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Reportaje:

Huellas de Napoleón en Chamartín

Bonaparte residió 20 días de 1808 en un palacio ducal, que ahora es un colegio

El palacio de la princesa de Salm Salm alojó en 1808 a Bonaparte.
El palacio de la princesa de Salm Salm alojó en 1808 a Bonaparte.

Huellas de Napoleón Bonaparte perviven dos siglos después de su estadía-sorpresa en Madrid. Tras sufrir la afrenta del levantamiento popular contra sus tropas el 2 de mayo de 1808, el general corso decidió supervisar directamente la conquista de Madrid, para la que había allegado 150.000 hombres, según señala el profesor Virgilio Pinto, en su libro Madrid militar. Tras cruzar Somosierra el 30 de noviembre, llegó a Chamartín donde se instaló entre el 2 y el 22 de diciembre de 1808. Según el jesuita Manuel de Juan, de 96 años, Bonaparte se alojó esos días en el palacio de la princesa de Salm Salm, madre del duque del Infantado y de la duquesa de Pastrana, en Chamartín. Era entonces un villorrio con 30 vecinos, murado por una cerca mampostera que todavía se conserva parcialmente; sobre ella, una placa recuerda hoy la presencia de Bonaparte en Madrid. Los duques de Pastrana poseían allí una finca de 12 hectáreas, que llegaba hasta el ahora barrio del Pilar con dos palacios, cedidos en 1859 y 1880, a la congregación del Sagrado Corazón y a la Compañía de Jesús, respectivamente. Hoy albergan sendos colegios. De Juan precisa que Napoleón "pernoctó y se alojó en el palacio que hoy ocupa el colegio de religiosas", en el arranque de la Avenida de Burgos. "Yo conocí un árbol enorme, al que llamaban El Pino de Napoleón, bajo el que se decía que Bonaparte instaló su Estado Mayor mientras sus tropas cercaban y rendían Madrid". Fue talado en torno a 1960 "para hacer una autovía", añade. Por el pinar paseaba y combatía los dolores de estómago que le lastimaban desde la batalla de Eylau, en 1807. El pinar pertenecía al predio de Chamartín, cuyo primer propietario, Francisco de Garnica, lo muró en 1539. Al finalizar aquel siglo lo adquirió el padre de la princesa de Éboli, para pasar luego a las casas nobiliarias de Pastrana y del Infantado. La bonanza de su arbolado y su cerca de seguridad resultaron idóneas para aposentar a Napoleón, que lo confiscó a la princesa por conspirar el duque contra él.

En una exposición celebrada en 1926 en Madrid, se expuso un escritorio del antiguo palacio de Salm Salm, donde se aseguraba que Bonaparte recibió la capitulación de la ciudad a manos de Tomás de Morla y del mariscal Fernando de la Vera, ante el príncipe de Neuchâtel. Amparo Guerrero, de 84 años, de la congregación del Sagrado Corazón, dice que aquellos recuerdos se quemaron durante un incendio que devastó el colegio el 11 de mayo de 1931. Hoy tiene 1.700 alumnos y 70 profesores. Un paraje de Chamartín, que discurre en paralelo a las vías del tren, muy cerca de una central de Correos, se conoce todavía con el nombre de El campamento. Allí acamparon las tropas que escoltaban al Emperador, que visitó de incógnito el Palacio Real días antes del 22 de diciembre de 1808, en que Bonaparte y 50.000 de sus hombres partieron por el Alto del León, bajo la nieve, en dirección a la leonesa Astorga, al encuentro del general Wellington.

Madrid atesora una mascarilla mortuoria de Napoleón Bonaparte, hecha por Francis Burton y por Antón Marchi tras su fallecimiento en la isla atlántica de Santa Helena en 1821. La mascarilla se halla hoy embalada para su exhibición futura en el Alcázar de Toledo, futura sede del museo de historia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2008