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Crítica:POP

Pasarela Minogue

Si el lector quiere una valoración musical de lo ocurrido anoche en el concierto de Kylie Minogue, no la va a tener. Entre otras cosas porque existen serias dudas sobre un asunto: ¿Todo lo que sonó anoche en el Palacio de los Deportes estaba siendo interpretado en ese momento? O de otra forma: se trataba del famoso playback. Desde luego, mucha de la música estaba grabada, y algunos apostaban a que parte de las voces de la estrella también.

Dicho lo cual, pasemos a la crónica social, que, eso sí, estuvo la mar de divertida. Porque asistir al primer concierto español en 20 años de carrera de la diva australiana es lo más cerca que un plebeyo puede estar de la fama. Y entiéndase fama por ese palco VIP en el que se cruzan saludos gente interesante... con otra bastante frívola e intrascendente. Entre unos y otros, el ambiente era realmente estelar, de ostentación sin paliativos, de quiero-estar-aquí-porque-es-el-día. Así, a vuela pluma, por allí estaban Boris Izaguirre, Hugo Silva, Alaska, Eugenia Martínez de Irujo, Marta Sánchez, gente de Supermodelo, David Delfín, la familia Tous (Kylie es la centelleante imagen de la firma catalana de joyas), actores de series... En fin, una auténtica colección de rostros que no te encuentras comprando el pan en tu barrio.

KYLIE MINOGUE

Palacio de los Deportes, de Madrid. De 40 a 70 euros. Martes 3 de junio. Casi lleno (unos 12.000 espectadores).

Alucinas viendo a la diva cantar (ejem) sobre una calavera plateada

Ellos, y los 12.000 espectadores, parecieron pasárselo en grande. Porque, la verdad, es complicado aburrirse en un espectáculo (dejemos lo de concierto para jornadas más ortodoxas) de Kylie. Ella, y los 12 millones de euros que cuesta el montaje, se encarga de que la cosa no flaquee disparando un arsenal de entretenidos jueguecitos: explosiones de color, vestidos lujosísimos (todos, hasta casi diez, de Jean Paul Gaultier), canciones bailables (In my arms, I should be so lucky, Can`t get you out of my head...), proyecciones impactantes, acróbatas que salen de cualquier esquina... Y cuando la diva se toma un respiro, siempre se puede mirar al graderío noble y ver cómo hacen el ridículo (perdón, bailan) algunos de los espectadores ilustres.

Lo que propone Kylie es algo que tiene mucho más que ver con una ceremonia de estas que se llevan mucho de entrega de premios televisada que con un recital de música. Te quedas alucinado viendo cómo la diva, a sus 40 años, canta (ejem) encaramada en una gigantesca calavera plateada que se levanta a unos 20 metros del suelo. O cuando sus bailarines, vestidos a lo Darth Vader, realizan saltos, volteretas y giros imposibles. Hubo un momento en el que había hasta 25 individuos sobre el escenario, cada uno haciendo una cosa distinta, y lo último que importaba era que no se escuchara la guitarra, a pesar de que el esbelto guitarrista estaba dejándose los dedos en un punteo. Eso es lo de menos. Ayer, lo importante era admirar la pasarela Minogue, e invitados VIP.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de junio de 2008