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Reportaje:EUROCOPA 2008 | Falta un día

Rusia ignora su ensaladilla

Sin nutricionista ni cocinero, los jugadores de Hiddink degustan la típica comida austríaca

España siempre viaja con su cocinero. Además de una mano amiga en los fogones, la selección lleva por el mundo su arroz de Calasparra, su aceite de oliva virgen, y su jamón de bellota. En eso, los futbolistas españoles son intransigentes. No hay quién compita con ellos cuando el menú está en juego.

Rusia, su próximo rival en la Eurocopa, es diferente. Los rusos no viajan con cocinero, ni con nutricionista, ni con ensaladillas. El aparato digestivo de los euroasiáticos es cosa del seleccionador, Guus Hiddink, y del doctor Andrei Grishanov. El régimen impuesto no reviste complicaciones. Consiste en acatar el folklore regional y engullir lo que mande el alcalde de turno. Así lo hicieron ayer en Leogang, en su primer día en Austria, donde todos comieron cerdo asado y bebieron schnaps, el aguardiente vernáculo, al pie del monte Birnhorn, en el corazón de los Alpes.

Christian Kresse, el responsable de la Oficina de Turismo de la región, se frotaba las manos. Los gastos corren por cuenta de Roman Abramóvich. "Aquí no regalamos nada", decía; "nosotros ofrecemos un buen producto, y ellos tienen que pagar. No han traído cocinero. Sólo un médico que vino y nos mandó que preparásemos un poco de pasta. Por lo demás, los rusos comen lo que les ponen en el hotel: cerdo, chucrut y patatas. Pura comida austríaca".

Hiddink se pasó media hora haciendo reverencias ante el alcalde de Leogang, y hasta tuvo que empinar el codo para tragarse la dosis de aguardiente que prescribe la liturgia de las ceremonias alpinas. Dos muchachas vestidas de campesinas le ofrendaron un pan casero negro y un cuenco con sal, símbolo de buena suerte. La banda del pueblo tocó Castillo de Leuchtenburg y empezó a encadenar marchas militares para infundir a la recepción la clase de atmósfera que saben darle los austríacos a las fiestas folklóricas. Los jugadores rusos marcaron el ritmo con las cabezas. Un rumor de risas sacudió la formación cuando el técnico posó con unas bermudas alpinas de cuero, donación a cargo de la Oficina de Turismo. Por un momento, la figura de Boris Yeltsin revivió en los prados del valle de Leogang gracias al sentido teatral de Hiddink.

La comida fue copiosa y la siesta más larga de lo planeado. Hiddink retrasó media hora el entrenamiento. Sólo hubo un trote continuo, un rondo, y unos tiros a puerta bajo una lluvia persistente. Los jugadores mostraron gran espíritu y camaradería. El ambiente en la selección rusa es excelente. Las primas de Abramóvich suponen una invencible inyección de moral. Los jugadores rusos cobran el doble de primas que los españoles: si ganan la Eurocopa se embolsan 450.000 euros cada uno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2008