Reportaje:

"Hoy había que estar aquí"

Emotivo reencuentro de Luz Casal con su ciudad tras dos años de batalla contra el cáncer de mama

La cita en el Teatro Español era cualquier cosa menos rutinaria. Lo sabían bien Ángeles y Juan, una pareja que sostenía las entradas con la emoción chisporroteando en las retinas: "La queremos y temíamos que no llegara esta ocasión". O el extremeño Pablo Guerrero, maestro de cantautores, que diagnosticaba con su voz sabia, rugosa: "Hoy había que estar aquí".

No, no era un compromiso más en la hoja de ruta. Después de 39 actuaciones con la gira de Vida Tóxica a cuestas, Luz Casal regresaba a su ciudad de acogida y la platea se lo agradeció con una de esas ovaciones que encogen las entrañas. El cáncer, intruso voraz y traicionero, le ha querido complicar la existencia estos dos últimos años, pero a Luz no se la doblega tan fácil. Y allí estaba ella, hermosa, serena con su pelito aún escueto, presumiendo de sobria elegancia en negro y violeta. Estupenda de voz, cómplice con el patio de butacas.

Comenzó con Sé feliz, todo un pronunciamiento a estas alturas de la vida, y ya desde ese primer momento el público de los anfiteatros la seguía absorto, los brazos vencidos sobre la baranda. "Voy a cantar bastantes del último disco, lo siento por quien aún no lo tenga", bromeaba ella con esa soltura que sólo se adquiere tras muchos kilómetros de escenario. No fue del todo cierto, porque no faltó ninguno de los clásicos que jalonan su cuarto de siglo sobre las tablas.

Luz facturó una magnífica primera mitad en acústico, con No me importa nada, la almodovariana Piensa en mí y Un nuevo día brillará como principales inductores para la catarsis. Para la segunda parte dejó su repertorio más musculoso, ya con las guitarras de Juan Cerro y Jorge Ojea convenientemente enchufadas, Tino di Geraldo tras la batería y los especialistas en luminotecnia empleándose a fondo. Hubo risas, bailoteos y hermanamientos varios, pero nada resultó tan apoteósico como la interpretación de Besaré el suelo, con la cantante acuclillada de la emoción y el aforo completo puesto en pie. Derrochó siempre energía una mujer que ahora prepara con esmero tres conciertos benéficos para luchar contra el maldito bicho: en la plaza de toros de Málaga, el mes que viene, y dos noches en el Teatro Real, a la vuelta del verano. A la cita malacitana se sumará Lamari, de Chambao, otra mujer corajuda que sabe plantarle cara a la adversidad. Y en las madrileñas "habrá que estar", que diría el maestro. Seguro

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