseñanza con talleres de música, teatro, literatura y ahora informática, aún le queda camino por recorrer en el terreno de la igualdad. Ninguna presa participa, de momento, en esas concurridas ciberaulas.

EFE

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