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Reportaje:PEKÍN 2008 | Faltan 74 días para los Juegos

Llaneras, el obseso

El rey del ciclismo en pista viajó cinco días a China para revisar la madera, el peralte y la climatización del velódromo

A un lado están los dos niños, el colegio, la esposa, el pan con tomate y jamón y un teorema matemático de difícil resolución: cómo pagar el viaje de toda la familia al Pekín de la inflación olímpica. Al otro lado están el grupo de entrenamiento, cenar en El Bulli, un historial de medallas con el peso del éxito y la sofrología, que mezcla técnicas de relajación orientales contra el estrés competitivo. En medio, bisagra humana que todo lo compagina, Joan Llaneras, de 39 años, padre, marido, ciclista, campeón y "obseso" autoproclamado. Llaneras quiere despedirse del ciclismo en pista con una medalla. Y por eso ya ha revisado a fondo lo que le espera en Pekín.

"Para mí, la obsesión era mirar cómo era el velódromo, la instalación, si era rápido, si no, si el aire acondicionado iba a funcionar bien o no... Detalles técnicos más que una sensación psicológica", dice el doble medallista olímpico sobre los cinco días que se pasó visitando la instalación. "Miré el tipo de madera que hay, lo seca que está, la inclinación del peralte, su forma... Todo", continúa; "espero que no pongan mucho el aire acondicionado, que dejen entrar el calor de fuera porque a mí me gusta. Espero que haga calor dentro. Me preocupa eso más que otra cosa. El velódromo es bueno, de madera, rápido. Pero yo espero que las condiciones ambientales me sean favorables, duras, de calor, porque lo duro para mí es el frío. Quiero un punto quizás excesivo para la mayoría, lo que a mí me gusta: de 30 a 35 grados".

Hace años que Llaneras dejó de creer en el factor suerte. El mallorquín prepara al milímetro su aparición en Pekín. Primero, con entrenamientos con su cuadrilla internacional de amigos, una mezcla de triatletas, pistards, amateurs y cicloturistas lanzados en manada por las carreteras de Montagut, en Girona. Luego, con días de frío y lluvia, "días malditos" de pedaladas por las carreteras de España para coger fondo. Y lo último, casi sin querer, la pista, el anillo de madera que Llaneras ha domado con su trabajo de potencia y pedalada, la cadencia por encima del sprint, siempre gruñendo, y cuanto más duro, mejor. La ecuación es simple. "Tiene el motor y la cabeza", dice Mikel Zabala, director técnico de la federación española; "su inteligencia táctica es la de un privilegiado. Y tiene el respeto de todos, lo que es un arma de doble filo. Es la referencia. Le vigilan".

"Y por eso", continúa Llaneras, "hay carreras que para mí son horribles, desesperantes. No sé qué hacer. Si cada uno hiciera lo que debe hacer, todos tendríamos nuestras opciones. Hay gente que las pierde por estar pendiente de mí. Eso es triste. En los Juegos habrá gente valiente, con ambición, que va a intentar hacer su carrera... y yo voy a tener mis opciones". ¿Habrá un antes y un después de su retirada de la pista? "No lo dudo. Si no, no me habrían copiado todo lo que he hecho".

De Llaneras se han copiado los manillares, los entrenamientos en carretera, los desarrollos largos y la búsqueda de la resistencia en vez de la velocidad de corto aliento. Hay algo, sin embargo, que es difícilmente trasladable a los rivales. Llaneras tiene esposa, dos hijos y 39 años que le dan a su mirada una perspectiva única sobre la vida del deportista de élite.

"Cuando eres más joven, tienes más tiempo, pero eres más descerebrado y lo utilizas mal", reflexiona; "cuando eres mayor, intentas gestionarlo mejor y quizás tienes mejores hábitos de vida. A mí lo que me estresa es estar mucho tiempo fuera de mi casa. Es lo más duro para mí. Echo en falta a la familia. A veces, duele. Es el mayor sacrificio que hago, aunque tengo la suerte de que me sigan muchas veces. Justo antes de los Juegos, sé que voy a estar un mes y medio concentrado en un hotel sin nada más que hacer que entrenarme y dormir. Te aíslas. Ese mes se hace largo y duro. Hay días que los maldices, pero soy un privilegiado. Disfruto".

El pistard mallorquín viaja entre 100 y 150 días al año. "Y cuando estoy en casa", musita con su voz apagada, "me suelo levantar a las 7.30. Desayuno, cuido un poco de los niños por la mañana, los llevo al colegio y, cuando los dejo, me voy a entrenarme. La hora de salida son las 9.30. Luego, depende del trabajo que tenga que hacer: tres, cuatro, cinco, seis horas... A las 17.00 me voy a buscar a los niños. Si no hay sesión doble o gimnasio, ya está. Cenar y a las 22.30 en la cama".

Llaneras, el chico que echó los dientes en la pista, el hombre que aún sufre la losa de la muerte sobre ella de su compañero Isaac Gálvez -"me ha dejado una huella muy grande"-, disfruta "de comer bien", de la perspectiva de lo que se le viene encima -"los Juegos son algo mágico"- y del estrés previo a la competición. "Si no hay ese punto de nervio, malo", señala. "Hago un poco de sofrología antes de competir para relajarme y visualizar la carrera. Es lo más extravagante que hago", cuenta. ¿Es ése el truco? ¿Es ésa la clave de su éxito, de que le imiten y persigan, de que haya ganado siete medallas mundiales? ¿Por qué es Llaneras el mejor? "Siempre lo digo", contesta; "por cabezonería".

Joan Llaneras

- Nació en Porreras (Mallorca), el 17 de mayo de 1969. Mide 1,80 metros y pesa 65 kilos.

- Se retirará tras competir en los Juegos de Pekín, su tercer cita olímpica.

- Ha sido siete veces campeón mundial, cuatro en la carrera por puntos y tres en la carrera americana o madison.

- Fue oro en la carrera por puntos de los Juegos Olímpicos de Sidney 2000. Cuatro años después, en los Atenas,

obtuvo la plata.

- Antes de salir a la pista, practica la sofrología, una técnica inspirada en las doctrinas orientales que le sirve para relajarse visualizar la carrera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de mayo de 2008

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